Sara Larraín: Una vida resguardando el medio ambiente y sus comunidades

La directora del Programa Chile Sustentable cuenta que sus estudios de antropología la llevaron a interesarse a investigar sobre la conexión entre comunidades y medio ambiente. Sin embargo, los estudios no fueron suficientes. Sentía que podía aportar algo más. Fue el momento en donde lo dejó todo para convertirse en activista y en uno de los rostros más reconocidos de la lucha por la defensa del medio ambiente en Chile.

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En el marco de la primera versión de nuestro especial “Mujer, Industria y Medio Ambiente” se conversó con Sara Larraín, ambientalista, política, directora del Programa Chile Sustentable y con una amplia trayectoria, promoviendo el desarrollo sostenible en Chile y protegiendo su riqueza natural.

Entre los hechos más destacados de su carrera se encuentran la candidatura a la presidencia  de Chile por el partido Ecologista Verde (1999), la coordinación de la campaña energía/atmósfera de Greenpeace América Latina (1989-1993) y la del área energía del Programa Cono Sur Sustentable (2001-2006).

Además, ha participado en el diseño de varias políticas públicas alguna de ellas son la ley de cierre y abandono de faenas mineras (2010-2012), ley para protección de glaciares andinos (2014-2020) y desde el 2011 trabaja por una reforma al Código de Aguas, que busca una gestión más equitativa, ambientalmente sustentable y reestablecer el agua como un bien público, propiedad de las y los chilenos.

De académica a vulgar activista

Sara vivió hasta los siete años en una zona rural, de ahí su relación familiar con el medio ambiente. Sin embargo, su mayor vinculación y motivación para resguardar la naturaleza, nacería más adelante estudiando antropología, donde conoció de cerca las culturas indígenas en Chile.

 “Me di cuenta de que absolutamente todas las culturas están vinculadas a los territorios y en general el conocimiento del ambiente constituye parte de su cotidianeidad y de sus posibilidades de sobrevivir. Hay una coherencia enorme entre la cultura y el funcionamiento de los ecosistemas”.

No solo evidenció que el trato amigable con el medio ambiente y la subsistencia del ser humano estaban vigentes, reflejándose en la cultura de distintos pueblos originarios; sino que también había enormes problemas ambientales, principalmente debido a actividades extractivas: minería en el norte, hidroeléctricas en el sur, el avance del monocultivo, entre otras. Destruyendo no solo los ecosistemas también desplazando a las comunidades.

La directora de Chile Sustentable dice: “No era solo un problema ambiental, se destruían los ecosistemas, pero también las comunidades humanas. Al romper la relación con el territorio la convivencia entre ellos se rompía y con ello la confianza y la comunidad”.

Esta situación representó una motivación en su vida, por lo que decidió dedicarse a la academia, haciendo investigaciones para evitar la destrucción y permitir el bienestar ambiental y cultural de las comunidades, generando datos. De su experiencia como académica señala: “La verdad es que las investigaciones en el mundo académico no cambian mucho si es que los resultados de esa investigación no dan origen a un cambio en la política pública. Siempre digo, me transformé de una académica a una vulgar activista porque entendí que, si esos datos no pasaban a la política para mejorarla, o si la inteligencia de la academia no ayuda al interés público del proyecto país, no tiene mucho sentido hacer tanta academia si no puedes encarnarlo en una mejor calidad de vida para las personas, en un mejor desarrollo, en la posibilidad de restaurar o de prevenir impactos en los ecosistemas. Eso me llevó a la acción ciudadana y política”.

La ambientalista también destaca la importancia del trabajo desde el territorio, debido a la certeza y la evidencia que ahí se genera para construir políticas que ayuden a resolver sus problemas. Soluciones que no vayan orientadas a un crecimiento económico, una riqueza producida acosta de los territorios y las comunidades. Al respecto enfatiza: “En Chile es muy difícil que se puedan seguir haciendo las cosas como están, porque la gente no está dispuesta a seguir siendo víctima de decisiones que se toman en Santiago, donde se priorizan una serie de regulaciones para facilitar inversiones, con el argumento de lograr crecimiento económico para el país, sin embargo, ese crecimiento económico no les llega a los territorios”.

Mujeres a la cabeza

Por otra parte, Sara resalta la importancia y las características naturales que tienen las mujeres como líderes y comunicadoras, debido al rol tradicional que ha tenido y su capacidad multifacética:  

“Yo creo realmente que tenemos una inmensa capacidad de manejar no solamente los temas de hogar, sino temas de organizaciones sociales de interés público. Tenemos claro el interés público porque nosotras manejamos el interés público al nivel de la casa. Nunca estamos mirándonos a nosotras mismas, siempre estamos mirando un colectivo. Por eso creo que podemos ser unas tremendas políticas, líderes en donde nos pongan, pero tenemos que creernos esas capacidades y pelear por los espacios. Por eso hay que pelear por la paridad porque mientras no tengamos los espacios no vamos a poder desarrollar estas potencialidades que tenemos”.

Asimismo, agrega, “La mujer tiene la capacidad de acoger, no discriminar y finalmente en la mayoría de los casos, un trato igualitario, equitativo y justo. Respetando el ser de cada uno o entendiendo si tiene problemas. Acoge la diversidad y es capaz de trabajar con ella. Eso se ve hoy día en los roles, yo le he visto en mi oficina claramente, los niveles de flexibilidad, de cambiar y adaptarse a una cosa u otra”.

A modo de ejemplo la ambientalista hace referencia al buen manejo de la pandemia que han tenido algunas líderes como Angela Merkel, la canciller de Alemania y la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern.

“Las formas de enfrentar los problemas en términos colectivos, de conversar con todos, han dado un tremendo ejemplo de capacidad de gobernanza. Una gobernanza inclusiva, eficiente, trayendo todas las capacidades para salir en conjunto. En general la mujer no sale sola, está acostumbrada a tener y a funcionar con colaboración”, indica.

Según las cifras de casos y fallecidos por coronavirus que se manejan en The Center for Systems Science and Engineering (CSSE) de la Universidad Johns Hopkins (JHU), hasta el momento hay 11.892.382 contagiados y un total de 545.618 muertes a nivel global. Los países con más personas contagiadas y fallecidas son Estados Unidos con 3.016.515 personas confirmadas y 131.666 muertes y Brasil con 1.668.589 y 66.741 confirmados y fallecidos respectivamente.

En comparación con Nueva Zelanda donde se registran 1.537 casos positivos de Covid-19 y 22 muertes; Alemania 198. 504 casos y 9.045 decesos. Como dato adicional, otros países liderados por mujeres que han manejado bien las estrategias para enfrentar la pandemia son la primera ministra Matte Frederiksen en Dinamarca donde se registran 13.101 casos confirmados y 609 muertes; la presidenta Tsai Ing-wen en Taiwán, con solo 449 casos confirmados y 7 muertes; la primera ministra Sanna Marin en Finlandia tiene 7.265 casos y 329 muertes; entre otras.

Sara sostiene: “La mujer no solo tendrá un rol esencial en la protección del medio ambiente, la mujer tiene y va a tener el rol esencial en la construcción de una gobernanza que sea inclusiva, colaborativa, descentralizada y que verdaderamente reconozca el lugar de cada uno con el respeto y dignidad de su rol. Yo creo que las mujeres somos las únicas capaces de eso en el corto plazo. Necesitaríamos la educación de dos generaciones de hombres para que logren tener la capacidad que tiene la mujer en ese tipo de gobernanza. Hay una forma de enfrentar los desafíos que es mucho más integral, inclusiva, convocante, colaborativa y por lo tanto termina siendo más eficiente. Entonces si tú me dices cuidado de la casa común, cuidado del planeta, cuidado de la sociedad, claramente las mujeres tienen mucho mayor capacidad”.

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