Freirina: el conflicto que evidenció el problema de olores industriales en Chile

Andrea Cisternas, vocera de Freirina durante el conflicto socioambiental con la empresa Agrosuper, repasa su vida en torno a la que en su momento fue la planta de cerdos más grandes de Sudamérica. Además, hace un análisis crítico sobre la futura norma de olores en planteles porcinos.

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Desde su fundación, el 20 de octubre de 1752 bajo el gobierno del español Domingo Ortiz de Rozas, la pequeña comuna de Freirina nunca tuvo la resonancia mediática que alcanzó en el año 2012. Malos olores, una regulación débil y la indiferencia del gobierno, condujo a los ciudadanos de Freirina a visibilizar activamente su situación para defender su territorio de un vecino poderoso. Tal fue la repercusión de este conflicto que impulsó al Ministerio del Medio Ambiente (MMA) a elaborar la primera norma de olores en Chile, que actualmente está a mitad del proceso para su entrada en vigencia.

Freirina se ubica en medio del valle del río Huasco, Región de Atacama a 179 kilómetros de Copiapó. Esta localidad es parte del fenómeno del desierto florido, donde la mayor parte de la flora es endémica. En medio de este particular territorio, el 2005 la autoridad ambiental y sanitaria autorizó a la empresa Agrosuper para construir la planta faenadora de cerdos más grande de Sudamérica en ese tiempo, proyectada para alimentar a 2.5 millones de cerdos, en 70 mil hectáreas.

Luego de ocho años, Andrea Cisternas, vocera de Freirina en el conflicto con Agrosuper, comenta sobre experiencia con el plantel porcino: “Fue realmente una mala experiencia porque te quita tu dignidad. Recuerdo que en una de las tres reuniones que tuvimos con Agrosuper, un vecino dijo que él ni siquiera podía tener intimidad con su mujer porque el olor era tan nauseabundo que él no podía, y eso era indignante”.

La vida cotidiana de todas las personas que vivían el 2011 en Freirina se vio afectada por los hedores que emanaban de la empresa. “En verano teníamos que tener puertas y ventanas cerradas porque se llenaba de moscas. No podíamos hacer asados, disfrutar del río o salir al cerro porque era un olor entre muerte con feca, asqueroso. Los niños ni siquiera podían salir a recreo o hacer sus clases de educación física”, explica Cisternas.

Los olores se producían todos los días, pero con diferentes intensidades según la hora. Según Cisternas los más intensos se daban en las noches y duraban hasta las 8:00 a.m. del día siguiente. Además de ser una molestia permanente, los olores perjudicaban la salud de la comunidad. Andrea Cisternas dice que “trajo consecuencias como dolores de cabeza, estomacales, respiratorios y psicológicos. El olor asqueroso afectaba la concentración de los niños, traía alteraciones respiratorias a las personas que sufrían de asma y malestares estomacales”.

Conflicto y consecuencias en Freirina

Agrosuper invirtió aproximadamente US$400 millones en el criadero de cerdos, asegurando que poseía las mejores tecnologías para mitigar los efectos adversos en las residencias cercanas. Además, proclamaba la disminución de la cesantía y la reactivación económica de la zona. “El tema de la cesantía es siempre el lema que traen estas megaempresas cuando se quieren instalar y saquear los recursos y los bienes naturales de los territorios, vienen con esta falsa promesa del progreso”, señala Cisternas. 

Río Huasco

Respecto al desempleo, la vocera de Freirina comenta que aproximadamente solo unas 59 personas de Freirina trabajaban en Agrosuper, y como la empresa no alcanzó a funcionar un año completo, la comunidad laboralmente no fue afectada cuando cerró. Aunque sí, hubo algunas familias que se endeudaron debido a la ilusión de mayores oportunidades económicas. 

Cisternas sostiene que la peor consecuencia para la comunidad es la esperanza que producen estas empresas. “En las pequeñas comunidades no existe el mall ni grandes tiendas, entonces cuando vienen estas empresas y hablan de lo que podrías tener, ilusionan a la gente y la convencen de que tener una empresa grande, una megaminera, una mega agroindustria, un mega monocultivo es necesario para la comunidad, para salir de la pobreza, pero al fin y al cabo las empobrece”, dice la vocera de Freirina.

Las autoridades que en 2005 otorgaron al megaproyecto de Agrosuper una Resolución de Calificación Ambiental (RCA) positiva no contaban con las capacidades para monitorear o fiscalizar los problemas que surgieran de esa industria. En ese tiempo no había un Ministerio del Medio Ambiente (creado el 2010) ni tampoco una norma específica de olores. Por tanto, no había una institucionalidad sólida para fiscalizar las contaminaciones o atender los conflictos ambientales a los que estuvieran expuestos los ciudadanos. 

Antes de comenzar una protesta más activa, la comunidad de Freirina recurrió numerosas veces a la autoridad correspondiente para realizar sus denuncias, sin embargo, ninguna autoridad proporcionó respuestas claras o acciones para enfrentar el problema. “Usamos todos los protocolos, la denuncia con el alcalde, la gobernación, la seremía, el intendente, la empresa, y no hubo respuesta. Nadie daba una solución clara y con tiempos, era una burla para la comunidad.  En ese momento se decidió tomarse las calles, porque había muchas mentiras, tanto de la empresa como del gobierno”.

Exministro de Salud, Jaime Mañalich, y Andrea Cisternas en Frerina
Créditos: Andrea Cisternas.

Las primeras manifestaciones datan de diciembre del 2011. Los sucesivos cacerolazos y protestas contra Agrosuper culminaron el año 2012, con enfrentamientos entre fuerzas especiales y la comunidad. “Nosotros estuvimos bastante tiempo en movilizaciones fuertes, las últimas fueron entre noviembre y diciembre del 2012, tiempo donde estuvimos sitiados con fuerzas represivas en Freirina”, comenta Cisternas.  Finalmente, con un comunicado general explicando que las nuevas exigencias de la autoridad limitaban la viabilidad económica del proyecto, el criadero de cerdos más grande de Sudamérica cerró indefinidamente en diciembre del 2012. Sin disculpas ni lamentaciones.

Sin embargo, las preocupaciones de los vecinos no se disiparon allí.  Tras una fiscalización ciudadana a la empresa, se percataron de que las fosas destinadas a la mortandad de los chanchos no estaban cumpliendo los requisitos que se habían especificado en el proyecto. Esta negligencia podía contaminar las aguas de la napa, que consumían las comunas de Huasco y Freirina.

“Agrosuper en el proyecto decía que iba a tener fosas de hormigón para la mortandad de los chanchos, y cuando nosotros hacíamos fiscalizaciones ciudadanas, vimos las fosas y no tenían lo que ellos decían. El percolado de los chanchos muertos iba a caer directamente a las napas subterráneas, en esas napas se ubica “El Chorro”, que es donde se saca agua para Huasco y Freirina, lo cual era sumamente peligroso, y estábamos en nuestra legitima duda y derecho de denunciar dichas acciones de Agrosuper”, señala Cisternas. Aunque se pidieron estudios sobre el agua para constatar el hecho, hasta ahora nadie ha ido a estudiar la situación.

Norma de olores en planteles porcinos

A pesar de que este conflicto socioambiental generó gran cobertura y discusión en los medios de comunicación, Andrea Cisternas considera que aún hay poca conciencia sobre los problemas que generan estas empresas en la vida de las pequeñas comunidades. Al respecto comenta que “el desconocimiento sigue, como territorio sabemos lo que es tener un vecino de tal magnitud. Pero en general la gente no lo sabe, no hay mayor información sobre cómo es vivir al lado de esta mega granja y el daño que provoca”.

La primera norma que regula los olores en los planteles porcinos considera tres exigencias: la mitigación de olor por límite de emisión, reducción en algunas fuentes, principalmente en lagunas, y prácticas operacionales, donde los productores levantarán información sobre la situación de cada plantel. Al tercer año de la entrada en vigencia de la ley, comenzará la fiscalización por parte de la Superintendencia del Medio Ambiente.

Andrea Cisternas es escéptica en cuanto a la eficacia de esta norma, y comenta que, “yo creo que ninguna normativa de olores cambiará la vida de las personas y de los territorios en que están puestas estas megagranjas porcinas. Cuando dice que los mismos empresarios subirán la información de sus propias granjas eso es irrisorio y ridículo porque ellos jamás van a decir la verdad. No podemos confiar en quienes nos tienen en esas condiciones”.

Respecto a las exigencias tecnológicas para reducir los olores, Cisternas dice que, “ningún mecanismo tecnológico puede decirnos a nosotros cuál es la calidad del olor que estamos sintiendo. Eso fue también lo que pasó acá, la Universidad de Massachussets de EE.UU. hizo un estudio y pusieron narices electrónicas, porque claro, una comunidad estaba errada, no podía ser ese olor que decíamos. ¿Cómo una comunidad va a estar errada en eso? Recuerdo claramente que la seremi de salud de Atacama en ese tiempo, Lilian Sandoval, dijo que la comunidad tenía problemas psicológicos, a ese nivel”.

Créditos: Andrea Cisternas.

Freirina el 2012 se enfrentó no solo a Agrosuper, sino también, se unió al conflicto socioambiental que se vivía a nivel valle, en ese entonces contra Pascua Lama, ubicado en Alto del Carmen. Este megaproyecto minero amenazaba principalmente las reservas hídricas y ponía en riesgo la contaminación del agua y las tierras del Valle del Huasco. Tras las manifestaciones activas de la comunidad el proyecto no alcanzó a iniciar sus actividades y cerró indefinidamente el 2013. Aún continúa en juicio por daños ambientales y los vecinos siguen luchando por su cierre definitivo. La termoeléctrica Guacolda con sus cinco unidades y la planta de Pellets, de CAP Minería, continúan funcionando a pesar de los fuertes contaminantes que emiten y que mantienen al Valle del Huasco en permanentes conflictos socioambientales.

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