Una breve historia de la electromovilidad

Las crecientes demandas de una movilidad más potente y a la altura de los grandes cambios, motivaron a las brillantes mentes de la época a desarrollar nuevas tecnologías que revolucionarían la forma de transportarse para siempre. Estos nuevos automóviles eran una alternativa llamativa e innovadora. Y así como toda nueva tecnología, existían múltiples visiones con respecto a su desarrollo. La mayor disputa estaba entre el motor a combustión y el motor eléctrico. Ambos potentes y de poco volumen, perfectos para esta tarea. Sin embargo, uno de estos tenía un claro inconveniente: El transporte de la fuente de energía.

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Los primeros prototipos de coches eléctricos se les atribuye a varios inventores. En concreto, en 1828, Ányos Jedlik fue el que creó un pequeño modelo de automóvil impulsado por un motor eléctrico.

¿Cuál es la imagen que se nos viene a la cabeza cuando pensamos en autos eléctricos? Hoy en día, la gran mayoría podría pensar en un Tesla, un BMW o un magnífico Fórmula E. Autos modernos, elegantes y llamativos. Pero si nos hubiéramos hecho esa misma pregunta hace veinte años atrás, el panorama cambiaría. En ese entonces, un auto eléctrico era sinónimo de aburrido, lento e innecesario. Ya no. 

Pablo Uribe, miembro del equipo EMUAI.

Estos cuestionamientos, que surgen generalmente para las tecnologías en desarrollo, son producto de una primera impresión que quizás no se aleja mucho de la realidad. Efectivamente los autos eléctricos de hace veinte años eran poco potentes e imprácticos en comparación con su gran competidor. Pero para ser justos, la diferencia en desarrollo era abismal para la época. El automóvil a gasolina le llevaba casi un siglo de desarrollo por delante al eléctrico.  

Pero, ¿por qué en la historia del automovilismo el gran campeón fue el combustible fósil? Para responder esta pregunta tenemos que retroceder hasta el siglo XIX. El tradicional carruaje con caballos fue el principal método de transporte, siendo un actor fundamental en el desarrollo de una sociedad cada vez más industrializada y demandante. Pero esto no iba a durar mucho tiempo. Los caballos como todo ser vivo tienen un límite: no se les puede llevar más allá de lo que su capacidad física les permite.  

Las crecientes demandas de una movilidad más potente y a la altura de los grandes cambios, motivaron a las brillantes mentes de la época a desarrollar nuevas tecnologías que revolucionarían la forma de transportarse para siempre. Estos nuevos automóviles eran una alternativa llamativa e innovadora. Y así como toda nueva tecnología, existían múltiples visiones con respecto a su desarrollo. La mayor disputa estaba entre el motor a combustión y el motor eléctrico. Ambos potentes y de poco volumen, perfectos para esta tarea. Sin embargo, uno de estos tenía un claro inconveniente: El transporte de la fuente de energía. Mientras el motor a combustión solamente necesitaba transportar el combustible líquido a tanques pequeños, el eléctrico se veía limitado al momento de transportar su energía. El poco desarrollo de las baterías hizo que para fines del siglo XIX el motor a combustión fuera el claro ganador en la historia del automovilismo, siendo desarrollado y perfeccionado a lo largo de todo el siglo XX. 

Entonces ocurrió que, para fines del siglo pasado, el motor eléctrico había conquistado gran parte del mundo industrial y la electricidad ya era la nueva necesidad básica en todas las casas, mientras que el petróleo seguía dominando el mundo del transporte, expandiéndose a todos los medios, tanto terrestres como marítimos y aéreos. Pero, dentro de este nuevo mundo moderno e industrializado, vendría una nueva amenaza: Los gases que se emanan en la explotación del combustible fósil están cambiando nuestro clima, y están a punto de llevarnos a una posible catástrofe ambiental. Este amargo panorama ha llevado a distintos innovadores de cada área a buscar soluciones nuevas que nos permitan mantener nuestro nuevo mundo, sin la consecuencia de dañar irreparablemente el planeta.  

El auto eléctrico vuelve a tomar protagonismo 

Después de más de un siglo de su invención, la electromovilidad y los vehículos eléctricos se nos viene a presentar como la gran alternativa de la industria motriz, sin embargo, no es tan fácil reemplazar un siglo de desarrollo de motores a combustión. En aquella época un auto eléctrico resultaba poco atractivo, ya que no poseía mucha potencia y tenía una autonomía muy inferior al motor de combustión ya clásico. Mientras la crisis ambiental va en aumento, nuevas tecnologías para los autos eléctricos se van desarrollando día a día, transformándolos – en tan solo un par de décadas – en máquinas de alta tecnología que emanan aires de innovación y elegancia.  

Estas nuevas tecnologías llegaron para quedarse. Gracias al paso progresivo de, por ejemplo, los autos híbridos – que poseen un motor a combustión y otro eléctrico – se nos abre el camino a la electromovilidad total. Donde increíbles sistemas como las baterías en base a litio, motores eficientes, chasises cada vez más ligeros y resistentes; frenos regenerativos y paneles solares, son solo el comienzo de una futura revolución eléctrica donde la conciencia por nuestro medio ambiente está en el centro de la innovación.  

1 COMENTARIO

  1. Muy claro el paso de la historia de los vehículos! Ojalá que en un futuro próximo se vean cada vez más modelos eléctricos.

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