¿Quién quiere ser ciclista?

Frente a calles más congestionadas, inseguras y contaminadas, usar la bicicleta como modo de transporte diario es desafiante. Un desafío que no puede depender solo de la buena voluntad de las personas, sino que necesita buenas medidas de acompañamiento.

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Créditos: CEDEUS

No necesitamos otro Día Mundial de la Bicicleta para conocer la importancia de movernos más en bici. Abundan los estudios académicos, las campañas de comunicación o el ejemplo de celebridades que muestran que moverse en bici hace las personas más activas y felices, mientras disminuye la contaminación producida y se revitalizan los barrios por donde pasan más bicicletas. Aun así, es más fácil asociar el uso masivo de la bicicleta a las calles céntricas de alguna ciudad europea que a las avenidas de ciudades chilenas. ¿Podemos culpar a los chilenos por no moverse más en bicicleta? Aparentemente no, si miramos desde cerca las calles de sus ciudades.

La cantidad de automóviles que circulan en Chile ha aumentado considerablemente en los últimos años. La vuelta a la presencialidad después de la pandemia ha visto más personas dejar el transporte público por el vehículo privado, mientras que los retiros del 10% han fomentado las compras de vehículos nuevos y usados. Como resultado, el 2022 ha sido uno de los años con las más altas ventas de autos y, desde el 2010, el parque automotriz ha aumentado de un 81%. Al tener más vehículos en circulación por las calles, más difícil es redistribuir su espacio a favor de peatones y ciclistas.

Ha crecido también la inseguridad en las calles. Según la Comisión Nacional de Seguridad de Tránsito, el 2022 ha sido el año con más fallecidos por accidentes viales. Si miramos los datos en detalle, se observa que los ciclistas no son los más involucrados: respecto a los últimos años, sigue a la baja el número de personas fallecidas o lesionadas al moverse en bici. Si bien la mortalidad es más alta para los peatones, es más probable que un ciclista involucrado en un accidente resulte lesionado. Es posible entonces que el moverse en bici se asocie a una percepción de inseguridad, motivando a elegir otras formas de transporte.

La contaminación del aire se suma como factor que podría desincentivar el uso de la bicicleta. En las últimas semanas se ha declarado alerta ambiental para Santiago, mientras que Chile es el país de América Latina con más muertes atribuidas a la polución, según el South America Report of The Lancet Countdown on Health and Climate Change 2022. Realizar actividad física para moverse, como en el caso del uso de la bicicleta, puede exponer mayormente al aire contaminado que respiramos y desincentivar esta forma de transporte.

Frente a calles más congestionadas, inseguras y contaminadas, usar la bicicleta como modo de transporte diario es desafiante. Un desafío que no puede depender solo de la buena voluntad de las personas, sino que necesita buenas medidas de acompañamiento. Algunas acciones, como la nueva ley CATI para la fiscalización de infracciones de tránsito, pueden aportar a calles más seguras. Más ciclovías, aunque no se llegue a los 500 km al año de nueva infraestructura prometidos por el Gobierno actual, pueden redistribuir el espacio de las calles a favor de las bicicletas. Pero, es necesario trabajar para que la bicicleta se perciba como una alternativa de transporte segura para quienes la ocupen. De no ser así, es posible que en las ciudades chilenas cada vez menos personas respondan positivamente a la pregunta “¿Quién quiere ser ciclista?”.

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