OPINIÓN: Los pasos y retrocesos de la incineración en América Latina

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¿Qué visualizamos cuando nos hablan de residuos? ¿Una montaña maloliente de basura? ¿Un hombre o un niño hurgando en los contenedores de las veredas? ¿Una colorida bolsa plástica volando por el aire? Y lo más importante es ¿estamos conscientes de que todo eso podría cambiar, que podrían desaparecer la montaña, la situación del reciclador expuesto a esos residuos contaminados, la bolsa que irá a dar al Océano?

 

En los últimos 30 años, la generación de residuos per cápita en América Latina ha aumentado de 0,2 – 0,5 kg/día a 0,5 –1,00 kg día, mientras el porcentaje de residuos húmedos se ha reducido en forma notoria (actualmente de alrededor de un 50%), aumentando las cantidades de plásticos, aluminio, papel, cartón, cajas de empaques y materiales peligrosos.

  

Esta situación, acentuada por una rápida urbanización y migración hacia la ciudad, ha evidenciado la falta de sistemas apropiados para el manejo de los residuos sólidos municipales. Desafortunadamente, en la mayoría de los casos, la debilidad de las instituciones ambientales y de la legislación relacionada, junto con la presión de las corporaciones industriales del sector de los residuos, han propiciado una creciente promoción de la incineración en diversas ciudades y localidades del continente.

 

La incineración de residuos, promovida como tecnología “limpia”, origina nuevos problemas ambientales y sanitarios y es extremadamente cara en equipamiento, implementación y mantención. Aun más, desincentiva gravemente el desarrollo de programas de recuperación, reciclaje y compostaje, ya que requiere de gran cantidad de toneladas de estos residuos para mantenerse funcionando. Precisamente, los materiales reciclables son los más atractivos para las incineradoras por su mayor poder calorífico.

 

Hoy, corporaciones y empresas provenientes principalmente de América del Norte y Europa, muchas de ellas sin la experiencia que dicen tener, están llevando a cabo una agresiva campaña de promoción de proyectos de incineración de residuos, mediante tecnologías como gasificación y pirólisis que prácticamente no han sido probadas en el mundo. El fomento de la incineración y la política de privatización del manejo de los residuos que la acompaña, ha creado una nueva trinchera de lucha por la justicia ambiental, donde ciudadanos, organizaciones, comunidades afectadas y los más excluidos -los recicladores- han iniciado un movimiento de resistencia contra esa industria y sus estrategias para intervenir, según sus intereses, las políticas sobre manejo de los residuos en la región.

  

Amenazas y respuestas ciudadanas

 

Diversas ciudades del continente están apostando por planes de Basura Cero, algunas de ellas con exitosas estrategias de inclusión de recicladores como es el caso de Bogotá, otras con avances interesantes como es el caso de Buenos Aires, otras con enfoques específicos en manejo de orgánicos, como el caso de La Pintana en Chile y de otras diversas localidades en la región, así como países donde las políticas públicas y los aportes financieros al trabajo de los recicladores es sólido y constante, como es el caso de varios Estados de Brasil. Pero al mismo tiempo, países como el mismo Brasil, Argentina o Colombia, junto con México, Nicaragua y Costa Rica, han enfrentado en los últimos 4 años una brutal avanzada de estas tecnologías. En el caso de Costa Rica, 50 empresas de 20 países llegaron con propuestas de planes de incineración y gasificación de los residuos en alrededor de 3 años. La respuesta fue inmediata y tras una incansable batalla, la comunidad logró que el Ministerio de Ambiente aprobara una “Moratoria Nacional de las actividades de transformación térmica de residuos ordinarios sólidos” hasta que no exista certeza científica de sus consecuencias por parte de las autoridades gubernamentales competentes”. Una situación similar ocurrió recientemente en Belo Horizonte, Minas Gerais, mientras que en Nicaragua, tras una ofensiva para aprobar 12 incineradores y una reacción inmediata de diversos colectivos del país y recicladores, todo quedó pendiente hasta nuevo aviso. México es otro enorme país donde las amenazas de quema de residuos están a la orden del día, muchas de ellas ejecutándose bajo esta nueva modalidad de quema de residuos domiciliaros para combustible en cementeras, no existiendo regulaciones para fiscalizar dichos procesos.

 

Pero todavía hay mucho por hacer. El Movimiento de Catadores de Brasil lo señala con claridad en su Manifiesto contra la Incineración. En ese país existen todavía decenas de amenazas y parte importante del trabajo del Movimiento ha sido precisamente detener esa avanzada, habiéndose convertido en aliados clave para el del movimiento anti incineración de América Latina. En Argentina existen importantes aliados que han conseguido mantener a raya la avanzada de la incineración de residuos domiciliarios, aunque las amenazas son constantes. En Costa Rica la comunidad tiene el gran desafío, ya despejado el terreno de la amenaza de la incineración, de ser proactivo en la búsqueda conjunta de soluciones de Basura Cero para el país, y las autoridades están contando con eso para orientar su accionar. En el caso de México, comunidades organizadas en distintos pueblos y ciudades se han convertido en verdaderos promotores de la filosofía de Basura Cero, aportando con ideas y planes concretos a las autoridades.

 

Debemos continuar alineados en esta lucha por los derechos de las comunidades a vivir en un ambiente sano, y de los trabajadores de los residuos por mantener sus fuentes de trabajo con dignidad y transitando hacia la formalidad. Si continuamos trabajando para que las compañías incineradores no entren a nuestros países, éxitos como el de Belo Horizonte y Costa Rica se harán cada vez más contagiosos y se irán abriendo nuevas puertas para que cada día más ciudades de nuestro continente abracen una forma nueva, responsable y colectiva de abordar la gestión de los residuos.

 

 

Columna de Magdalena Donoso publicada en www.paradiario14.cl

 

 

 

 

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