Estudio identifica desafíos para el repoblamiento de algas e impulsar su acuicultura en Chile

Un análisis histórico de técnicas de repoblamiento de algas identificó las principales estrategias en el país para la recuperación de poblaciones algales, en los últimos 27 años. El estudio contó con la participación de científicas y científicos del Instituto Milenio SECOS, UNAB, UCN, UCSC, CEAMAR y UST.

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Las algas marinas son fundamentales para la salud de los ecosistemas acuáticos debido a su importancia ecológica, social y económica. Sirven como refugio, alimento y hábitat para una gran diversidad de especies que, a su vez, entregan beneficios para sostener actividades productivas y de subsistencia de cientos de comunidades de pescadores, pescadoras y recolectores de orilla alrededor de la costa nacional. Además, juegan un rol importante en la captura de carbono y la mitigación de las consecuencias de la acidificación de los océanos.

Sin embargo, en Chile la explotación y la demanda de algas rojas y pardas se ha mantenido durante las últimas décadas, impulsada por el uso industrial para la elaboración de agar, carragenatos y alginatos, donde pescadores artesanales y recolectores venden biomasa seca o húmeda desde bancos naturales a empresas comercializadoras, que por lo general exportan estas algas. Solo una pequeña parte es cultivada, principalmente la especie Gracilaria chilensis, más conocida como pelillo. 

Si bien el 97% de la producción mundial de algas se produce a través del cultivo de este recurso -y no a través de la recolección de poblaciones naturales-, en Chile la producción es al revés; se caracteriza por ser extractiva mediante la explotación de praderas naturales y la exportación de la materia prima con un bajo nivel de procesamiento y valor. De hecho, el país lidera la comercialización de biomasa de algas no cultivadas y es el principal productor de este tipo de biomasa desde 2015.

En 2016, se promulgó la Ley N° 20.925 de “Bonificación para el Repoblamiento y Cultivo de Algas”, una herramienta para fomentar un cambio en la matriz productiva del sector y un impulso para la conservación de los recursos algales. No obstante, esta herramienta hasta ahora ha sido usada casi exclusivamente para el cultivo del alga roja G. chilensis o “pelillo” y no ha tenido el impacto esperado en términos de más proyectos de repoblamiento. 

Bajo el contexto de una crisis climática y socioambiental, el desafío es dirigir los esfuerzos hacia técnicas de repoblamiento, cultivo y restauración de bosques de algas, estrategia que de acuerdo a los autores, permitiría generar estándares de individuos en un área determinada, que a largo plazo facilita el seguimiento y monitoreo por parte de la comunidad beneficiada y las autoridades administrativas. 

27 años de experimentos y técnicas de repoblamiento

Un grupo de investigadores del Instituto Milenio en Socio-Ecología Costera (SECOS), del Centro de Investigación Marina Quintay de la Universidad Andrés Bello (UNAB) y del Centro de Investigación e Innovación para el Cambio Climático (CiiCC) de la Universidad Santo Tomás (UST), entre otras instituciones, revisaron los informes científicos y de proyectos que se han centrado en la repoblación de algas rojas y pardas en Chile. Todo esto con énfasis en los desarrollos tecnológicos alcanzados, las estrategias de propagación adoptadas, y las fortalezas y limitaciones de los resultados obtenidos hasta la fecha. 

En general, la investigación publicada en la revista Frontiers in Marine Science, concluye que aún faltan técnicas de repoblamiento de poblaciones a gran escala en Chile, ya sea para fines de producción de biomasa, conservación y recuperación de las funciones de los ecosistemas de algas marinas. 

“Tal como lo hace la mayoría de los grandes productores de algas en el mundo, se podría realizar una transición al cultivo de algas y sustentar la producción de estos organismos por medio de acuicultura. Existen tecnologías de cultivo probadas en el país, a diferentes escalas, para varias especies, por lo que se puede dar ese paso hacia la producción controlada, dejando el modelo extractivista actual”, indican los investigadores. 

También señalaron que cuando se trata de resultados biológicos, cada especie tiene sus particularidades. Por ejemplo, explican que para las algas rojas la mayoría de las técnicas más efectivas de siembra de esporas o fragmentos implican replicación asexual, que si bien es de rápido crecimiento, afecta de manera negativa a la variabilidad genética de las poblaciones. Por otro lado, las algas pardas presentan resultados exitosos con trasplante o siembra de juveniles, sin embargo, declaran que esto requiere un arduo esfuerzo tecnológico y logístico.

Hacia una acuicultura sustentable de algas 

El estudio sugiere caminos para abordar las estrategias de repoblamiento, tanto en términos biológicos y ambientales, como socioecológicos y económicos. Algunas de las principales recomendaciones que plantean son evaluar el componente y diversidad genética de las poblaciones restauradas, para aumentar su adaptabilidad a los estresores ambientales; además de invertir en innovación y desarrollos tecnológicos en materiales biodegradables para minimizar contaminantes plásticos y el impacto ambiental de la actividad. 

Otro desafío que identificaron radica en el alto costo operacional y la necesidad de contar con personal calificado en algunas técnicas, por lo que recomiendan que se debería agregar valor a la biomasa algal, para que se incrementen las ganancias. 

Por último, el grupo de autores sugiere que el Estado debiese aumentar el conocimiento sobre madurez organizacional, social y las capacidades de las organizaciones de pesca artesanal; implementar sistemas de vigilancia y monitoreo; crear incentivos para los beneficios a largo plazo del repoblamiento y trabajar con las comunidades que utilizan el sistema de áreas de manejo.

Así, la información recopilada sobre el repoblamiento de algas en Chile subraya la necesidad de acelerar el aumento de la investigación sobre nuevos métodos de repoblamiento para un mayor número de especies y escalar dichos métodos en beneficio del medio ambiente y de las comunidades que dependen de estas actividades, además de reconocer la diversidad de actores sociales involucrados.

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