Tenemos que anticiparnos a los efectos del “Cisne Verde”

En economía, se suele ocupar el concepto de “Cisne Negro” como una metáfora para referirse a los eventos raros o sorpresivos que tienen un gran impacto negativo o catastrófico en la economía a nivel mundial, como por ejemplo lo que está pasando con el coronavirus Covid-19. Pero, durante este año, y gracias a que el Bank For International Settlements (BIS) (más conocido como “el banco de los bancos centrales”) ha publicado un libro llamado “El Cisne Verde”, se ha empezado a utilizar este término para referirse a una posible crisis financiera que podría aproximarse debido a los efectos del cambio climático.

En el último tiempo, los fenómenos meteorológicos extremos –como los incendios en Australia o los huracanes en El Caribe–, han aumentado en frecuencia y también en magnitud, lo que ha traído consigo grandes costos económicos y financieros. A estos costos -que se asocian a recortes en la producción y, por consiguiente, a alzas de precios o a la destrucción de centros productivos-, se les denomina “efecto cascada”, ya que otros sectores también se verán impactados con ello repercutirá enormemente tanto en el crecimiento como en la economía. En el caso de nuestro país, tenemos por ejemplo la megasequía que se vive hace más de una década y la cual no tan sólo ha impactado la vida de gran parte de la población por la falta de acceso al agua, sino que sectores como la minería o el agroexportador han sentido los contratiempos de la escasez de un recurso que antes era considerado como ilimitado.

A lo anterior, se suman otros conflictos llamados “riesgos de transición”, los cuales suelen ser altamente peligrosos, ya que ocurren cuando existe un cambio abrupto en las regulaciones para adaptarse a los nuevos escenarios, como podría haber sido (haciendo un poco de ficción) si el año 2019 en nuestro país el Plan de Retiro Voluntario de Centrales a Carbón, justamente, no hubiese sido voluntario por parte de las empresas y, en cambio, se hubiese exigido una prohibición inmediata para la generación de electricidad en base a carbón (y no tener que esperar hasta el año 2040), dado que ya llevamos varios años viviendo una transición hacia el uso de energías más limpias.

Otro de estos riesgos puede ocurrir si se produce un cambio inesperado en la percepción del mercado, lo que llevaría a que los dueños de ciertos activos financieros decidieran deshacerse de ellos de forma repentina, algo que siguiendo con el ejemplo de la descarbonización, parecía ocurrir el año 2018 con el intento de la empresa Engie de vender sus dos centrales más antiguas, ya que su sede central en Francia había decidido desinvertir en activos fósiles sucios y en nuestro país se esperaba un “ambicioso” plan de descarbonización, algo que, finalmente, y como sabemos, no ocurrió.

Si bien el concepto original hace especial énfasis en lo inesperado de uno o más eventos para los mercados, ya que se trata de un hecho improbable y para el cual no exista evidencia de que vaya a suceder, hoy los efectos del cambio climático nos dan muestras constantes de que no se trata de solo eventos puntuales, pero sí de eventos inesperados. En cambio, si existiese alguna probabilidad de conocer o predecir la ocurrencia del evento, los mercados o agentes financieros se protegerían frente al mismo. Por lo mismo, cabe preguntarse ¿por qué, como humanidad, no estamos haciendo lo suficiente para evitar los efectos del cambio climático, a pesar de todas las evidencias que tenemos?

Sin embargo, es complejo enfrentar la llegada del denominado “Cisne Verde”, ya que los modelos predictivos del pasado no parecen funcionar ante esta amenaza climática y, más aún, cuando por estos días no se habla más que de pandemia y coronavirus, lo cual solo ha demostrado que la crisis sanitaria sumada a la crisis climática, nos han tomado verdaderamente por sorpresa. Es por eso que desde Fundación Terram en este Día Mundial del Medio Ambiente, resaltamos la importancia y la urgencia que tenemos de cambiar nuestras formas de producción y consumo para reducir drásticamente las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), además de generar acciones a nivel local para adaptarnos a los efectos del cambio climático y de esa forma poder evitar grandes catástrofes para la humanidad, incluyendo las financieras, como las que traería la llegada del Cisne Verde.

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