¿Qué nos falta para cumplir nuestros acuerdos?

Para cumplir nuestros acuerdos, la innovación y los bosques, es sin duda una consigna que debe ser entendida y dirigida al encuentro y el acuerdo entre los actores relevante del sector, no olvidando a la ciudadanía, y el gobierno, para trazar las nuevas reglas de la ordenación y convivencia dentro del territorio.

Bosque Patagónico

Es una realidad que no llegaremos al año 2030, con las superficies comprometidas en el Acuerdo de París que fue firmado en diciembre del 2015 y adoptado por 195 países. Su objetivo es limitar el aumento de temperatura por debajo de los 2°C respecto a la era preindustrial, e idealmente limitar este aumento a un máximo de 1,5°C. Chile ratificó el Acuerdo de París en febrero de 2017.

 Juan Pablo Flores, jefe de Unidad Forestal del Centro de Información de Recursos Naturales (Ciren)

Seguramente aparecerá la figura de la calculadora, muy citada en el fútbol chileno, ante el apremio de los resultados, o de nuevas interpretaciones de las cifras y/o los conceptos de manejo forestal sustentable (MFS) y la reforestación vs forestación. A la fecha no superamos las 50 mil hectáreas forestadas en Chile.

Chile en 2015 en se comprometió al manejo sustentable y recuperación de 100 mil hectáreas de bosque, principalmente nativo, que representará capturas y reducción de Gases de Efecto Invernadero en alrededor de 600 mil toneladas de CO2 equivalente anuales, a partir del 2030. Además del manejo y recuperación de bosque, otro de los compromisos del país es forestar 100 mil hectáreas de suelos sin vegetación, en su mayoría con especies nativas, que representarán capturas de entre 900 mil y 1 millón 200 mil toneladas de CO2 equivalente anuales, también a partir del 2030 (CONAF 2023).

Pero este compromiso, según el escrito, está condicionado a la aprobación y/o modificaciones de la normativa legal vigente, es decir, la Ley sobre Recuperación de Bosque Nativo y Fomento Forestal con la prórroga del DL 701. Cuando aparece este número 701, para algunos significa una política pública exitosa en términos de un desarrollo productivo sectorial plausible y prominente, como también alude a la restauración de los paisajes degradados desde siglos pasados, mientras que, para otros el 701 trajo consigo el enriquecimiento de algunos junto a la pobreza ambiental y social de las cuencas mediterráneas de Chile central, transfigurado de recuperación de tierras, pero con actuales niveles altos de riesgos para la población, producto de los incendios forestales.

A casi 50 años de la promulgación del 701, desde la convergencia de las ideas y los diagnósticos de los expertos en la Mesa de la Madera, que participan los actores público-privados más relevantes del sector se hacen referencias al término de la ley de fomento o bonificación, la superficie forestada anualmente llegó a su peak el año 2005, con 73.306 hectáreas forestadas, versus el año 2022 que solo se forestaron 788 hectáreas.

Así también la superficie reforestada, disminuyó un 27%, a 66.846 hectáreas anuales, comparado con el promedio de la última década que fue de 91.128 hectáreas, sumado a esto, y producto de los incendios de enero y febrero del 2017, se quemaron cerca de 518.174 hectáreas con diferentes grados de daño en las regiones de O`Higgins, Maule y Biobío (CONAF, 2018). De la superficie afectada, cerca de 198.800 ha, corresponden a plantaciones que estaban en pie, principalmente de Pino y en menor medida de Eucaliptos (INFOR, 2018). No es viable un nuevo 701, posiblemente se abre la oportunidad a una ley corta que sostiene como modelo de desarrollo rural, la agroforestería, un concepto que involucra más que la unión de las palabras agricultura y silvicultura, como la solución a la provisión de la madera futura de Chile. Se sabe que existen adeptos y detractores confesados/as, en esta añosa propuesta, pero coinciden que requiere de más análisis y evaluaciones territoriales; ¿Dónde? ¿Cuánto? ¿Cuándo? y ¿Cómo? para ser incorporada por todos/as aquellos/as personas que disponen de un terreno con aptitud preferentemente forestal.

Volviendo a las cifras de recuperación de las masas boscosas, la Corporación CORMA fue más allá de esta meta climática, nos ilusiona en pensar que Chile puede reforestar 2 millones de hectáreas al año 2040 (no hay árbol con maldad decía mi profesor en el aula, sólo malos ingenieros/as que lo ubican en sectores no adecuados, pensando que Pinus radiata será el más solicitado para cumplir la meta) y lograr la carbono neutralidad (esta cifra de reforestación cuatriduplica las 500 mil hectáreas ofertadas por el Consejo Política Forestal). Tampoco se debe ser iluso que esa superficie será cubierta por especies nativas, por cuanto, aquella restauración ambiental a esa escala no califica viable en cualquier evaluación técnico-financiera a corto y mediano plazo.

Las cifras de terrenos forestables que cuantifica el CIREN y el Colegio de Ingenieros Forestales de Chile A.G. coinciden; existen sobre 2 millones de hectáreas con degradación susceptibles de ser forestadas y que luchan con el avance de la desertificación y los procesos erosivos del suelo (CIREN, 2020; CIFAG, 2023). Pero lejos de ser una cifra de referencia, el actual escenario ambiental-forestal tropieza con la piedra de tope de la regulación legal forestal, que no hace sintonía con la firma del Consejo Política Forestal de mediano plazo (2015-2035), en el ex-Congreso Nacional el año 2016, ni con los acuerdos internacionales de Chile, ni tampoco con las aspiraciones de la ciudadanía, en términos de que anhela la convivencia sana y sin riesgos, que ofrece año a año vivir cerca o dentro de la interfaz urbana-rural y las plantaciones forestales.

Para cumplir nuestros acuerdos, la innovación y los bosques, es sin duda una consigna que debe ser entendida y dirigida al encuentro y el acuerdo entre los actores relevante del sector, no olvidando a la ciudadanía, y el gobierno, para trazar las nuevas reglas de la ordenación y convivencia dentro del territorio. Se espera en el mundo científico, una innovación en el acuerdo territorial forestal, que incluya datos y ciencia, sin mitos ni ideologías productivistas con fines de lucro que copan decenas de cuencas hidrográficas ni obstaculistas neoambientales, sino producir alimentos del bosque y madera bajo conceptos conservacionistas de los recursos agua, suelo y vegetación, como fui educado en las aulas, hace ya 30 años, la generación de la sustentabilidad ambiental de los 90s. 

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