Fantasiosas soluciones frente al cambio climático

Hablar de carbono neutralidad al 2050 disminuye el sentido de urgencia que rodea la necesidad de reducir las emisiones AHORA; por el contrario permite quemar ahora y compensar después, favoreciendo un enfoque peligroso al confiar en la captura de GEI mediante tecnologías que aún no logran los resultados esperados.

MATORRAL XEROFÍTICO Y BOSQUE ESCLERÓFILO AFECTADO POR INCENDIO FORESTAL, PIRQUE, RM (Foto Juan Ovalle, 2017).

Uno de las últimas leyes aprobadas durante el mandato de Sebastián Piñera fue la Ley Marco de Cambio Climático, convirtiendo a Chile en el primer país de América Latina, y uno de los pioneros en el mundo, en contar con una ley que fija metas de reducción de emisiones, y que en nuestro caso establece una meta de carbono neutralidad para el año 2050.

Claudia Fuentes, directora de Fundación Ecosur.

En el último tiempo se generó un nutrido debate sobre si esta fecha era lo suficientemente ambiciosa y si valía la pena adelantarla al 2040, o incluso al 2030 tal como lo menciona el programa de Gabriel Boric. Finalmente, lo que se acordó en el Senado es que la fecha máxima de carbono neutralidad sería el 2050, pero cada cinco años estaría la posibilidad de revisar y actualizar la meta.

Todo esto en principio es una gran idea: ¿por fin tener metas vinculantes y ser un país ejemplo para el mundo? Si esto fuera en el marco de una empresa, es algo que cualquier relacionador público quisiera. Y de acá viene el problema: es que pareciera que los gobiernos hicieran relaciones públicas para hacernos creer que están haciendo algo, cuando en realidad, en buen chileno: continúan chuteando la pelota. Hablar de carbono neutralidad al 2050 disminuye el sentido de urgencia que rodea la necesidad de reducir las emisiones AHORA; por el contrario permite quemar ahora y compensar después, favoreciendo un enfoque peligroso al confiar en la captura de GEI mediante tecnologías que aún no logran los resultados esperados. Por ejemplo, en Chile, bajo el paradigma de la carbono neutralidad es que se están creando mecanismos de captura de carbono basados en el fomento de plantaciones forestales, y tal como lo ha planteado la experta Fernanda Salinas, sería una tragedia que una ley que busca mitigar y adaptarnos a los efectos del cambio climático, utilice financiamiento para profundizar los impactos socioambientales, riesgos y amenazas de la industria forestal.

En esta misma línea, hace un tiempo apareció una interesante columna de científicos que habían trabajado en la redacción de informes del IPCC, que cuestionaban el concepto de carbono neutralidad considerándolo atractivo pero inviable, y, por ende, una peligrosa trampa, pues para no sobrepasar la temperatura planetaria de 1.5°C las ventanas de acción son breves y la realidad es que nos encontramos en los últimos años para reducir nuestras emisiones antes de un punto de no retorno. Ello se refuerza cuando vemos que la iniciativa Carbon Tracker que se dedicar a monitorear los avances de Acuerdo de París y el cumplimiento de las NDC, vemos que con una probabilidad de 50%, al mundo le queda por emitir aproximadamente 500GtCO2 (desde el 2020), y como anualmente el mundo emite aproximadamente 50GtCO2, el peak de emisiones debe alcanzarse a más tardar el año 2030.

Los científicos de la columna mencionada anteriormente, presentan el caso hipotético de que si hubiéramos actuado en la década de los 90’s habríamos podido descarbonizar nuestras sociedades a un ritmo de alrededor del 2% anual para darnos una oportunidad de dos de cada tres de limitar el calentamiento a no más de 1,5 °C. Sin duda era un gran desafío, pero nada en comparación con el desafío que tenemos de comenzar a realizarlo recién hoy, incorporando soluciones y técnicas cada vez más sofisticadas de secuestro de carbono, captura, almacenamiento de carbono, restauración de la tierra y forestación. Nuevamente, en el marco del tan ansiado aporte a la carbono neutralidad, en el caso de Chile se proponen soluciones grandilocuentes como contar con una capacidad de electrólisis de 25 GW solo para la generación de hidrógeno verde, cuando hoy en día en todo chile la capacidad eléctrica instalada es de casi 26 GW, lo que hace parecer bastante inverosímil y avasallador con el uso de suelo esta meta de la instalación de esta nueva industria carbono neutral.

Y no es que se quiera quitar mérito al hecho de que contemos con una Ley de Cambio Climático que probablemente proporcionará instrumentos de gestión para incorporar esta temática en las políticas públicas; pero sí hay que considerar el hecho de que la meta de carbono neutralidad al 2050 con miras de no sobrepasar el 1,5°C, no sea más que la fantasía con que nos seguimos engañando para no caer en cuenta de la catástrofe ambiental que se nos avecina y con ello tampoco hacernos cargo de las injusticas socioambientales que son causa y efecto del cambio climático.

Autores como Swingedow y Zizek dirían que este fenómeno no es más que un gesto performativo que convierte la catástrofe climática -y la urgencia de transformaciones sociales radicales- en una crisis que puede ser manejada con tecnocracia. Así, el cambio climático queda circunscrito al estudio y gestión del CO2eq, un concepto vago, ambiguo y universal que trae como consecuencia que la lucha climática se vacíe de contenido y que se invisibilicen las tensiones e injusticias sociales propias de las formas de vida y producción que son el verdadero origen del cambio climático. Todo lo anterior trae como consecuencia que a pesar de llevar más de 25 años reuniendo a los mejores científicos e intentando establecer relaciones diplomáticas frente al tema, aun las emisiones de GEI sigan subiendo..

La pregunta que nos queda es cómo salimos de esta retórica performativa y somos capaces de proponer medidas de mitigación y adaptación al cambio climático concretas en el corto plazo y de impacto a escala local, por ejemplo la protección de los glaciares, los humedales y la biodiversidad, la prohibición de instalación de salmoneras en parques nacionales, la regulación de las plantaciones forestales en el SEIA y posiciones políticas más firmes en contra de proyectos destructivos. Lo anterior es muy necesario, y por cierto que se presenta como una oportunidad para el gobierno de Boric que busca perfilarse como el primer gobierno ecológico de Chile.

1 COMENTARIO

  1. El idea de un Mercado de carbono compensación (carbon offset o créditos de carbono) apunta a que estos activos que básicamente son inversiones en proyectos de reducción y captura de CO2 para generar bonos de carbono (carbon offset o créditos de carbono) por un lado hace un incentivo a que las empresas busquen modernizar su operación para reducir el CO2 o generar proyectos verdes de captura de CO2, y así vender ese “aporte” que generan al planeta, y por otra parte que el valor de estos activos
    en el tiempo sea tan altos, que las empresas que sean reticentes a cambiar su forma de operación, se vean obligadas a invertir en modernizar sustentablemente su operación. Una empresa para ser carbono neutro, como por ejemplo, una empresa de transporte terrestre, nunca va llegar a cero ya que tiene elementos que no pueden reducir el CO2 (ejemplo: neumáticos) por lo que aunque se modernice en un 100%, siempre tendrá que buscar compensar el margen que le queda para ser carbono neutro. Pero para esto, los países deben tener una normativa y control riguroso, como lo ha mostrado UK que ha bajado sus emisiones más que cualquier otro país aplicando la normativa rigurosamente y teniendo un mercado de créditos de carbono controlado. Hay muchos países que no han regulado estas normativas y son las empresas, por conveniencia de ser mejor evaluadas y valoradas, o simplemente por responsabilidad sustentable, que han tomado iniciativas con bonos de carbono voluntarios o carbon offset, que son igual o incluso mejor que los créditos de carbono. El gran problema se crea más, en la eficiencia y certeza del registro de huella de carbono, más que en la compensación. Recordemos que para hacer un buen trabajo en la disminución de emisión de CO2e, primero es registrar, después mitigar y en última línea compensar. La tecnología de hoy, permite tener un registro de huella cada vez más eficiente y transparente, pero la obligación, la debe normar el país.

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