Pérdida y desperdicio de alimentos: importancia y desafíos

Cada kilógramo de alimento desperdiciado implica la perdida de los recursos utilizados para su producción y genera emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), que contribuyen al cambio climático.

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El Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos se celebra cada 29 de septiembre con el propósito de concientizar al mundo sobre el desperdicio de millones de toneladas de alimentos que se producen día a día. Datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), estiman que a nivel global se desperdician aproximadamente el 17% de la producción total de alimentos, siendo en América Latina desperdiciados el 55% de las frutas y hortalizas producidas y un total de 127 millones de toneladas de alimentos al año.

Cada kilógramo de alimento desperdiciado implica la perdida de los recursos utilizados para su producción y genera emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), que contribuyen al cambio climático. Se estima que el agua utilizada para producir a nivel mundial estos alimentos podrían satisfacer las necesidades hídricas de toda la población de Latinoamérica y el Caribe durante 11 años, considerando además que se podría evitar la generación de 3.300 millones de toneladas de CO2 equivalente (FAO, 2016).

A nueve años de cumplirse el plazo propuesto por Naciones Unidas en sus objetivos de desarrollo sostenible, entre ellos el número 12 sobre Producción y Consumo Responsable, se hace cada vez más necesario que nuestros sistemas de producción alimenticia sean eficientes, eficaces y sostenibles, adoptando innovadoras estrategias y medidas para gestionar de manera adecuada la calidad de los alimentos, y conseguir finalmente reducir su pérdida y desperdicios.

Entre las medidas que se pueden adoptar en nuestra cadena productiva, podemos potenciar modelos de producción agrícola en base a compromisos de volúmenes de compra, considerando los diversos calibres y formas de los productos cosechados. Por otra parte, generar valor agregado a los productos, dándole otro uso a aquellos que no califican dentro de las primeras calidades de producción, lo que también permite nuevas opciones de consumo a los clientes. Mejorar los procesos de transporte y postcosecha de alimentos es un factor clave para aumentar su vida útil, y para esto la incorporación de tecnología y profesionales competentes es trascendental. Por último, replicar y potenciar nuevos modelos de negocios que se encarguen de darle un segundo uso a aquellos alimentos descartados por la industria. Un ejemplos de esto último, es Red de Alimentos Chile, quienes seleccionan y recuperan alimentos en perfectas condiciones para ser consumidos y aprovechados entregándoles una segunda vida útil.

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