Zonas forestales fueron las más afectadas por incendios durante el verano

Investigación realizada por el Laboratorio de Ecología de Paisaje UdeC, concluyó que, desde el 1 de enero al 27 de febrero de este año, grandes extensiones de territorio con presencia de monocultivos forestales, fueron los más consumidos por el fuego en las regiones de Ñuble, Biobío y La Araucanía.

Créditos: Agencia Gradual.

Los constantes incendios del verano de 2023 que perjudicaban desde Chillán a La Araucanía, llevan sin aparecer varios días. El humo se disipó, los combatientes extranjeros regresaron a sus países y el Ten Tanker voló a nuevos horizontes. Sin embargo, las consecuencias de los incendios siguen allí, siendo hoy una mancha destructiva de lo que a principios de febrero se llevó todo por delante.

Según estudios realizados por el Laboratorio de Ecología de Paisaje de la Universidad de Concepción (Lep UdeC), fueron más de 305.869 hectáreas las afectadas por los incendios en las regiones de Ñuble, Biobío y La Araucanía, de las cuales 200.824 corresponden a zonas de plantaciones de pinos y eucaliptus destinados a la industria forestal.

Para este análisis, se utilizaron las imágenes del satélite Sentinel, en conjunto de distintas variables, para obtener mapas reveladores de los territorios quemados en las comunas de Tomé, Santa Juana y Nacimiento, sólo por nombrar algunas de las más afectadas.

Variables

En diciembre de 2022, el Lep UdeC realizó una investigación que concluyó en Penco, Tomé, Concepción, Santa Juana y Hualqui como las comunas más proclives a la ocurrencia de incendios forestales. Esta vez, las imágenes satelitales, con una resolución de 10 metros, se utilizaron para determinar los grados y severidad de los siniestros, que resultaron en números desoladores: en Ñuble se quemaron 49.644 hectáreas, en Biobío 147.691, y más de 94.461 en La Araucanía

El que sigue, es un ranking con las tres comunas más afectadas en cuanto a superficie: Santa Juana tiene 42.858,97 hectáreas siniestradas, lo que equivale al 55,14% de su superficie comunal. Le sigue Nacimiento, con 32.037,98 hectáreas, que es igual al 35,14% de la comuna; y luego Tomé, con 18.500,36 hectáreas, correspondientes al 37,34 % de su área.

La severidad está presente en otro de los lados del diagnóstico. “Con esta variable evaluamos el daño en la vegetación producto de los incendios forestales. Este índice es calculado a partir del uso de imágenes satelitales inmediatamente antes y posterior al paso del incendio forestal. La diferencia entre la energía que refleja la vegetación antes y después del incendio, permite evaluar los niveles de severidad en la cual fue afectada”, señala Rodrigo Fuentes Robles, investigador del Lep UdeC.

Un ejemplo de esta situación se ve desde Santa Juana a Nacimiento, donde extensos sectores no se salvaron del fuego, excepto una que otra vivienda, en las cuales sus moradores tuvieron que dar una dura batalla a quemarropa contra las llamas. “En términos simples, una severidad alta a muy alta representa una cobertura (follajes, ramas y troncos) completamente calcinados. Por el contrario, una severidad baja a intermedia mostrará solamente afectación en el follaje de los árboles o arbustos afectados por el fuego”, agrega el investigador.

Conclusiones

A nivel regional, el Biobío presenta 116.145 hectáreas quemadas con plantación para fines industriales, de un total de 154 mil; La Araucanía tiene 52.014,42 y Ñuble, 32.664,69. En cuanto a bosque nativo afectado por los incendios, los números son diferentes; en el Biobío se calcinaron 7.934 hectáreas, en La Araucanía 5.236 y en Ñuble 1.440 hectáreas.

Las cifras revelan un denominador común en extensos paisajes, advierte el académico y director del Lep UdeC, dr. Cristian Echeverría Leal: “Actualmente, en el centro y sur de Chile existen vastas áreas de plantaciones forestales con especies exóticas que incluso llegan a formar unidades continuas de cerca de 300 mil hectáreas, extendiéndose por sobre 180 km de una región a otra de manera ininterrumpida. Son estos tipos de paisajes los que han estado sometidos a los últimos mega incendios”.

En el Biobío, un 76% de los terrenos afectados por el fuego corresponden a plantaciones forestales, 5% a bosque nativo, 10% matorral y 9% a cultivos agrícolas y praderas. El incendio de Santa Ana, quemó 85.801 hectáreas, y El Cortijo, azotó más de 24.300. En todos esos sectores, los desastres no acaban; además de la destrucción, las superficies susceptibles de remoción en masa (deslizamientos y derrumbes de terrenos), se empinan por sobre las 39 mil hectáreas.

Luego de la tragedia

Lo que sigue son las labores de reconstrucción. En un contexto de cambio climático y sequía, el territorio está en riesgo permanente, explica el académico de la Universidad de Concepción. “La restauración de los paisajes, que es un proceso a través del cual se busca recuperar la integridad ecológica y la capacidad del paisaje para proveer servicios ecosistémicos esenciales para el bienestar humano, se debe hacer en la dirección de reducir la vulnerabilidad de los territorios ante riesgos de incendios forestales, entre otros”.

Además, recalca que es importante disponer de paisajes heterogéneos, es decir, un mosaico de ecosistemas naturales y modificados, porque eso posibilita la existencia de distintas cargas de combustible vegetal, con diversidad de condiciones ambientales.

“Recordemos, que, desde antes, el estado de degradación de estos territorios estaba muy lejos de la trayectoria de la sustentabilidad, con un paisaje sometido a un intenso uso de suelo por parte de la industria forestal. Es decir, no podemos conducir la restauración al estado que tenía el paisaje un día antes del incendio, sino que hacia un nuevo paisaje multifuncional y menos vulnerable”, añade el director del Lep UdeC. 

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