Volvamos al bosque

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Bosque de Lenga en Torres del Paine.

Los bosques naturales cubren cerca de un 30% del planeta. Los primeros bosques se registran en la Tierra desde hace unos 390 millones de años atrás. Estos ecosistemas terrestres se encuentran distribuidos alrededor de todo el mundo, y son fundamentales en la mantención de la vida, interceptando la luz solar antes de que llegue al suelo y generando un suelo mullido y rico en materia orgánica.

Los bosques naturales han sido descritos como una esponja, que en el suelo es capaz de almacenar enormes cantidades de agua, que es entregada cuando no hay lluvia de manera gradual y permanente en forma de vertientes, arroyos y ríos. Los bosques tienen un rol clave en la regulación del clima, en la purificación y provisión del agua, en la prevención de inundaciones, en la producción de oxígeno, en el almacenamiento de carbono, en la formación de suelo, en la prevención de la erosión, en la creación de hábitat para una diversidad de formas de vida que han evolucionado en este ambiente boscoso, como lianas, arbustos, hierbas, helechos, algas, aves, mamíferos, reptiles, anfibios, peces, insectos, moluscos, musgos, hepáticas, antoceros, líquenes, hongos y microorganismos y en la mantención de las comunidades que dependen directamente del bosque.

Nuestra legislación, la Ley Sobre recuperación del bosque nativo y fomento forestal, define como bosque a un: “Sitio poblado con formaciones vegetales en las que predominan árboles y que ocupa una superficie de por lo menos 5.000 metros cuadrados, con un ancho mínimo de 40 metros, con cobertura de copa arbórea que supere el 10% de dicha superficie total en condiciones áridas y semiáridas y el 25% en circunstancias más favorables”.

De acuerdo a esa definición, un puñado de árboles plantados a cierta distancia entre sí, de cierta altura, cubriendo cierta superficie y de cierto ancho, sería un bosque. Lo raro, es que difícilmente alguien que ve una plantación de manzanos o de paltos de exportación que cumplen con los criterios establecidos en esa definición diría que esa plantación es un bosque. Y en estos días, cada vez menos son las personas que ven un bosque cuando se trata de las cuestionadas plantaciones de monocultivos forestales. Sin embargo, cumplen con la definición que establece la ley.

Esa definición legal del bosque no precisa lo que los bosques son. Y por eso, entonces, bien vale preguntarse: ¿Qué es un bosque?, y ¿qué hace diferente a un bosque de una plantación de pinos, de eucaliptus o de nogales?

Para responder estas preguntas, necesitamos saber que las primeras plantas terrestres se originaron hace unos 450 millones de años a partir de un ancestro acuático, y que la complejidad estructural y funcional que hoy nos permite disfrutar de la sombra de un árbol tiene nada menos que unos 390 millones de años de historia evolutiva. Un bosque, entonces, podría ser un ecosistema natural donde los árboles ocupan el estrato superior de la comunidad. Sin embargo, un sitio, a pesar de no tener un bosque en un momento dado, por ejemplo, después de un incendio, sigue teniendo la potencialidad de tener un bosque natural, si se le da el tiempo y las condiciones que no impiden que eso ocurra. Entonces, ese sitio debiera ser clasificado como bosque natural potencial.

Lo que diferencia a un bosque natural de una plantación es la historia evolutiva que hay detrás de cada bosque natural, o del sitio donde estaba ese bosque natural. Esa historia que comienza con los primeros bosques en la Tierra, hace unos 390 millones de años atrás, y que lleva que un conjunto de seres vivos, incluyendo árboles, coexistan de manera coherente en ese espacio y en ese tiempo en el presente. Los bosques naturales son consecuencia de una evolución conjunta, de un proceso coevolutivo entre los fenómenos climáticos, geológicos, geomorfológicos, ecológicos y biológicos, donde las interacciones entre los seres vivos son tan complejas que nos falta vida para comprenderlas a cabalidad, y frente a perturbaciones, antrópicas o naturales, este ecosistema vuelve a establecerse en esa relación coordinada en el espacio y en el tiempo.

En Chile tenemos bosques naturales potenciales desde Arica a Magallanes. Cada uno con su historia evolutiva, sus complejidades, sus habitantes y su importancia para los pueblos ancestrales. Es hora que les demos la cara, que los conozcamos y que reconozcamos que nuestra existencia depende de ellos.

Volvamos al bosque.

2 COMENTARIOS

  1. Comparto buena parte. Respecto de los bosques potenciales, no me parece tal denominación. También hay que darle merito a los estratos que son mas versátiles para recolonizar post intervención antrópica. Los arbustos y herbáceas tienen méritos, ademas preparan el camino para la llegada de los árboles. Es una sucesión y, por lo tanto, cada etapa tiene su función. Si fueran bosques potenciales, desde la región de Valparaíso al sur podrían serlo.

    Al margen de eso, buena columna.

  2. Hola Sebastián, gracias por tu comentario. Ciertamente, las etapas tempranas tienen todo el mérito de ser los antecesores de lo que potencialmente puede llegar a ser un bosque si no se interviene el proceso. Tomo el concepto de bosque potencial en el sentido en el que lo usa Rodolfo Gajardo en La Vegatación Natural de Chile (1994).
    Muchos saludos!

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