Organizaciones critican a Islandia por reanudar caza comercial de ballenas: «Es un retroceso para esfuerzos mundiales de conservación»  

Sólo una empresa ballenera, Hvalur, sigue operativa en el país. Su permiso para cazar rorcuales expira en diciembre de 2023. Cada vez preocupa más que esta decisión ponga en entredicho la retirada progresiva de la caza de ballenas a largo plazo.

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WWF expresó su decepción y preocupación por la reciente decisión de Islandia de reanudar la caza comercial de ballenas tras finalizar una prohibición temporal introducida este año.

La prohibición fue provocada por un informe encargado por el gobierno en el que se afirmaba que las ballenas tardaban demasiado tiempo en morir tras ser arponeadas, a veces incluso horas, incumpliendo su ley sobre bienestar animal. Hoy se permite que continúe la caza comercial de ballenas. Esta medida socava los esfuerzos internacionales para conservar las ballenas.

«Reanudar la caza comercial de ballenas es un paso en la dirección equivocada para Islandia», declaró Chris Johnson, líder mundial de la Iniciativa para la Protección de Ballenas y Delfines de WWF.

«Los rorcuales comunes son el segundo animal más grande de la Tierra, están clasificados como ‘vulnerables’ por la UICN y se encuentran en todos los grandes océanos, desde las regiones tropicales a las polares», explicó el experto, en relación a esta especie cuyo nombre científico es Balaenoptera physalus y que también es conocida como ballena de aleta o ballena fin.

«Cada vez hay más pruebas científicas que demuestran que los grandes rorcuales favorecen la productividad de los océanos y, a través de ésta, sustentan el gran rol como secuestrador de carbono que tienen los océanos. En el Atlántico Norte, los rorcuales comunes tienen largos patrones migratorios a través de ‘corredores azules’, por lo que estos beneficios son cruciales para múltiples naciones y para alta mar. Protegiendo a las ballenas, protegemos nuestros océanos y a nosotros mismos», agregó Johnson.

Como detalla Yacqueline Montecinos, coordinadora de la iniciativa Corredor Azul del Pacífico de WWF y coordinadora de Biodiversidad Marina y Políticas Oceánicas de WWF Chile, “justamente la ballena fin es una de las especies que aún nos falta mucho por conocer, existe información de algunas áreas de alimentación importantes, como la que tenemos en el Archipiélago de Humboldt en Chile, que es parte del Corredor Azul del Pacífico Oriental, pero a nivel global no conocemos mucho de sus áreas reproductivas, por ejemplo, o de sus tamaños poblacionales reales por océano. Esto hace que sea una tremenda irresponsabilidad el restablecimiento de la caza cuando no logramos dimensionar los potenciales impactos negativos que se generarán sobre esta población en particular, pero también sobre la especie a nivel mundial”.

Sólo una empresa ballenera, Hvalur, sigue operativa en el país. Su permiso para cazar rorcuales expira en diciembre de 2023. Cada vez preocupa más que esta decisión ponga en entredicho la retirada progresiva de la caza de ballenas a largo plazo.

«Islandia aún tiene la oportunidad de tomar la decisión correcta y poner fin a la caza comercial de ballenas a finales de 2023, en consonancia con la comunidad internacional y la moratoria mundial de la Comisión Ballenera Internacional sobre la caza comercial de ballenas. Tenemos la responsabilidad colectiva de salvaguardar los rorcuales comunes para las generaciones futuras», puntualizó  Chris Johnson.

«Estas acciones no tienen justificación»

Sonia Español, directora ejecutiva de la Fundación MERI, rechazó la caza de ballenas anunciada por Islandia en los últimos días y llamó a que cese este tipo de prácticas por parte de los países.

“En Siglo XXI donde la evidencia científica demuestra que vivimos en un estado de emergencia climática y de crisis de biodiversidad debido al hombre, se vuelve imperante entender que estas acciones no tienen justificación y que debiesen ser prohibidas de manera tajante por los gobiernos. La propia industria califica como «poco rentable» esta actividad, mientras que los científicos hemos valorado por ejemplo en más de 4 millones de dólares a una ballena azul viva. Siendo así, esta dicotomía no tiene sentido. El hombre, ya puso en riesgo de extinción a las ballenas hace pocos años, algunas de estas ballenas se recuperan y otras, lamentablemente, no”, indicó.

La científica española agregó que “eran otros tiempos eso sí, y ahora cuando ya esta industria parecía haber entendido la crisis de biodiversidad, acciones puntuales como estas vuelven a ponerlas en el ojo de mira. Su rol en los océanos es fundamental para la vida de estos y la nuestra. No solo se trata de la sobrevivencia de las ballenas sino también la de los humanos. Sin hablar de lo poco controlada que esta industria. No existe en muchos casos un inventario claro de individuos cazados, métodos arcaicos que son tan lentos que la agonía de estos animales dura horas y sin discriminación de sexos, edades, hembras embarazadas en algunos casos”.

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