Fast Fashion: El corazón de la contaminación textil

Se le llama moda rápida o fast fashion al modelo de negocios que consiste en la producción masiva de prendas “desechables”, que genera un grave problema de contaminación. Por ello, recientemente se anunció la incorporación de estos residuos en la ley de Reciclaje y Responsabilidad Extendida del Productor (REP). Sobre esta situación se refirieron varios actores de esta cadena, Beatriz O`Brien, socióloga especializada en sustentabilidad textil y coordinadora nacional de la fundación internacional Fashion Revolution; Guillermo González, jefe de la Oficina de Economía Circular del Ministerio del Medio Ambiente (MMA); Fernanda Kluever, gerenta de sostenibilidad de Tiendas Paris e Isidora Azolas y Sofía Lillo, fundadoras de Pagana.

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La ropa ha acompañado a la humanidad a lo largo de toda su historia, como un reflejo de una identidad, cultura, forma de pensar y de sentir. La ropa evoluciona junto a las distintas generaciones, y para esta época, marcada por el cambio climático, los movimientos sociales y la información, se necesita una nueva tendencia.

La industria de la moda es responsable del 10% de las emisiones de carbono a nivel global y produce alrededor del 20% de las aguas residuales mundiales. Es la segunda industria más contaminante después de la petrolera, consumiendo más energía que la industria de la aviación y el transporte marítimo combinadas. Esto, debido a que una prenda, ya sea fabricada con material sintético o fibras naturales, contamina durante todo su proceso de producción.

El poliéster, la fibra sintética más utilizada para confeccionar ropa, según un informe de la BBC, necesita 70 millones de barriles de petróleo cada año para su elaboración, y tarda aproximadamente 200 años en descomponerse.  Por otro lado, las fibras naturales necesitan materias primas como el algodón, y solo para obtener un kilo de algodón es necesario utilizar 10 mil litros. En ese sentido, se calcula que anualmente para la fabricación de ropa se utilizan 93 mil millones de metros cúbicos de agua, cantidad suficiente para satisfacer la necesidad de 5 millones de personas.

Por ello, los precios ya no pueden ser el único factor a considerar a la hora de comprar una prenda, puesto que detrás de esa polera, vestido o pantalón, se esconde la explotación de recursos naturales, malas condiciones de trabajo y un residuo que, si termina en un vertedero, puede tardar años en descomponerse.

Chile no es ajeno a esta realidad internacional. De hecho, la contaminación por residuos textiles se agudiza en algunas partes del país, como en la Región de Tarapacá, por donde ingresan fardos de ropa de segunda mano que si no está en buen estado termina en el desierto, formando mini basurales clandestinos.  Se estima que, en general, el 80% de la ropa americana que entra al país termina en estos lugares, contaminando el suelo y el aire cuando la ropa es quemada.

Guillermo González, jefe de la Oficina de Economía Circular del Ministerio del Medio Ambiente

“Lo que sucede en la zona norte es que hay mucha importación de ropa de segunda mano, en buen estado y otra no tan buena. Esta última se está dando de baja de forma inmediata, estamos básicamente importando basura”, explicó Guillermo González, jefe de la Oficina de Economía Circular del Ministerio del Medio Ambiente (MMA).

Esta situación es parte también de un modelo de negocios llevado a cabo por las empresas textiles, conocido como fast fashion o moda rápida. La premisa es producir ropa con diseños innovadores de forma desmedida y venderlas a un bajo costo. En el fondo, se trata de vender ropa “desechable” con un ciclo de vida lineal, donde los recursos naturales son usados intensiva e ineficientemente. Así, las personas pasaron de comprar prendas por temporada (otoño-invierno, primavera-verano) a comprar semanalmente los recambios de las tiendas (se llegó a contabilizar que existen más de 52 colecciones al año).

Bajo este contexto, y considerando que en su mayoría los seis productos prioritarios definidos en la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) ya tienen publicadas sus respectivas regulaciones y metas, el Ministerio del Medio Ambiente decidió incorporar un nuevo producto prioritario: los residuos textiles. Las y los encargados de elaborar esta nueva regulación para las empresas importadoras de textiles en Chile se encuentran en la fase preliminar: el levantamiento de información acerca de esta compleja industria. Se espera que para finales del próximo año o inicios del subsiguiente podría existir un anteproyecto de este producto.

Al respecto,  González comentó que, “estos procesos regulatorios son complejos porque estamos hablando de una regulación que tiene un gran impacto y, por lo tanto, requiere ser abordada con seriedad y con la mejor información para tener un rayado de cancha que sea razonable, alcanzable y al mismo tiempo ambicioso”.

Beatriz O`Brien, socióloga especializada en sustentabilidad textil y coordinadora nacional de la fundación internacional Fashion Revolution

Por su lado, Beatriz O`Brien, socióloga especializada en sustentabilidad textil y coordinadora nacional de la fundación internacional, Fashion Revolution, destaca que para revertir el fast fashion no solo se puede contemplar su valorización. “La Ley REP para textiles debe legislar desde el origen de la prenda hasta su descarte final. No solo debe centrarse en los residuos sino en cómo se produce la ropa, qué materiales tiene, desde dónde se importó, etc. Mientras más holística y amplia sea esta mirada, más completa y efectiva será la ley”, manifiesta  O`Brien.

Añade, “esta es una industria que crece y se acelera constantemente y el reciclaje textil no da abasto para la cantidad de ropa que existe en circulación. Por otra parte, hay materiales textiles que no se pueden reciclar, como las fibras combinadas (sintético con algodón, viscosa con sintético, entre otras)”.

El jefe de Economía Circular del MMA reconoce el fast fashion como el corazón del problema de los residuos textiles, y para enfrentarlo desde el ministerio se plantea una hoja de ruta que busca un cambio cultural. “Sin duda que la REP va a cumplir un rol, pero esto requiere algo que va más allá de la ley, y por eso es que también hemos desarrollado en nuestra hoja de ruta de economía circular todo un eje que tiene que ver con el cambio cultural que se requiere para que vayamos pasando hacia un esquema de producción, de consumo y de vida más circular, donde justamente el fast fashion es el tipo de lógica que tenemos que ir cambiando”.

En este escenario comienza a tomar cada vez más fuerza el concepto “moda sustentable”. “La sustentabilidad entendida en moda es aquella que regenera recursos naturales y es justa con las personas que trabajan en ella. No existe una fórmula única de ser sostenible en la moda, implica a diferentes actores en la cadena de producción, desde el diseño, la producción, el uso y el descarte. Toda esta cadena y cada uno de sus eslabones debe trabajarse desde la sustentabilidad, es decir, desde la responsabilidad y el compromiso con el medioambiente y las personas”, explica O`Brien

En ese sentido, la moda sustentable implica un cambio de paradigma respecto a cómo hoy se entiende el negocio de la moda, y no solamente la incorporación del reciclaje y la reutilización a la cadena de vida de los textiles.

¿Qué opinan los actores de la cadena?

Paris, uno de los grandes retails de ropa en Chile, no ha sido indiferente a la contaminación que genera la industria textil. Por ello, mediante su programa de sostenibilidad “Conciencia Celeste”, ha  desarrollado diversos proyectos que buscan reducir el impacto de los residuos textiles. Una de sus iniciativas más destacadas es “RopaxRopa”, campaña que inició el 2013 y que busca que las personas dejen la ropa que no utilizan en cualquier tienda Paris para después llevarlas a Retex, empresa que se encarga de separar, reutilizar o reciclar la ropa,  dependiendo de su estado.

Fernanda Kluever, gerenta de sostenibilidad de Tiendas Paris

“En estos nueve años de proyecto, hemos logrado reciclar más de 1.000 toneladas de ropa, lo que nos tiene muy orgullosos. Gracias a estas cifras, nos hemos convertido en el reciclador de ropa a nivel retail más grande de Sudamérica”, indica Fernanda Kluever, gerenta de sostenibilidad de Tiendas Paris.

En relación a la valorización de residuos, la socióloga de Fast Fashion también hace énfasis en la importancia de reutilizar antes de optar por el reciclaje de una prenda. “Lo más importante en términos de sustentabilidad es la durabilidad o extender la vida de las prendas y mantenerlas en uso el mayor tiempo posible. Existen prácticas sustentables que se encuentran en esta línea, es decir, reparar o transformar prendas que ya tenemos para seguirlas vistiendo. Y en cuanto a mitigación en el descarte de las prendas podemos pensar en revender, intercambiar o, en última instancia reciclar”, señala O` Brien.

Para la gerenta de sostenibilidad de Paris, también es mejor la reutilización antes que el reciclaje.  “Siempre será mejor alargar la vida útil de un producto al máximo. Es por ello este 2021 lanzamos la primera versión de ‘Larga vida a las zapatillas’, una nueva campaña que busca prolongar la vida útil del calzado. A través de tutoriales guiados por influencers, expertos en el arte de customizar zapatos, promovimos la reutilización y arreglo de las zapatillas, evitando su desecho… Cuando ya no podemos reutilizar, entra el reciclaje”.

Sofía Lillo e Isidora Azolas, fundadoras de Pagana.

En ese sentido, además de los grandes importadores de ropa, otro actor relevante en la cadena son aquellos que se dedican a valorizar los residuos textiles, y que buscan su reutilización antes de pasar directamente al reciclaje, tales como Pagana. Este emprendimiento trabaja con jeans usados a través del upcycling o supra reciclaje, es decir, reelabora y transforma, en este caso el jeans, en un nueva prenda con un nuevo valor.  Mientras que en el reciclaje el objeto pierde completamente su forma, en el upcycling se puede identificar claramente qué era ese objeto antes de su nueva función.

“En definitiva, somos un emprendimiento social de moda circular liderado por mujeres. A través de la reutilización de jeans en desuso creamos nuevas prendas de vestir únicas, integrando en el proceso de confección a mujeres que viven en entornos socioeconómicos vulnerables”, señalan Isidora Azolas y Sofía Lillo, fundadoras de Pagana.

El proyecto Pagana nació con el fin de dar una empleabilidad formal, justa y flexible a mujeres que viven en campamentos, y, a su vez, contribuir con la economía circular en la industria de la moda debido a su alto índice de contaminación. “Nuestro objetivo es poder aprovechar al máximo este material para poder confeccionar nuevas prendas de vestir. En ese sentido, además de la tela de mezclilla en sí misma nos preocupamos de reutilizar tanto los bolsillos traseros de los pantalones como las pretinas. Otro aspecto importante es que nos hacemos cargo de los retazos, uniéndolos para formar paños y así confeccionar otras prendas o accesorios”, comentan las fundadoras de Pagana.

En cuanto a la situación de reciclaje de textiles en Chile, Isidora y Sofía señalan que, “sabemos que hay materiales en desuso disponibles para ser transformados pero la forma de llegar a ellos aún es a baja escala. Hoy en día cada iniciativa que trabaja con la reutilización textil se hace cargo de conseguir ese material, aun cuando entre varios de ellos necesitan lo mismo. Creemos que falta agrupar esta actividad en las diferentes regiones de Chile, sin caer en la centralización”.

Por su lado, la gerente de sostenibilidad de Paris indicó respecto a los desafíos del reciclaje para las grandes tiendas de ropa que, “creemos que los temas más importantes en este aspecto, serán el ecodiseño de nuestros productos, así como su composición y proceso de recolección posterior. Actualmente, el reciclaje textil en Chile está muy poco desarrollado, por lo que nuevos emprendimientos, y otros que ya existen, podrán crecer resolviendo estos desafíos, lo que será maravilloso de ver desde nuestra vereda y de cara a los que quieren comenzar el trabajo en esta área”.

Sin embargo, a pesar de la importancia de emprendimientos dedicados a valorizar residuos textiles, como se había mencionado anteriormente, el foco del problema es la producción masiva de ropa de baja calidad y desechable, en ese sentido, las fundadoras de Pagana consideran que para enfrentar esta problemática es necesario pensar en un ciclo más amplio y no solo en el reciclaje como tal, haciendo referencia a las cinco “R”: Rechazar, Reducir, Reutilizar, Reciclar y Reincorporar.

Créditos: Pagana.

Para generar cambios significativos en relación a la moda rápida es fundamental cuestionar los modelos de negocios y de producción: Reducir la cantidad de colecciones por año; mejorar significativamente la calidad de las prendas; cambiar el paradigma de que el vestuario es desechable; apostar por una compra inteligente y necesaria, no por impulso; y retomar el valor de reparar”, dijeron las emprendedoras de Pagana.

Para Kluver las iniciativas de reutilización y reciclaje son importantes, pero tampoco una solución al fast fashion. “Si bien estas acciones son un gran aporte, sí creemos que el Fast Fashion debiese migrar hacia una moda más slow, de mejor calidad, con menos prendas pero más duraderas”, comenta la gerente de sostenibilidad de París.

Para lograr ese cambio de cultura que debe enfrentar el fast fashion mediante la ley REP, se buscan generar señales que vayan guiando a las empresas en esa transformación. Al respecto, el jefe de Economía Circular del MMA, indica que, “por ejemplo, lo que nosotros hicimos en el caso de los envases es que aquellos que son difíciles de reciclar van a tener un “castigo” en términos del aporte que van a tener que hacer a los colectivos, van a tener que aportar más financiamiento para el cumplimiento de sus metas.  Y ahí hay una forma de evitar que se estén introduciendo al mercado una gran cantidad de productos, por ejemplo, en este caso, que no se pueden reciclar”.

En cuanto a la incorporación de residuos textiles a la ley REP,  Azolas y Lillo comentan que, “hay preocupación respecto a las pequeñas empresas y productores y su capacidad real de poder hacerse cargo. Esto, debido a que cuentan con una estructura más pequeña que puede dificultar la logística de recuperación, a diferencia de las empresas multinacionales. Sin embargo, creemos firmemente que si existe colaboración y voluntad de todos los actores en el mercado, se avanzará rápidamente”.

En relación a lo anterior, desde Paris señalan que, “es fundamental que el foco esté instalado en el diseño y composición del textil. Por otro lado, se debe trabajar en los incentivos para la creación de una mayor capacidad instalada para hacer la gestión del proceso de reciclaje. Por último, pero no menos importante, debe enfocarse en el fortalecimiento de aquellos emprendimientos que permitan la circularidad de los textiles, antes de ser reciclados”.

Consumo Consciente

El fast fashion es un problema de producción pero también uno de consumo. El cambio cultural se tiene que aplicar también a la forma en que las personas compran y se relacionan con la ropa, puesto que muchas veces se adquieren prendas que no son utilizadas y son desechadas en buen estado. Según la Fundación Ellen MacArthur, organización que promueve la economía circular a nivel internacional, el 2017 informó que anualmente se venden alrededor de 80 mil millones de prendas, cuya utilización -número promedio de veces que se usan antes de descartarlas- ha disminuido en un 36% en comparación con cifras de hace 15 años.

Las personas, digamos ciudadanos y consumidores, tienen un rol muy importante. Pueden elegir desde la regularidad de compra, los productos que adquieren al uso y descarte de las prendas. Debemos saber que cuando compramos una prenda, tenemos que responsabilizarnos por su cuidado y de disponer de ella de manera consciente”, señala Beatriz O`Brien.

Créditos: Paris.

Al respecto, Fernanda Kluver comenta sobre la experiencia que tuvieron con los consumidores mediante su iniciativa Ropa x Ropa, donde constataron que las personas realmente no saben qué hacer con sus prendas de vestir, razón por lo cual estas terminan en los vertederos. “Identificamos que los consumidores no siempre están conscientes de los materiales o impacto ambiental que generan las prendas que ocupan, por lo que muchas veces compran cantidad y no calidad. Por eso, esta semana lanzamos nuestras Etiquetas Conciencia Celeste, un nuevo proyecto a través del cual buscamos informar al usuario justamente sobre eso (materiales, proceso de fabricación e impacto ambiental de la ropa), a través del etiquetado de las prendas de nuestras marcas. En ese sentido, queremos aportar a un consumidor más informado, consciente y responsable”.

En Pagana se reciben aproximadamente 100 kg mensuales de jeans, donde un 60% viene en buen estado y los demás con algunos desgastes. Cabe señalar que solo un par de jeans para su producción consumen 3.781 litros de agua. “La responsabilidad en torno al consumo es bidireccional, por lo tanto no solo las empresas deben apostar por cambios estructurales, sino que los consumidores también. Recordemos que al comprar estamos avalando de manera implícita las prácticas que realiza tal o cual empresa. Hoy en día existe un grupo grande de consumidores que de alguna manera responden por inercia a lo que ofrece la moda rápida. La variedad en la oferta y los precios bajos juegan un rol clave en la decisión de compra, y esto sumado al desconocimiento de la industria no genera una buena combinación”, señalan las fundadoras de Pagana.

“En definitiva, un consumidor informado puede tomar decisiones de compra más responsables y entender realmente el impacto que éstas pueden generar”, agregan las jóvenes emprendedoras.

La moda rápida y sus consecuencias son cada vez más conocidas, tanto en Chile como en el mundo, pero aún hay mucho por hacer para que exista un cambio real en la forma de producir y de consumir, para que se instale la economía circular como modelo definitivo. Las transformaciones culturales son lentas, empiezan con unas pocas personas y con cambios en el ambiente al que estamos acostumbrados, lo que nos obliga a repensar lo que antes hacíamos para encontrar una mejor solución, esta vez una sostenible.

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