Desafíos para una agricultura sostenible

La agricultura reproduce grandes desigualdades sociales, desde las geopolíticas; entre los países del norte y sur del globo, hasta las desigualdades de género. En coa fiscalizador diríamos que; los incumplimientos de la agricultura moderna son en todos los ítems, en cuanto a sostenibilidad. 

Resumen del día: 16 de agosto y en los valles de Aconcagua y el Maipo aún se espera la primera lluvia del invierno. Se anunció que, en una semana, caerá una gran lluvia que supliría gran parte de lo que debió llover en la temporada, sin embargo, todavía nada. 

Daniel Maluenda, ingeniero ambiental Fundación Basura

Resumen del año: a nivel planetario, el día 29 de julio se produjo el sobregiro ecológico y, en Chile, esto sucedió el 17 de mayo. La pandemia no bastó para modificar la tendencia general de los últimos años, de agotar cada vez más rápidamente lo que la tierra puede ofrecer a la humanidad. 

Resumen del siglo XXI: entramos en el nuevo milenio tras el acuerdo mundial de fin de siglo en Río de Janeiro, y en 2021 se reconoce que tal acuerdo fue un fracaso. Al menos en sus objetivos principales, porque no digamos que lo único importante en la vida es cumplir las metas. 

Resumen del siglo XX: el mundo transita por armas de gran poder de fuego, nucleares, biológicas y químicas. Europa y varios otros rincones viven bajo el humo del nitrógeno: un completo protagonista de los últimos avances de la agricultura moderna, jamás mejor fertilizada que bajo el clima de guerra permanente que marcó el s.XX. Y así.

Propongo con esto, que es el desarrollo de la agricultura quien comanda estas repercusiones, por agotar los elementos de la corteza terrestre en grandes superficies en producir el alimento básico, y bien sabemos lo que esto significa para la especie humana. Veamos: Es la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), quien en 2015, dice que “la actual trayectoria de crecimiento de la producción agrícola es insostenible, debido a sus impactos negativos sobre los recursos naturales y el medio ambiente. Una tercera parte de la tierra agrícola está degradada, hasta un 75% de la diversidad genética de los cultivos se ha perdido y el 22% de las razas de ganado están en riesgo. Más de la mitad de la población de peces está plenamente explotada y, en la última década, unas 13 millones de hectáreas de bosques al año fueron transformadas para otros usos”. Con esto, al menos queda claro el alcance ambiental del desafío, pero además sabemos que hoy, se entiende que el desarrollo sostenible requiere siempre de satisfacer aspectos ambientales, sociales y económicos de cualquier sistema, en cualquier tiempo. Por lo tanto, una agricultura sostenible debería cumplir con aquello. Y, ¿qué pasa?

El sostén de la agricultura moderna es la llamada revolución verde, que nace posterior al proceso de guerras mundiales y que ofrece un kit completo con el discurso de aumentar la productividad agrícola para combatir el hambre en el mundo. Hoy, conforma el fundamento técnico de la producción agrícola global.

En Paraguay, el año 2009, se levantó un estudio para la FAO que describe el mercado de la alimentación, en general, y de los mercados de semillas, de agroquímicos, de biotecnología y de distribución de alimentos, en particular. Destaca que en el año 2007, un 67% del mercado de semillas patentadas y transgénicas se concentró en sólo tres empresas: Monsanto, Dupont y Syngenta. Un 60% de la producción de agroquímicos fue acaparado por sólo cuatro empresas y el 89% del mercado de biotecnología por 10 empresas transnacionales. En todos estos rankings aparecen Monsanto y Dupont, como guaripolas de la revolución verde. El mercado de alimentos, por su parte, también alcanzó un nivel de concentración del 67% por siete empresas estadounidenses que se encuentran dentro de las 10 más poderosas del rubro. Aquí, lideran empresas como Walmart y Pepsi co.

El mismo estudio da cuenta que la agricultura reproduce grandes desigualdades sociales, desde las geopolíticas; entre los países del norte y sur del globo, hasta las desigualdades de género. En coa fiscalizador diríamos que; los incumplimientos de la agricultura moderna son en todos los ítems, en cuanto a sostenibilidad. 

Hoy, se producen alimentos para más o menos 14 mil millones de habitantes, y al mismo tiempo, en su citado documento con miras a los ODS (2015), la FAO define que el principal objetivo para la agricultura, es el aumento de la productividad, en miras al crecimiento de la demanda futura. Concédame que éste es el objetivo más cubierto.

En el año 1978 el Sr. Masbonu Fukuoka escribió su libro Revolución del rastrojo, que expone un trabajo llevado durante más de 30 años en sus campos donde con técnicas de su “agricultura natural” (nombre que él mismo refuta en el libro, en una digresión conceptual) donde desafía la productividad de cualquier campo de producción moderna de Japón. 

En 2003 la FAO publica sus Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) que, sin quererlo, se emparentan con el trabajo del japonés, en ideas como: no deshebrar y mantener la cobertura del suelo, combinar especies anuales y perennes, disminuir al máximo el uso de plaguicidas y aumentar el control biológico de plagas y enfermedades, disminuir al máximo los fertilizantes químicos y potenciar al máximo el desarrollo natural del suelo, o utilizar y no remover los desechos vegetales y animales del cultivo, entre otras recomendaciones desagregadas en todos los ámbitos de la agricultura, para así, permanentemente potenciar la fertilidad del suelo y su estructura dentro de su ecosistema. Es decir, ideas conducentes a conservar las características del suelo como un organismo vivo y no como hoy, donde si no tienes capacidad de adquirir semillas pelletizadas, sustratos especiales, aditivos y remedios correspondientes, por ejemplo, la tierra no sería capaz de producir nada.

Más tarde, un agricultor ecuatoriano, Pacho Gangotena (ver en youtube) redujo todo esto y su trabajo, bajo las 3M: Materia orgánica, Microorganismos y Minerales. Él obtiene los minerales fundiendo piedras por ejemplo, y no de productos químicos comerciales. 

Finalmente, quisiera terminar citando un discurso que no sé si viene del ambientalismo o del mundo del couching, o sus intersecciones, que dice que “pequeños esfuerzos conllevan grandes cambios” y no. No, no y no. Digo, esto sería cierto si todos esos pequeños esfuerzos fueran consistentes en dirección y sentido, pero cuando los grandes esfuerzos los acaparan sólo los mercados concentrados, los países desarrollados u hombres blancos, los pequeños esfuerzos se absorben y no impactan. 

El llamado es aumentar y organizar el esfuerzo por cosechar un fruto nuevo cuya esencia sea la regeneración de los ecosistemas agrícolas y sus alrededores y no su agotamiento. Cambiar la muerte por la vida. Cambiar los monocultivos, los agrotóxicos y el extractivismo, por la biodiversidad, las 3M y una producción regenerativa.

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