Chile se ha consolidado como uno de los principales mercados solares de la región, con más de 10.000 MW de capacidad instalada. Pero el crecimiento de esta tecnología también plantea un desafío para los próximos años: qué hacer con los módulos cuando terminan su vida útil.
Las estimaciones apuntan a que hacia 2040 el país podría acumular cerca de 284.000 toneladas de paneles fuera de uso. El problema ya comenzó a manifestarse: el Ministerio del Medio Ambiente estima que en 2024 se generaron cerca de 11.000 toneladas de residuos de paneles fotovoltaicos. Además, estos módulos tienen una vida útil promedio de entre 25 y 30 años y deben ser manejados bajo criterios especiales debido a la presencia potencial de sustancias como plomo y cadmio.
A esto se suma la entrada de los paneles fotovoltaicos al régimen de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP). El nuevo decreto establece metas progresivas de recolección y valorización que llegarán al 50% a partir del décimo año de implementación. Las obligaciones asociadas comenzarán a regir en mayo de 2028.
En este escenario, Esteban Arellano López, ingeniero y estudiante del Doctorado en Ciencias Aplicadas de la Universidad Autónoma de Chile, propone una alternativa: recuperar el silicio de los paneles desechados y transformarlo en un insumo para la agricultura. La iniciativa le permitió adjudicarse el fondo Valorización de la Investigación en la Universidad (VIU) 2026, de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID).
Financiamiento
“Los paneles al final de su vida útil no son basura, son un recurso y una oportunidad estratégica. El módulo fotovoltaico tiene muchas partes revalorizables, pero el silicio cristalino, que representa más de 175.000 toneladas del volumen proyectado, podría tener un rol fundamental como insumo para la agricultura, uno de los sectores productivos más fuertes del país”, explica Arellano.
El proyecto cuenta con un financiamiento de $36 millones y tendrá una duración de 12 meses. Durante este periodo, el investigador deberá avanzar en la validación del prototipo en un entorno agrícola real y en la construcción de un modelo de negocios. El fondo VIU busca precisamente llevar resultados de investigación desarrollados en universidades hacia posibles emprendimientos o soluciones de base científico-tecnológica.
Para Arellano, esta etapa representa el paso desde el desarrollo en laboratorio hacia una eventual aplicación industrial, con posibilidades que incluyen establecer alianzas, licenciar la tecnología o crear una empresa de base científico-tecnológica.
Del residuo fotovoltaico al insumo agrícola
La propuesta busca recuperar y purificar el silicio presente en los paneles para combinarlo con magnesio, calcio y potasio y obtener silicatos minerales que puedan utilizarse como insumo agrícola.
El proceso contempla cuatro etapas. Primero, los paneles son desmantelados física y térmicamente a una temperatura de 500 °C, con el objetivo de separar componentes como los marcos de aluminio y los circuitos. Posteriormente, las celdas son sometidas a un proceso de lavado químico mediante lixiviación y precipitación, que permite extraer y purificar el silicio.
En una tercera etapa, el material recuperado se transforma en silicatos minerales que pueden presentarse como polvo fino o granulado. Finalmente, el producto será aplicado en cultivos reales para evaluar su comportamiento y determinar si contribuye a fortalecer las plantas, mejorar la absorción de nutrientes, aumentar su resistencia al estrés ambiental y favorecer el rendimiento de las cosechas.
La iniciativa busca así conectar dos desafíos: la gestión de los residuos generados por la expansión de la energía solar y la búsqueda de nuevos insumos para la agricultura.
El potencial de recuperación es relevante considerando que los paneles fotovoltaicos están compuestos mayoritariamente por materiales valorizables. De acuerdo con antecedentes del Ministerio del Medio Ambiente, cerca del 90% de su peso corresponde a materiales como vidrio y aluminio, mientras que el silicio constituye uno de los componentes que también puede ser recuperado.
En ese contexto, la propuesta no apunta únicamente a reducir el volumen de residuos, sino también a recuperar materiales que puedan volver al ciclo productivo.
“La revalorización de paneles fotovoltaicos se convertirá en un aporte muy importante para la industria del país, porque permite recuperar materiales valiosos y disminuir fuertemente los impactos ambientales”, sostiene el investigador.
De la investigación a una posible aplicación
El desafío que enfrenta ahora el proyecto es demostrar que el material recuperado puede funcionar efectivamente como insumo agrícola y determinar bajo qué condiciones puede ser utilizado.
Para ello, los ensayos en cultivos permitirán evaluar su comportamiento fuera del laboratorio y generar información sobre sus efectos en las plantas y en el rendimiento agrícola. Esta etapa será clave para definir las posibilidades de escalamiento de la tecnología.
La iniciativa se inserta así en un escenario en que Chile deberá aumentar progresivamente la capacidad para gestionar sus residuos fotovoltaicos. Según antecedentes del Ministerio del Medio Ambiente, además del crecimiento de estos residuos, existe un potencial de valorización importante: cerca del 90% del peso de un panel corresponde a materiales que pueden ser recuperados bajo un manejo adecuado.
El proyecto financiado por ANID buscará comprobar si uno de esos materiales, el silicio, puede tener una segunda vida fuera de la industria fotovoltaica y convertirse en parte de una nueva cadena de valorización vinculada a la agricultura.





