Pobreza energética, un problema difícil de reconocer

La pobreza energética tiene relación con la satisfacción o no de necesidades consideradas básicas. Estas se dividen en tres grandes grupos: climatización de la vivienda, alimentación e higiene y, por último, la iluminación y el funcionamiento de tecnologías de información y comunicación (TIC) y otros servicios energéticos basados en electricidad. Este reportaje indaga en esta problemática, mostrando cómo afecta a los hogares, de qué forma puede medirse y los esfuerzos que se están realizando para mitigarla en Chile.

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Crédito: Programa de Inclusión Energética.

La pobreza energética hace referencia a la insuficiente satisfacción de necesidades energéticas que se consideran básicas. Estas necesidades energéticas pueden ser de distinta índole, como las que se vinculan principalmente a los usos domésticos y que tienen directa relación con la salud, bienestar y/o derechos fundamentales de la población.

Rubén Méndez, coordinador del Programa de Inclusión Energética de la Red de Pobreza Energética (RedPE), señala que dicho fenómeno “es una condición que se manifiesta en familias que no pueden acceder a servicios energéticos de calidad. En este sentido, las principales necesidades básicas que se ven afectadas son el acceso a agua caliente sanitaria, calefacción, cocción de alimentos, electricidad e iluminación de calidad”.  

En relación con estas necesidades energéticas tan fundamentales, se pueden dividir en tres grandes tipologías. La primera son las necesidades energéticas, referidas a la climatización de la vivienda: su importancia radica en que se ha demostrado que mantener ciertos niveles mínimos (y máximos) de temperatura interior de la vivienda, reduce el riesgo de contraer enfermedades respiratorias y cardíacas, entre otras. Al respecto, el rango de temperatura recomendable se identifica usualmente entre 18° C y 24° C cuando la vivienda se encuentre habitada.

Sobre esta primera tipología, según una encuesta de la Corporación de Desarrollo Tecnológico (CDT) en 2015, el 3,9% de los hogares en Chile utilizan fuentes de energía contaminantes y artefactos ineficientes para la calefacción. Por su lado, tanto el Instituto Nacional de Estadística en 2018, como la encuesta Casen de 2017, aseguran que el 66,2% de los chilenos presenta problemas de eficiencia energética en sus viviendas. Por último, la Encuesta Nacional de Energía (ENE) expuso en 2016 que el 21% de las personas pasan frío al interior de sus viviendas en invierno.

En segundo lugar, se encuentran las necesidades asociadas a la alimentación e higiene. En este marco, la cocción y mantención de alimentos se destaca como una necesidad energética fundamental para el bienestar de las personas, puesto que una inadecuada satisfacción de esta necesidad, o bien su satisfacción por medio de fuentes de energía contaminantes, pone en riesgo la salud de los integrantes del hogar, especialmente de las mujeres, quienes se encuentran más expuestas al trabajo doméstico no remunerado). 

Respecto a esta segunda tipología, según una encuesta de la CDT en 2015, el 3% de los hogares en Chile utilizan parafina o leña húmeda para cocinar. Mientras que la encuesta Casen de 2017 arrojó que el 10,2% de los hogares chilenos no tienen sistema de agua caliente sanitaria.

Finalmente, un tercer grupo de necesidades energéticas incluyen la iluminación, el funcionamiento de tecnologías de información y comunicación (TICs) y otros servicios energéticos basados en electricidad. En general, estas se consideran necesidades básicas, reconocidas como clave por diversos estándares internacionales y por la sociedad en general, siendo a menudo asociados con mayores índices de desarrollo social y mayores oportunidades educacionales y laborales. 

Acerca de esta última necesidad, las cifras en Chile indican que el 18,1% de los hogares viven en comunas con interrupciones eléctricas promedio de una hora o más, sin considerar fuerza mayor según la encuesta Casen 2017. El mismo documento asegura que 0,3% de los hogares no tiene acceso a electricidad.

Crédito: Catalina Amigo Jorquera

Una carencia difícil de detectar

Si bien los problemas de la pobreza energética, a nivel conceptual, podríamos pensar que son los mismos en cualquier parte del mundo, los factores socioeconómicos y culturales son los que se encargan de agravar o atenuar dichas consecuencias, explica Francisco Guerrero, arquitecto de la Universidad de Valparaíso y Master en Intervenciones Sostenibles de la Universidad Politécnica de Cataluña, España. “Cuando tienes un país que reconoce el concepto y es capaz de entender su implicancia en la vida cotidiana, tienes un margen de acción o de alerta que puede ayudar a solventar alguna consecuencia, ya sea desde la búsqueda de ayuda o desde la acción propia”, complementa Guerrero.

En países donde la pobreza energética no es un concepto de conocimiento común, como es el caso de Chile, las consecuencias solo se ven agravadas, al no ser una problemática de fácil reconocimiento. “Probablemente, si hacemos una encuesta rápida en la calle, preguntando por la asociatividad del concepto de pobreza energética con alguna carencia o problemática familiar, los resultados serán nulos. Esto, no por un tema de educación propia, sino por una falta de abordaje a nivel de política pública y/o concientización masiva desde las responsabilidades gubernamentales correspondientes. La gente no tiene por qué saber que gastar más del 10% de su ingreso familiar en gastos energéticos es sinónimo de pobreza energética o, más cotidiano aún, que el acto de abrigarse al cambiar de pieza, dentro de una misma vivienda, también se entiende como el reflejo de una carencia energética”, expone el arquitecto.

Francisco Guerrero.

Asimismo, Guerrero señaló que “acompañado a lo educacional tienen que venir todas las medidas mitigatorias que permitan reducir los índices de pobreza energética, ya sea a través de subvenciones monetarias, planes de eficiencia energética e, incluso, más transversal aun, incluir nociones de eficiencia energética en nuestras normativas constructivas y políticas de vivienda de interés social”.

Medición de la pobreza energética

Si bien la definición de pobreza energética es cada vez un concepto más claro y acotado, existe una variedad de indicadores para medirla, como el del 10%, Minimun Income Standard (MIS), Low Income High Cost (LIHC), entre otros. “Cada uno de ellos ha agregado las variantes que ha estimado conveniente relevar para la definición de cuando nos encontramos, o no, en situación de pobreza energética. En el caso del 10% la discusión se centra netamente en un ámbito porcentual”, asegura Guerrero. Como lo dice su nombre, este indicador define la situación de pobreza energética cuando el gasto en energía de una familia, que se mantiene térmicamente confortable, supera el 10% del total de los ingresos del grupo familiar.

“Muy en cambio, el método MIS busca ser un poco más específico”. Este índice, define a la pobreza energética como el rango de diferencia entre los ingresos del hogar versus la sumatoria de tres factores: gastos asociados a la vivienda, gastos asociados a la vida de cada uno de los integrantes y gasto energético.

En Chile aún no existe una forma oficial para medir la pobreza energética, pero, a pesar de ello, en la Red de Pobreza Energética trabajan para que esto se logre. Sin embargo, “falta un mayor involucramiento a nivel estatal para abordar el tema como un problemática real, atingente y urgente”, concluye Guerrero.

Iniciativas para enfrentar la problemática

En nuestro país, se han realizado diversas iniciativas para reducir la pobreza energética desde el sector académico, público y privado. La Red de Pobreza Energética ha desarrollado, de forma transdisciplinaria, una gran cantidad de investigaciones y publicaciones asociadas a la temática de la pobreza energética, identificando sus principales causas, efectos e indicadores específicos para caracterizarla en distintos contextos geográficos. Además se ha hecho cargo de seminarios, articulación de actores, educación y difusión en la materia.

Al mismo tiempo, desde el sector público se han realizado esfuerzos para integrar de forma participativa el concepto de la pobreza energética en la política energética, además de concursos que se han focalizado en desafíos como la calefacción y agua caliente sanitaria, tal es el caso del concurso InnovaFosis 2020, impulsado por el Ministerio de Desarrollo Social y la Familia.

Por su lado, desde el sector privado diversos actores vinculados al ámbito energético se encuentran desarrollando acciones para contribuir a una transición energética más justa, tal es el caso del Programa de Inclusión Energética liderado por EBP Chile junto a EGEA ONG y la RedPE, iniciativa donde colaboran actores como ENEL, ENGIE, COPEC, AME, Grupo Patio, Municipalidad de Renca, Municipalidad de Til Til, Municipalidad de Recoleta, Fundación Banigualdad y FOSIS. “Esta iniciativa tiene el propósito de reducir la pobreza energética desarrollando nuevos modelos de negocios adaptados a la realidad local”, asegura Méndez, coordinador del programa.

A la fecha, el Programa de Inclusión Energética ha desarrollado iniciativas en comunas tales como Renca, San Joaquín, Til Til y Recoleta, con un alcance de más de 300 familias. Rubén Méndez explica que “los primeros esfuerzos del programa estuvieron asociados al desarrollo de pilotos y hoy estamos trabajando para escalar estas experiencias, considerando un modelo de planta solar comunitaria, sistemas de agua caliente solar bajo microcréditos, mejoras energéticas en viviendas y tecnologías eficientes en el sector agrícola de pequeña escala”.

Cabe mencionar que el programa se encuentra en una fase de escalamiento internacional. “Se busca implementar mejoras energéticas en actividades socio-productivas de comunidades indígenas pertenecientes al departamento de Tolima en Colombia. En este contexto, sobre la base en las experiencias obtenidas, esperamos avanzar para apoyar la generación de proyectos concretos e innovadores que permitan enfrentar la pobreza energética en distintos países de Latinoamérica”, concluye Méndez.

Créditos: Programa de Inclusión Energética.

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