Museo del Hongo: la iniciativa de arte pionera en Chile que se inspira en la ciencia del Reino Fungi

Esta propuesta museográfica pionera en Chile irrumpirá pronto en Santiago, Pucón, Talca y Valdivia, donde busca generar conciencia sobre la importancia de proteger al fantástico mundo fungi en tiempos de crisis ambiental.

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Créditos: Verónica López
Créditos: Verónica López

Museo del Hongo es una iniciativa pop-up y pionera en Chile y el mundo que crea obras a través de las artes, la ciencia y la tecnología para concientizar sobre la relevancia de la funga en el planeta.

“Una de las razones por las cuales los hongos nos llamaron tanto la atención fue esa capacidad recicladora, tanto literal como metafórica, considerando que enfrentamos una crisis socio-ecológica en la cual necesitamos ‘reciclar’ y buscar nuevos paradigmas para pensar un futuro sustentable”, comentó el diseñador, director y curador del Museo del Hongo, Juan Ferrer.

Por su lado, la directora ejecutiva del Museo del Hongo y diseñadora, Ana Rosa Ibañez, subraya que, “los hongos son muy relevantes para el equilibrio del ecosistema, y son increíblemente fantásticos en la manera en que se relacionan y se desarrollan. Además, muy desconocidos, fueron admitidos como un reino independiente recién en el año 1969”.

Para visibilizarlos, el museo presentará entre mayo y junio una serie de creaciones en el centro y sur de Chile, aprovechando la actual temporada de hongos.

El 25 de mayo a las 19:30 horas se presentará la obra “Pudryendo”, del Museo del Hongo junto a la artista María Landeta, que gira en torno a la pudrición y fermentación. Su 17ª aparición como Museo tendrá lugar en el Centro Cultural de España en Santiago, en el marco del ciclo Sobremesa, que incluye residencias artísticas, performances, cocinados y conversatorios sobre cuidados, soberanía alimentaria, cambio climático, entre otros. Luego, el 3 de junio a las 19:00 horas se realizará un taller de fermentos con previa inscripción.

Le siguen las exposiciones “Hypha” y “Gira” en el Festival Reino Fungi, que se desarrollará del 27 al 29 de mayo en la Universidad de la Frontera, campus Pucón, y que incluirá visitas guiadas. Para todo esto ha sido vital la participación de diversos artistas y organizaciones como Natalia Cabrera, Juana Díaz, Sebastián Calfuqueo, Fundación Fungi, BioFab Lab UC, entre otros.

Hypha, realidad virtual inmersiva. Créditos: Museo del Hongo.

Desde el 8 al 28 de junio llegará el turno de “Mutualistas” en el Centro de Extensión de la Universidad Católica del Maule, en Talca, donde se presentarán tres obras (videos) con imágenes microscópicas tomadas por la científica Patricia Silva Flores, para mostrar las relaciones simbióticas que establecen los hongos con especies del bosque nativo: el ruil, el queule y las orquídeas. Ferrer explica que “lo hacemos con la idea de que el hongo ‘abraza’ la raíz de estas plantas, en un acto amoroso que genera esta simbiosis a través de las micorrizas. Veremos el bosque y de a poco entraremos al mundo microscópico y subterráneo, terminando en un viaje medio psicodélico”.

A continuación se expondrá “Mutualistas VR” en la Fungi Fest de Valdivia, entre el 16 y 19 de junio. Esta obra se basará en los mismos videos de “Mutualistas”, con la diferencia de que usará realidad virtual a través de un casco, computador o teléfono. Además, la agenda contempla una visita guiada para el 18 de junio.

“La invitación es a seguir conociendo las bondades del Reino Fungi, así como las diferentes dimensiones y relaciones que establecen los hongos con nuestra cultura. Al igual que el afán reciclador de la vida y la muerte que tienen los hongos, es necesario reciclar la cultura y los sistemas socioculturales. En el fondo la misión del Museo del Hongo es romper la barrera que separa a la naturaleza y la cultura, como si estuviéramos separados o encima de la naturaleza, lo que claramente es un error”, manifestó Ferrer.

¿Cómo nació el museo?

Todo comenzó cuando la curadora Camila Marambio lideró el proyecto “Justicia al Reino Fungi”, junto a otros artistas y la destacada micóloga Giuliana Furci, de la Fundación Fungi, quien se convertiría más tarde en la “madrina” del Museo del Hongo. En ese entonces, desarrollaron una investigación artística para divulgar la labor de la organización, que logró entre 2012 y 2013 la incorporación de los hongos en las leyes de impacto ambiental en Chile, algo inédito a nivel mundial.

En el intertanto, se cruzaron los caminos de artistas como Nicolás Oyarce, Rodrigo Arteaga y Ferrer, quien entró a hacer su práctica en la Fundación Fungi. Pasado el tiempo, el diseñador cuenta que “queríamos hacer una exposición de arte en torno a los hongos. Y nos vinimos de viaje de estudio a Nueva York. Un día, después de que salimos del Museo del Sexo, pensamos que, si hasta el sexo tenía un museo, ¿por qué los hongos no pueden tener uno?”.

De esa manera, Ferrer fundó el Museo del Hongo en Chile en el año 2016, en una época donde estos temas eran muy subterráneos o underground. Ibañez agrega que “no era algo tan en boga como lo es hoy. En general, muchos han rechazado a los hongos. Si uno recoge uno en el campo te hacen botarlo porque puede ser venenoso. Los hongos psicodélicos están categorizados como droga clase A. Y hay hongos en tu baño o que se comen tu comida, entonces, no ha sido un tema demasiado popular o de fácil acceso”.

Anthracophyllum discolor. Créditos: Verónica López

Si bien en países como México o España existen museos o jardines botánicos que dedican sus espacios al Reino Fungi, estos recintos son más bien tradicionales y de carácter científico, pese a que incluyen en ocasiones ilustraciones o elementos relacionados.

Por ello el Museo del Hongo constituye, en palabras de Ferrer, “una oportunidad para romper y reciclar algunos paradigmas de los museos, que parecen cementerios de obras de arte o poseen grandes colecciones, cuya mayoría está metida en bodegas. ¿Qué pasa cuando un museo actúa como un organismo vivo, cuando aparece y desaparece? Al ir trabajando en este formato nos dimos cuenta que necesitamos trabajar con la gente de los lugares, haciendo un levantamiento de cuál es la relación local de las personas con los hongos y desde ahí ver cuáles son los temas y problemáticas más interesantes de compartir o reflexionar”.

En ese sentido, sus exposiciones han incluido cultivos de hongos vivos, biomateriales hechos de cola de pavo (Trametes versicolor), champiñón ostra (Pleurotus ostreatus) y kombucha (levaduras), y representaciones de especies o estructuras de ellas que pasan desapercibidas.

Ese es el caso del micelio, el cuerpo “oculto” de estos seres que permanece bajo el suelo o sustrato. La reconocida callampa es, en realidad, la manifestación “visible” (macroscópica) del hongo que tiene por objetivo la reproducción sexual. “Por eso queremos mostrar el micelio y dar a entender que el hongo no es solamente la seta, sino que es este cuerpo ramificado que vive debajo de la tierra y conecta árboles, plantas y a otros hongos”, puntualiza el diseñador, quien actualmente estudia en Nueva York.

Además, emulando las dinámicas de los hongos, las obras experimentales no necesariamente están terminadas, sino que se encuentran en proceso y luego se “degradan”.

Pleurotus ostreatus. Créditos: Museo del Hongo

Esa fue la línea de creaciones icónicas como la exposición “Vigilantes”, donde inocularon hongos en las bóvedas del Museo de Arte Contemporáneo de Valdivia. “No se pudieron poner las obras en diálogo con las del museo [de Valdivia], porque los hongos se alimentan del lienzo y de los óleos. Entonces tenían que estar separadas y se pusieron en las bóvedas que eran oscuras. En respuesta, Iván Navarro armó esculturas de luz que cuidaban a los hongos mientras crecían en el sustrato. Poco a poco, los hongos empezaron a aparecer y durante la exposición se hicieron performances en reflexión sobre el proceso de dormancia, de la vida subterránea antes de ser vida. Una vez que los hongos fructificaron, se cosecharon y se hizo una cena en las bóvedas del museo”, relata la diseñadora.

La muestra fue tan bien recibida, que incluso algunas personas se llevaron hongos a escondidas. “A mí me llamaban y me decían ‘Juan, ¡se están llevando los hongos del museo!’. De una u otra forma, la exposición fue más interactiva de lo que habíamos pensado, porque yo nunca pensé que se los iban a llevar”, recuerda el director del Museo del Hongo entre risas.

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