Las cinco barreras para la información ecológica

Un grupo de investigadores de Chile, Argentina y Brasil publicaron un estudio sobre la desigualdad que existe hasta la fecha respecto a la cantidad de artículos científicos e información sobre ecología, entre los países del hemisferio norte y de altos ingresos, en contraste al resto de las regiones del mundo.

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Un estudio publicado en la revista Trends in Ecology and Evolution, señala que en la actualidad existen cinco principales barreras que provocan que exista una desigualdad en cuanto a la ecología, dado que su principal producción y visibilidad se focaliza en su mayoría en el hemisferio norte.

Aníbal Pauchard, investigador chileno del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), junto a un equipo investigativo multidisciplinario de Brasil y Argentina, llegaron a la conclusión de que, para esas cinco barreras existen seis soluciones. El elemento común en todas las brechas existentes tiene que ver con la inequidad de información que existe entre las diferentes regiones, y la posibilidad para poder acceder a esta misma.

Las cinco barreras:

La primera barrera es el lenguaje, dificultades en la comunicación, elemento que se evidencia en la diferencia abismal de artículos publicados sobre ecología en el hemisferio norte en desmedro del resto del mundo. Sin ir más lejos, en Estados Unidos se han publicado 200 mil artículos hasta la fecha, mientras que en Chile y Argentina entre mil y 10 mil artículos ecológicos. Con lo cual la primera barrera es la predominancia del inglés de cara al acceso a la literatura e información relevante sobre el tema. En respuesta a esta brecha, se plantea como solución el apoyo de periódicos a las publicaciones que no provienen de hablantes nativos del inglés. Todos los científicos deben hacer un mayor esfuerzo para incluir publicaciones en otros idiomas.


Financiamiento e Infraestructura: Muchas áreas no tienen el financiamiento ni la infraestructura suficiente, en contraste con el hemisferio norte. En este punto los investigadores dejan en claro que debiese existir un real compromiso con los científicos de las regiones y comunidades menos privilegiadas, y no tan sólo estudiar sus localidades. “La solución global para las fuertes desigualdades en la ciencia requiere de cambios profundos, incluyendo el cómo operan las sociedades y países. Por ello, es probable que no desaparezcan pronto, pero nosotros como personas de las ciencias podemos actuar para minimizar sus consecuencias negativas en la producción y difusión del conocimiento”, enfatizan los autores.

La tercera brecha tiene que ver con la educación y capacitación: No existen las suficientes investigaciones ni formación en determinadas áreas. “América Latina ofrece un buen ejemplo de cómo la investigación ha crecido en las últimas décadas debido en parte, a exitosas colaboraciones internacionales. Sin embargo, aún falta masa crítica, no existen suficientes académicos en nuestros países”, señala Martín Núñez, investigador argentino. La solución a las barreras dos y tres pasa por una investigación inclusiva internacional: Los investigadores de las áreas privilegiadas deben enfocar sus esfuerzos y progreso científico en investigar en aquellas regiones menos privilegiadas.

Los sesgos contra los investigadores en regiones específicas. Existen grupos de personas con más posibilidades de realizar publicaciones, que otras. En este contexto, una de las grandes barreras tiene que ver con la discriminación consciente e inconsciente que exista hacia grupos de investigadores, por ser de una parte determinada del mundo.
Respecto a esta brecha, se tiene por solución la capacitación para detectar y así evitar los prejuicios y sesgos, y establecer mecanismos explícitos para evitar estos mismos. “Hay sesgos de tipo racial y de clases sociales, y el camino es duro y cerrado, incluso dentro de las mismas estructuras académicas, escuelas y ciudades del país. Sin embargo, también existe más apertura para escuchar la diversidad, ya que a través de estas diferencias se pueden encontrar mejores resultados”, afirma Aníbal Pauchard, investigador de IEB.

Por último, la brecha final tiene que ver con las diferencias en la cultura investigativa. Diferencias en los sistemas de hallazgos, estilos y disponibilidad de tiempo para realizar diversos trabajos científicos. “Como investigadores, podemos tener los mismos objetivos generales de comprender la naturaleza, pero no todos seguimos las mismas reglas. Algunos países exigen mucha productividad en la investigación, mientras que otros no esperan que sus investigadores publiquen más de un artículo al año”, concluyen los investigadores.

Ante esta diferencia, la solución que proponen los investigadores latinoamericanos tiene que ver con aceptar la diversidad con empatía y entendimiento, con el fin de respetar los procesos de los diferentes países, pero a su vez que aquellos lugares que hoy llevan la delantera investigativa estén más abiertos a la inclusividad dentro de su propio círculo.

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