Científicos chilenos desmenuzan alarmante informe de la ONU sobre el estado de la biodiversidad

Reporte aborda la urgencia de proteger los ecosistemas naturales, a fin de evitar la extinción masiva de especies, y el peligro que esto implica para la salud humana y seguridad alimentaria, entre otros temas.

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Onicoforo Crédito: Instituto de Ecología y Biodiversidad

La humanidad se encuentra en una encrucijada respecto a su propio bienestar y el legado que dejará a las futuras generaciones, debido al estado actual de muchos ecosistemas y a la propia intervención humana sobre la naturaleza. Así lo advierte el quinto informe de Perspectiva Mundial sobre Diversidad Biológica de la ONU (GBO-5), que fue dado a conocer recientemente.

El documento señala que los estados han fracasado en su intento por proteger y conservar el medio ambiente, y que en el transcurso de esta década sólo se han cumplido, de manera parcial, 6 de las 20 metas propuestas en 2010 (Plan Estratégico de Biodiversidad 2011-2020). La propia secretaria ejecutiva del Comité que elaboró este reporte, Elizabeth Maruma Mrema, comentó los resultados del documento, señalando que la tasa de pérdida de biodiversidad no tiene precedentes en la historia de la humanidad y que las presiones se están intensificando. “Los sistemas vivos de la Tierra en su conjunto están comprometidos y cuanto más la humanidad explota la naturaleza en formas insostenibles, más socava su propio bienestar, seguridad y prosperidad”, indicó.

La actual pandemia por Covid-19 refleja este escenario, que además nos llama a replantear nuestra forma de relacionarnos con la naturaleza, en el contexto de la globalización.  De hecho, el mismo informe advierte que la degradación de nuestros ecosistemas, podría acrecentar el surgimiento y diseminación de nuevas enfermedades alrededor del planeta.  

En ese contexto, el reporte destaca la urgencia de realizar -ahora y no mañana- las acciones para proteger la naturaleza a fin de evitar una sexta extinción masiva. Esta conservación de la biodiversidad es esencial para abordar la salud al largo plazo, y otros temas fundamentales como el cambio climático, la seguridad alimentaria, y la extinción masiva de especies.

¿Qué dicen al respecto los investigadores y ecólogos de Chile? Lohengrin Cavieres, científico del Instituto de Ecología y Biodiversidad, comenta sobre ello: “Lo que revela este informe es que no se están cumpliendo las metas e indicadores que se habrían propuesto los estados y eso significa que vamos a seguir perdiendo biodiversidad. Con esta evidencia, lo que urge es realizar cambios ahora, porque después será muy tarde”, comenta el académico de la Universidad de Concepción.

El científico agrega que la salud del planeta es también la nuestra, y que si continuamos aferrados a un modelo extractivo tan intenso como el que hoy predomina, nuestra población estará cada vez más expuesta a enfermarse y ver perjudicada su calidad de vida.

Juan Armesto, investigador IEB, también opina al respecto: “A nivel planetario, el panorama es más bien negro en cuanto a conservación. La principal causa en la disminución de especies es la pérdida de hábitat, y nosotros lo que hacemos, permanentemente, es destruirlos. Y esto es muy grave, ya que todas las especies cumplen un papel importante en la provisión de servicios ecosistémicos y bienestar a la sociedad”. En ese contexto, el ecólogo señala que otros factores determinantes en la pérdida de biodiversidad son la contaminación de aguas dulces y mares, la sobreexplotación, el cambio climático y las especies invasoras, tal como ocurre en Chile con la introducción del abejorro europeo.

“Si queremos revertir algunos puntos de este informe, necesitamos realizar un esfuerzo mancomunado y para ello, es necesario tener instituciones fuertes y que las autoridades tengan al medioambiente, realmente entre sus prioridades”, asegura Armesto.

Aníbal Pauchard, de IEB, advierte que el informe GBO-5 es lapidario, aunque también denota ciertos progresos en algunas metas.  “Los avances más significativos se observan en materia de conocimiento y concientización, pero la aplicación local de estas políticas es todavía muy incipiente. Los temas en que no ha habido avances significativos es en la sobreexplotación de recursos naturales, la regulación de las actividades forestales, agrícolas y pesquería. Pocas mejoras se ven también en la restauración de ecosistemas degradados, y en el control de las grandes amenazas a la biodiversidad”, afirma el académico de la Universidad de Concepción.

Ocho transiciones necesarias

Pese a este escenario negativo, el informe de la ONU señala que existen algunos casos exitosos de conservación a nivel mundial y también, ocho grandes transiciones necesarias para frenar y detener el declive acelerado de nuestra biodiversidad. Respecto a los avances, se destaca la prevención de la extinción de algunas especies, debido a una mayor protección de ecosistemas en tierra y océanos. El Turón Patinegro Americano, es ejemplo de ello, y una de las siete especies que se salvó de desaparecer, gracias a las acciones de conservación durante la última década. Sin embargo, estas iniciativas aún son insuficientes y se estima que cada día se extinguen alrededor de 100 especies.

Respecto al cambio en las estrategias de intervención humana, el reporte promueve la transformación en diferentes áreas para encaminarlas a la sostenibilidad. En tierras y bosques, se propone conservar ecosistemas intactos, restaurarlos y mitigar el cambio en el USO de suelo, entre otros factores. También, se propone una transición hacia lo sostenible en:  agricultura, sistemas alimentarios, pesquerías y océanos, ciudades e infraestructura, agua dulce, acción climática y en la salud.  Todo esto, también supone impulsar soluciones basadas en la naturaleza que contribuyan al bienestar de la población humana. 

Pero, ¿los estados han invertido ya en esta materia? El informe GBO-5 señala que el financiamiento para la biodiversidad (pública, privada, nacional e internacional) aumentó en algunos países y que en total, se dispone de US$ 78.000-91.000 millones anuales, aproximadamente. No obstante, el documento también afirma que estos recursos no han sido siempre benéficos, apoyando en muchas ocasiones actividades perjudiciales para la biodiversidad. Esto incluye, unos US$ 500.000 millones en combustibles fósiles y otros subsidios que potencialmente causan daños ambientales, U$ 100.000 millones de los cuales se relacionan con la agricultura.

Escenario chileno

La situación también es especialmente compleja para el escenario chileno, según advierten los investigadores.  “Si observamos la realidad de Chile, una de las cosas críticas es que el país no invierte en políticas públicas y programas sólidos que permitan conocer nuestra biodiversidad, saber dónde la tenemos y en qué estado se encuentra. Las actuales iniciativas que hay en Chile más bien se quedan en el papel y son absolutamente insuficientes aún”, comenta Lohengrin Cavieres.

Nélida Pohl, directora de comunicaciones del IEB, señala que no le sorprenden los resultados, “pues aunque abunden los informes y en el discurso reine la buena voluntad, es evidente que eso no se traduce en hechos. Y el papel aguanta todo”.

“Por ejemplo, hace unos días se difundió que Chile lideraba el ranking de avances en términos de los Objetivos de Desarrollo Sustentable a nivel Latinoamericano, pero si analizamos el caso en serio, vemos que en lo único que hemos avanzado es en elaborar informes. Vamos punto por punto. En términos de compromisos por el clima, Chile está estancado, en biodiversidad el país ha empeorado su desempeño, en presupuestos asignados a alcanzar los objetivos de desarrollo sustentable y estrategias asociadas, no estamos cumpliendo tampoco. En lo único que estamos cumpliendo, razón por la que estamos bien arriba en el ranking, es en la generación de informes y estrategias sobre medio ambiente”, asegura la presidenta de ACHIPEC.

Dicho panorama, nos advierte dos cosas, según Pohl. En primer lugar, que Chile no cumple. Y por otro lado, pone en duda la utilidad de los Objetivos de Desarrollo Sustentable como herramienta, que se ha visto “no ayudan realmente a conservar la biodiversidad, de la que, recordémoslo, nuestras vidas dependen”.

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