La aprobación ambiental del proyecto inmobiliario Alto Santorini volvió a poner en discusión la forma en que se planifican y autorizan iniciativas en zonas costeras. El proyecto, que contempla una inversión de US$43,6 millones y se emplaza en las cercanías de las dunas de Concón, obtuvo una Resolución de Calificación Ambiental (RCA) favorable en julio de 2026, tras ser sometido a un Estudio de Impacto Ambiental.
Sin embargo, una investigación de CIPER dio cuenta de que el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) durante la evaluación formuló observaciones sobre un posible peligro de remociones en masa en el área del proyecto y solicitó antecedentes adicionales para evaluar este riesgo. Pese a ello, Alto Santorini obtuvo una aprobación ambiental que incorporó la remoción en masa dentro de sus medidas de prevención y emergencia.
Frente a este caso, surgen varias preguntas entre ellas ¿hasta qué punto las medidas de contingencia son suficientes frente a peligros identificados? y sobre la importancia de evaluar las características del territorio antes de autorizar proyectos que están expuestos a múltiples amenazas naturales y que, al mismo tiempo, cumplen funciones ambientales y de protección.
Para abordar este tema, Codexverde conversó con Carolina Martínez, directora del Centro UC Observatorio de la Costa y académica del Instituto de Geografía UC, quien analiza la importancia de considerar la dinámica natural de la costa, el riesgo de desastres y el rol de las dunas en la planificación territorial.
Evaluar el territorio antes de construir

En el contexto actual de agilización de permisos para proyectos de inversión, ¿por qué es importante considerar las características y riesgos propios del territorio antes de aprobar proyectos, especialmente cuando se trata de zonas costeras?
Agilizar los procesos de evaluación y autorización de proyectos no puede significar agilizar también la ocupación de territorios sin considerar sus características naturales y los riesgos a los que están expuestos. En las zonas costeras esto es especialmente importante, porque estamos frente a territorios dinámicos, donde interactúan procesos terrestres y marinos y que están sometidos a amenazas como erosión, inundaciones, marejadas, remociones en masa, terremotos y tsunamis.
La evidencia científica nos muestra que cuando la planificación territorial no reconoce estos procesos, aumenta la exposición de las personas y de las propias inversiones. Por eso, una evaluación adecuada del territorio no debería entenderse como un obstáculo para el desarrollo, sino como una condición para que ese desarrollo sea sostenible y seguro en el largo plazo.
En un escenario de cambio climático, además, debemos considerar que las condiciones que hoy observamos no necesariamente serán las mismas en las próximas décadas. El aumento del nivel del mar, la erosión costera y la mayor exposición a eventos extremos hacen todavía más necesario incorporar información científica y criterios de adaptación en las decisiones sobre dónde y cómo construir.
En el caso del proyecto Alto Santorini, Sernageomin advirtió sobre un posible peligro de remociones en masa. Desde la perspectiva del riesgo de desastres, ¿qué importancia tiene identificar y evaluar estos peligros antes de construir en una zona como las dunas de Concón?
La identificación de los peligros naturales antes de autorizar un proyecto es fundamental para poder determinar adecuadamente sus condiciones de emplazamiento y evitar que una amenaza existente se transforme posteriormente en un desastre. Si existen antecedentes técnicos que advierten sobre posibles procesos de remoción en masa, estos deben ser considerados seriamente dentro de la evaluación del riesgo.
En el caso de las dunas de Concón, estamos frente a un sistema geomorfológico particularmente frágil y de gran antigüedad, que no puede ser entendido simplemente como un terreno disponible para urbanizar. La evidencia científica acumulada durante décadas muestra que estos sistemas tienen una dinámica y una capacidad de carga determinadas, y que su intervención puede desencadenar procesos de degradación y aumentar la exposición de las personas y de las infraestructuras.
Lo importante es comprender que el riesgo no depende solamente de la existencia de una amenaza. Se produce por la interacción entre esa amenaza, la exposición y la vulnerabilidad. Por eso, identificar los peligros antes de construir es una de las herramientas fundamentales para evitar que las decisiones de hoy terminen generando nuevos escenarios de riesgo mañana.
Una costa que cambia y acumula nuevas amenazas
La situación de Concón se inserta en un escenario de transformación de las costas chilenas. El Observatorio de la Costa señala que el 86% de las playas analizadas en Chile presenta erosión, un fenómeno que aumenta la vulnerabilidad de estos territorios frente a distintas amenazas costeras y que sumando las lluvias extremas, aumento de caudales y marejadas puede producir cambios aún más rápidos.
Las zonas costeras están expuestas a distintas amenazas, como erosión, marejadas, inundaciones, socavones y remociones en masa. ¿Qué particularidades tiene este tipo de territorio y qué riesgos puede generar una ocupación que no considere adecuadamente su dinámica natural?
La zona costera es una interfaz dinámica entre el continente y el océano. En ella interactúan permanentemente procesos asociados al oleaje, las mareas, el viento, los sedimentos, los ríos y las condiciones geológicas y geomorfológicas del territorio. Por eso, no podemos analizarla como si fuera un espacio estático.
Además, en Chile esta condición adquiere especial relevancia porque vivimos en un margen continental altamente activo, expuesto a terremotos y tsunamis, a lo que hoy se agregan los efectos del cambio climático, como el aumento del nivel del mar y la intensificación de determinados eventos extremos.
Cuando ocupamos estos territorios sin considerar su dinámica natural, podemos alterar procesos que son fundamentales para su estabilidad y, al mismo tiempo, aumentar la exposición de la población. Un ejemplo muy claro son los socavones registrados en las dunas de Concón y Reñaca: no son simplemente problemas asociados a determinados sistemas de evacuación de aguas, sino que deben analizarse dentro de un sistema territorial mucho más amplio, donde la urbanización ha modificado las condiciones naturales del terreno.
Dunas: una infraestructura natural frente al riesgo
Frente a este escenario, el rol que cumplen las dunas adquiere una importancia que va más allá de su valor ecológico o paisajístico. Se trata de sistemas que forman parte de la dinámica natural de la costa y cuya intervención puede modificar procesos fundamentales para su estabilidad.
En el caso de las dunas de Concón, ¿qué función cumplen estos ecosistemas frente a las amenazas costeras y qué puede ocurrir cuando son intervenidos o urbanizados?
Las dunas cumplen funciones ecológicas y geomorfológicas fundamentales. Son parte de un sistema costero que permite almacenar y movilizar sedimentos y, dependiendo de sus características, pueden contribuir a disipar la energía asociada a eventos extremos. Por eso hablamos de ellas como parte de una infraestructura natural de protección.
Las dunas de Concón tienen además características muy particulares. Se trata de antiguas dunas colgadas sobre una terraza marina, un sistema de aproximadamente 10 mil años de antigüedad y único en Chile. Su fragilidad no es compatible con niveles de urbanización que alteren significativamente sus condiciones naturales.
Cuando estos ecosistemas son intervenidos, se pueden modificar los flujos de agua, la estabilidad de los sedimentos y otros procesos geomorfológicos. Esto puede favorecer su degradación y generar condiciones que aumenten el riesgo para las construcciones y las personas. Lo ocurrido con los socavones en Concón constituye una señal muy clara de las consecuencias que puede tener no reconocer los límites naturales de estos sistemas.
La protección de las dunas, por lo tanto, no debe entenderse únicamente desde una perspectiva ambiental. También es una medida de prevención y reducción del riesgo de desastres.
Planificar para prevenir
A partir de este caso, ¿qué deberíamos aprender sobre la forma en que se planifican y autorizan proyectos en zonas costeras para evitar que las decisiones que tomamos hoy terminen aumentando el riesgo de desastres para las personas y el territorio en el futuro?
La principal lección es que necesitamos cambiar la forma en que entendemos y planificamos la zona costera. No podemos seguir tomando decisiones proyecto por proyecto, de manera fragmentada, sin considerar cómo cada intervención afecta el funcionamiento del sistema completo.
Chile necesita avanzar hacia una Ley de Costas que considere la gestión integrada de nuestras zonas costeras, que incorpore la evidencia científica, los riesgos naturales, el cambio climático, la protección de los ecosistemas y también la participación de las comunidades. Esto requiere contar con reglas claras sobre qué territorios pueden ser ocupados, bajo qué condiciones y cuáles deben ser preservados por su importancia ambiental y por su función en la reducción del riesgo.
Los casos de Concón y Reñaca nos muestran que muchas veces no estamos frente a riesgos desconocidos. La ciencia ha advertido durante años sobre la fragilidad de estos ecosistemas y sobre las consecuencias de sobrepasar su capacidad de carga. El desafío es que ese conocimiento llegue efectivamente a las decisiones públicas.
No se trata de detener el desarrollo, sino de hacerlo compatible con las características y los límites del territorio. Si queremos construir ciudades costeras resilientes frente al cambio climático, debemos dejar de reaccionar después de que ocurra el desastre y comenzar a prevenirlo desde la planificación.





