UTEM explora el potencial de los hongos para una construcción más sostenible en Chile

La investigación utiliza micelios —la estructura filamentosa de los hongos— para desarrollar paneles que podrían sustituir materiales derivados del petróleo y avanzar hacia soluciones de menor impacto ambiental para la industria de la construcción.

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Un equipo de investigadores está desarrollando paneles aislantes a partir de micelios de hongos, con el objetivo de crear una alternativa biodegradable al poliestireno expandido, conocido como plumavit y ampliamente utilizado en la construcción.

El proyecto busca aprovechar las propiedades del micelio, estructura filamentosa de los hongos que puede crecer sobre distintos residuos orgánicos y formar materiales con características útiles para aplicaciones constructivas. La iniciativa ya cuenta con un primer prototipo de 50 x 50 centímetros y cinco centímetros de espesor, que comenzará su etapa de ensayos.

La propuesta apunta a reducir la dependencia de materiales derivados del petróleo y avanzar hacia soluciones que, al finalizar su vida útil, puedan tener un menor impacto ambiental. Al mismo tiempo, el equipo busca demostrar que los biomateriales pueden convertirse en alternativas aplicables a las necesidades de la construcción en Chile.

Del micelio a un panel para la construcción

La investigación comenzó en 2022, cuando la arquitecta y académica de la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM), Suzanne Segeur Villanueva, quien ya trabajaba en el desarrollo de materiales reciclados y biobasados, decidió impulsar una nueva línea de investigación junto al entonces estudiante Alan Bastías, interesado en estudiar el potencial de los micelios para la construcción.

«Había dos razones. Yo venía trabajando hace tiempo con materiales reciclados y sustentables, como las algas y otros biomateriales, y uno de los estudiantes que participaba en esos proyectos quería desarrollar su investigación de título sobre micelios. Así comenzamos a trabajar juntos», explica Segeur.

Tras revisar investigaciones desarrolladas en el extranjero sobre el uso de micelios para fabricar bloques, revestimientos y materiales aislantes, el equipo decidió desarrollar una investigación propia, adaptada a las condiciones y necesidades del país.

El desarrollo de estos paneles ha requerido avanzar en distintas líneas de investigación que, de manera complementaria, han permitido consolidar el proyecto. Una de ellas corresponde al cultivo de micelios, que actualmente alcanzó un Nivel de Madurez Tecnológica (TRL) 4, equivalente a una tecnología validada en laboratorio. El equipo espera avanzar hacia un TRL 5 o 6 antes de finalizar el año, lo que permitiría validar el material en entornos similares a los reales y postular a nuevas fuentes de financiamiento.

«Esperamos que a fines de este año podamos validar un TRL 5 o 6, lo que nos permitirá seguir escalando el proyecto y acceder a nuevos fondos para continuar su desarrollo», señala la académica.

En paralelo, otra línea de investigación avanza hacia la validación de un TRL 4, requisito que permitirá postular nuevamente a fondos de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID).

Un biomaterial que busca llegar a viviendas

Más allá del desarrollo del prototipo, uno de los objetivos del equipo es que el material pueda escalar desde el laboratorio hacia aplicaciones concretas en la construcción. Las proyecciones apuntan a que, si el desarrollo continúa según lo previsto, en un plazo máximo de dos años sea posible fabricar módulos habitables utilizando este biomaterial.

Actualmente, el equipo trabaja en optimizar el proceso de producción de los paneles. Como referencia, alrededor de tres kilos de aserrín permiten cultivar un panel de aproximadamente 50 x 50 centímetros y cinco centímetros de espesor, aunque la cantidad puede variar según la densidad, humedad y la cepa de micelio utilizada.

El proyecto también busca abrir nuevas oportunidades para el desarrollo de biomateriales en Chile, fortaleciendo la investigación aplicada y la transferencia tecnológica hacia la industria de la construcción.

El desafío de escalar la innovación

Pese a los avances, uno de los principales desafíos continúa siendo el financiamiento. Hasta ahora, la investigación ha recibido alrededor de 13 millones de pesos provenientes de distintos fondos, un monto significativamente menor al destinado a proyectos similares desarrollados en otros países, donde las inversiones alcanzan cifras millonarias en dólares.

«En esos países estos materiales suelen comercializarse como productos de lujo, por lo que solo un segmento muy reducido puede acceder a ellos. Nuestra intención es distinta: buscamos desarrollar una solución que pueda aportar a una construcción más sostenible y accesible para Chile», afirma Segeur.

El equipo espera que el desarrollo de esta tecnología permita avanzar hacia una alternativa real para la construcción sostenible.

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