La silvicultura preventiva como eje de una estrategia integral frente a los incendios forestales

El mejor incendio es el que no se produce y, por ello, la silvicultura preventiva es una más de las múltiples herramientas que empresas, el gobierno central y los gobiernos locales tienen para reducir el riesgo de propagación de incendios forestales a sectores urbanos o periurbanos.

Créditos: Conaf.

Al abordar la temática de los incendios forestales, tanto en Chile como en el resto del mundo, es frecuente que el interés se concentre en el presupuesto asignado para la temporada, en el número de brigadistas y de equipos aéreos contratados. Sin embargo, poco se menciona una labor fundamental que se efectúa fuera de temporada para minimizar el riesgo de incendios. Nos referimos a las acciones de silvicultura preventiva, entendidas como aquel manejo de las masas forestales con el propósito de modificar la estructura del combustible disponible y así satisfacer los objetivos de protección contra incendios.

Héctor Espinoza, director Colegio de Ingenieros Forestales Biobío-Ñuble y encargado Incendios Forestales Sociedad Nacional Forestal.

Dentro de las acciones que conforman la silvicultura preventiva está la eliminación de material combustible, tanto fino como leñoso (hojas y ramas), el ordenamiento de desechos de operaciones forestales, o el traslado y conversión del material susceptible de propagar un fuego.

Estas acciones son especialmente relevantes en la interfaz urbano forestal, ya que gestionar esta es clave para proteger a las comunidades que viven y colindan con los distintos tipos de cobertura vegetal, sean estas plantaciones forestales, bosques naturales u otras formaciones arbustivas. En el caso particular de la interfaz, se busca reducir la densidad de la vegetación presente, variando la intensidad de esta reducción de acuerdo con la cercanía de la vegetación a las personas y sus viviendas.

Pese a la importancia de aplicar medidas de silvicultura preventiva en la interfaz urbano forestal de manera prioritaria, las acciones de prevención también se implementan en el resto del patrimonio forestal, priorizando las áreas con mayor riesgo potencial, dada la topografía, presencia de factores de riesgo e historial de cada predio.

Como se mencionó, esta actividad es menos visible para la comunidad que aquellas relacionadas con el combate, sin embargo, siempre ha estado presente como parte integral de la estrategia para enfrentar los incendios forestales. Es a partir de la temporada 2016-2017, denominada como tormenta de fuego y la destrucción del pueblo de Santa Olga en la Región del Maule, que todos los actores vinculados a esta materia (empresas, gobierno, municipios y población en general) reconocieron la urgencia por incrementar los esfuerzos preventivos en una estrategia que contemple trabajar durante todo el año y no solo durante la temporada de incendios. Este trabajo de contratemporada debe orientarse a la construcción de cortafuegos y gestión del material combustible, para reducir la continuidad de la vegetación y evitar una rápida propagación del fuego.

En la actualidad, y a casi cinco años de la tragedia de Santa Olga, se han fortalecido los programas permanentes en las empresas, junto con una mayor sensibilización en muchos municipios que conviven con vegetación forestal, todo lo cual ha permitido implementar iniciativas público-privadas en materia de silvicultura preventiva. Asimismo, se han establecido normas más exigentes conducentes a que los municipios elaboren de manera obligatoria planes de contingencia ante desastres, preparando a la población ante escenarios de riesgo de propagación del fuego a viviendas.

El mejor incendio es el que no se produce y, por ello, la silvicultura preventiva es una más de las múltiples herramientas que empresas, el gobierno central y los gobiernos locales tienen para reducir el riesgo de propagación de incendios forestales a sectores urbanos o periurbanos. Además, posee otro beneficio, ya que permite involucrar a la ciudadanía en su propia protección, permitiéndole internalizar los riesgos que incurren al instalar sus viviendas en zonas de riesgo o bien desarrollar acciones que pueden eventualmente posibilitar la generación de incendios.

Las fajas cortafuegos (izquierda) y la reducción de la densidad en áreas colindantes a viviendas (derecha) son herramientas fundamentales de la silvicultura preventiva.

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