Hidrógeno verde: ¿Necesario para descarbonizar?

Lamentablemente, frente a toda la conveniencia que pareciera traer consigo el hidrógeno, hay un aspecto que impide todo lo anterior, y no es otro que el económico: los altos costos que tiene hoy la producción y transporte del hidrógeno hacen que aún no pueda ser competitivo en relación a los combustibles fósiles

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Ya denominado el “combustible del futuro”, desde hace un tiempo a la fecha en Chile se ha comenzado a hablar fuertemente del hidrógeno verde y de las posibilidades que éste ofrecería. Pero, ¿Qué es y cómo se produce? ¿Estamos realmente frente a una oportunidad para la necesaria descarbonización de nuestra matriz energética? Estas son solo algunas de las preguntas que nos hemos comenzado a formular en un contexto global marcado por la urgencia de generar acciones para enfrentar la crisis climática y avanzar hacia la carbono neutralidad, compromisos asumidos también por nuestro país para las próximas décadas.

El hidrógeno como tal es uno de los elementos más abundantes de la Tierra, pero no por ello fácil de obtener, ya que no se encuentra de forma aislada en la naturaleza. Se puede extraer a partir de otras sustancias que lo contienen, como el agua, el carbón o el gas natural, y si bien la forma más económica y utilizada para obtenerlo es a través de los hidrocarburos, esto es muy poco amigable con el medioambiente pues exige contar con combustibles fósiles. Sin embargo, existe otro mecanismo que permite obtener hidrógeno solo a base de agua y energía mediante un proceso llamado electrólisis, donde la energía requerida para obtener el hidrógeno proviene de fuentes renovables como la solar o eólica. La utilización de este proceso le permite al hidrógeno adoptar su carácter de “verde”, haciendo referencia a la huella de carbono que deja el proceso de su obtención cuando no se produce en base a combustibles fósiles.

Los beneficios del hidrógeno verde para nuestro país parecieran ser múltiples ya que, por ejemplo, se podría reemplazar al diésel en el transporte pesado –considerando las dificultades de utilizar un sustituto como la electricidad–, logrando que un sector como el minero pudiese tener una producción de cobre “cero emisiones”. Además, si consideramos que nuestro país es privilegiado por poseer una alta capacidad de radiación solar y uno de los lugares con mayores recursos eólicos del mundo, pareciera ser el escenario ideal para lo que el ministro de Energía, Juan Carlos Jobet, ha mencionado como un objetivo: antes de que termine esta década, nuestro país podría encontrarse exportando energía limpia al mundo, llegando a posicionar la industria del hidrógeno a un nivel tan grande como la del cobre en el año 2050. Sin embargo, el desarrollo e implementación de la tecnología para la producción de hidrógeno verde todavía debe resolver algunos problemas, como la cantidad de agua que se utiliza en el proceso o la forma en que se almacena y transporta.

Lamentablemente, frente a toda la conveniencia que pareciera traer consigo el hidrógeno, hay un aspecto que impide todo lo anterior, y no es otro que el económico: los altos costos que tiene hoy la producción y transporte del hidrógeno hacen que aún no pueda ser competitivo en relación a los combustibles fósiles. Esto ha sido señalado como limitante, por ejemplo, para la utilización del hidrógeno como combustible en centrales eléctricas, donde se necesitaría que los gobiernos, junto con incorporar correctamente el costo de la contaminación por carbono en el uso de combustibles sucios, lo duplicarán, para recién en 2050 contar con centrales de hidrógeno competitivas en costos con aquellas que usan combustibles fósiles.

Según el informe de BloombergNEF, quemar hidrógeno para obtener electricidad podría funcionar económicamente si los precios de emisión por tonelada de dióxido de carbono aumentaran a US$55, pero hay que recordar que en Chile, a pesar de los cambios realizados en la reforma tributaria durante este año al impuesto verde que justamente grava esto, su valor no fue elevado y tristemente se mantuvo en sólo US$5 por tonelada de CO₂, es decir, 10 veces menos de lo que se necesita.

Por razones como ésta, y a pesar que durante este año el Ministerio de Energía ha lanzado la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde, desde Fundación Terram llamamos a ser cautos con este tipo de iniciativas, ya que además aún no se conocen con claridad los impactos ambientales asociados al alto consumo de agua, a las formas de disposición y transporte que puede tener una incipiente industria como ésta. Asimismo, no es necesario esperar hasta el año 2050 para viabilizar la descarbonización, como tampoco es necesario el hidrógeno verde para ello, pues aumentar el valor del impuesto verde y acelerar el cierre de centrales a carbón, solo por mencionar algunos ejemplos, son medidas que podrían desde ya contribuir a descarbonizar y mejorar la calidad de vida de nuestras comunidades locales, así como incidir en la pronta limpieza que tanto nuestra matriz eléctrica como el planeta necesitan.

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