De la NASA a las calles

Sé que la mayoría ha oído hablar de los vehículos eléctricos, y de cómo utilizarlos ayuda a combatir el cambio climático gracias a su huella verde (siempre y cuando la energía proceda de recursos renovables), lo cual nos lleva a preguntarnos, ¿Por qué no se han masificado aún? La respuesta a esto se encuentra en su batería. Su importancia es fundamental, ya que de ella depende la autonomía, precio, velocidad de recarga y vida útil del vehículo. Pero a pesar de que día a día estas baterías están mejorando, los vehículos eléctricos aún están limitados por el tipo que utilizan.

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Por lo general se suele asociar la NASA con tecnología de punta, es la cuna de la innovación con respecto a muchos temas, especialmente con el espacio y universo. Pero, ¿Qué pensarían si les digo que esta tecnología podría estar a tu alcance?

Estivaliz Rosales, estudiante de cuarto año de Ingeniería Civil Industrial de la Universidad Adolfo Ibáñez.

Sé que la mayoría ha oído hablar de los vehículos eléctricos, y de cómo utilizarlos ayuda a combatir el cambio climático gracias a su huella verde (siempre y cuando la energía proceda de recursos renovables), lo cual nos lleva a preguntarnos, ¿Por qué no se han masificado aún? La respuesta a esto se encuentra en su batería. Su importancia es fundamental, ya que de ella depende la autonomía, precio, velocidad de recarga y vida útil del vehículo. Pero a pesar de que día a día estas baterías están mejorando, los vehículos eléctricos aún están limitados por el tipo que utilizan.

En la década de 1970 comenzó a desarrollarse un nuevo tipo de batería, llamada batería de flujo (o flow cell), que funciona con dos componentes químicos, disueltos en líquidos y separados por una membrana con el fin de facilitar el intercambio de iones. Esta tecnología fue patentada por la NASA en 1976 para mejorar el almacenamiento de energía en los vuelos espaciales.

Ahora, ¿Que tiene que ver todo esto con los vehículos eléctricos? La compañía nanoFlowCell, está utilizando las baterías de flujo, y con estas ha sacado un prototipo llamado Quant e-Sportlimousine, el cual no está a la venta y solo se utiliza a modo de “laboratorio”. La tecnología que utiliza la batería de este vehículo se basa en la reacción óxido-reducción (redox), lo que significa que cuenta con dos depósitos con sales metálicas que contienen electrolitos ionizados. Esto quiere decir que en teoría es un vehículo que se podría alimentar con agua de mar.

Lo cierto es que las probabilidades de tener la tecnología de la NASA en las calles y a nuestro alcance son cada día mayor. Frente a otras alternativas, las baterías de flujo tienen varias ventajas, como por ejemplo la degradación que hacen que con el tiempo los acumuladores tengan pérdidas por descarga, se vean muy reducidas y tampoco bajan su rendimiento con el frío.

Solo nos queda estar atentos a todos los avances de la electromovilidad, ya que este es el futuro del transporte.

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