¿Cuánto oro vale una chinchilla?

Aunque las chinchillas se pueden trasladar como ya lo están haciendo en dicho proyecto, lo que cumple con la ley chilena, los científicos y biólogos conservacionistas cuestionan la viabilidad de estas acciones ya que ningún estudio respalda estas intervenciones ni muestran su viabilidad.

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El oro ha fascinado a los humanos por milenios. Los alquimistas lo admiraban por sus propiedades únicas y los ricos por el estatus de poder que brindaba. Asimismo, el pelaje más fino del mundo, el de las chinchillas, ha sido muy apreciado por los nobles de los pueblos aborígenes latinoamericanos a lo largo de los Andes centrales desde la época precolombina, de hecho, se equiparaba a su peso en oro. Tal valor por el oro y aprecio por la piel de las chinchillas impulsó, primero, a los conquistadores a matar, dominar y extraer estos recursos. Más recientemente, impulsados por la moda de los ricos y los mercados de pieles del norte, los “chinchilleros” persiguieron a estos pequeños mamíferos hasta los confines más lejanos y remotos de su distribución, hasta el punto de llevar a las chinchillas al borde de la extinción. Al igual que la explotación destructiva de las chinchillas, la extracción de oro ha destruido, y continúa destruyendo, bosques y cuencas hidrográficas vírgenes en todo el mundo.

Los especialistas reconocen dos especies de chinchilla, la de cola larga o costina (Chinchilla lanigera) y la de cola corta o andina (Chinchilla chinchilla). Aun teniendo diferentes ecologías y distribuciones, tienen historias similares. Después de haber sido consideradas extintas durante muchos años, solo recientemente se han descubierto unas pocas colonias dispersas de chinchillas en algunos de los lugares más inhóspitos y remotos de la Tierra, probablemente recuperándose de una de las persecuciones humanas más intensas registradas. Millones de estos animales fueron muertos para vestir la moda del norte. Recientemente se han descubierto grandes cantidades de oro debajo de unas pocas colonias de chinchillas en los altos Andes.

Un ejemplo de esto y que ha estado recientemente en las noticias es el caso de los sitios mineros de Gold Fields en el norte de Chile. En uno de sus artículos, Ed Stoddard reporta que estos sitios contendrían hasta 3.5 millones de onzas de oro extraíble, una cantidad tan grande que es casi imposible de imaginar. Esta empresa minera sudafricana ya está en funcionamiento y lista para explotar este valioso mineral, pero se enfrenta al hecho de que las chinchillas están consideradas en peligro de extinción por la legislación nacional e internacional. Además, la especie también es considerada un monumento natural por el gobierno chileno. Aunque las chinchillas se pueden trasladar como ya lo están haciendo en dicho proyecto, lo que cumple con la ley chilena, los científicos y biólogos conservacionistas cuestionan la viabilidad de estas acciones ya que ningún estudio respalda estas intervenciones ni muestran su viabilidad. Es más, a raíz de estas intervenciones de “manejo” han muerto ya varias chinchillas, lo que ha resultado en que el Ministerio del Medio Ambiente, a través de su subsecretaría -amparada en la ley de bases del medio ambiente- ha resuelto que las operaciones de este gran proyecto no pueden seguir. Esta situación ha generado la respuesta de los especialistas abajo firmantes como una carta que fue recientemente publicada por la revista Science, una de las más prestigiosas a nivel mundial.

Otro ejemplo más reciente ha ocurrido, también en la Región de Atacama, con el proyecto de extracción de oro de la empresa chilena Fenix Gold. La ONG Terram describe este caso en una nota. Aquí los cuestionamientos principales por la misma autoridad ambiental igualmente involucran a los impactos potenciales sobre el hábitat y el alimento de las chinchillas, los que podrían estar comprometidos y así afectar a las chinchillas con las operaciones mineras. Este segundo caso de explotación de oro en las altas cumbres al oeste de Copiapó igualmente ha sido paralizado por el Ministerio del Medio Ambiente. A diferencia del primero, pareciera que en este caso primó el principio precautorio que recomienda la Unión para la Conservación de la Naturaleza (UICN), ya que la minera no pudo comprobar que los roedores no fueran a ser impactados.

En consecuencia, nos preguntamos ¿Qué evidencia con base científica utilizan las personas actualmente a cargo de las translocaciones para respaldar sus acciones? ¿Cuál es la evidencia crítica que lleva a una decisión u otra? A su vez, consultores pagados por las empresas mineras de oro están presionando y quieren bajar los estándares de la legislación nacional a favor de sus clientes.

Las empresas mineras solo están haciendo lo que el marco legal les permite. En Chile, el Estado administra la Ley de Bases del Medio Ambiente y tiene la obligación de velar por que los proyectos extractivos no dañen la biodiversidad del país. En particular con Gold Fields, los permisos ya habían sido emitidos, pero los fiscalizadores, frente a las acciones de mitigación de la empresa y sus resultados, han ordenado la detención de la faena frente a lo que parecían ser negligencias humanas en el manejo de las chinchillas traslocadas y en otras irregularidades en el proceso. Más allá de la legalidad de las acciones de una determinada empresa, hay un cuestionamiento ético en algunas políticas extractivistas que tratan a nuestra fauna como meros recursos o mercancías para comerciar en los marcados de una manera utilitaria, o ven en ellos un “estorbo” a los objetivos productivos.

A pesar de haber subsidiado la vida de muchos chinchilleros en la antigüedad y de haber vestido a ricos y poderosos, la ecología de las chinchillas es literalmente desconocida. Estas chinchillas, especialmente la de cola corta, tienen una existencia en el límite y viven en uno de los ambientes más extremos conocidos para un mamífero: en afloramientos rocosos casi desolados, a más de 4.000 m de altitud, con pastos dispersos y escasa alimentación, con limitadas madrigueras para escapar a los depredadores, con sequedad extrema, con intensos niveles de radiación, temperaturas bajo cero y cubiertos por nieve la mayor parte del año.

Los científicos creen que perturbaciones como la minería, pueden amenazar aún más a esta especie. Un ejemplo de ello son la reciente mortalidad de dos individuos -sin causa explicada- y a un tercero reportado con las patas quebradas debido a un mal manejo en el caso de Gold Fields. Al vivir en grupos pequeños y dispersos, al ser una especie social, que habita un ambiente extremo y al reproducirse lentamente, estos animales están al borde de la existencia y viven en un equilibrio muy frágil y dinámico. Ni la ciencia ni los ciudadanos comunes se benefician de las grandes cantidades de dinero gastadas por las empresas mineras en estudios básicos, los que casi nunca son revisados ni avalados por pares. ¿Cómo ayuda esto a nuestra comprensión de las chinchillas, de su ecosistema y de su conservación como especie y de su ambiente? Creemos que estos y estudios más detallados son fundamentales para entender la complejidad de estos ecosistemas y poder tomar medidas mejor informadas.

Los abajo firmantes, no estamos en contra de las actividades extractivas, sino que hablamos por aquellos seres no humanos que no pueden opinar y defenderse por sí mismos. El mundo científico requiere que cualquier programa de gestión riesgoso, y más si es de la envergadura que sugiere la traslocación de una población de una especie en peligro de extinción, se base en protocolos detallados y cuidadosamente probados. Este programa y sus protocolos, procesos, actividades y resultados, harán historia, y más importante, sentarán un precedente legal y de facto. Es por esto qué invitamos a los tomadores de decisiones a cumplir con la normativa para casos complejos como este, de manera que las acciones que vayan a ser tomadas se justifiquen plenamente en evidencia y bases sólidas. Los científicos, conservacionistas y consultores no están en contra de la minería, pero creen que antes de que el hábitat de la chinchilla u otras especies en peligro sean completamente destruidos, la viabilidad de las translocaciones u otras acciones de manejo deberían ser evaluadas y probadas a fondo. Mientras tanto, el principio precautorio, que es la regla de oro acordada por los principales expertos, debería prevalecer. Igualmente destacamos las acciones del Ministerio del Medio Ambiente por aplicar de manera estricta la normativa ambiental. Este es un ejemplo que ojalá se mantenga y que se aplique en otros casos en Chile y que este modelo sea seguido por nuestros vecinos, donde se prevén situaciones similares, ya sea con chinchillas o con otros componentes de la biodiversidad protegidos por la ley.

Firman esta columna:

Jaime E. Jiménez, Ph.D.
Profesor Titular
University of North Texas, EE.UU.
Biólogo de fauna silvestre chileno y Especialista en Chinchillas
Miembro Grupo Especialistas en Pequeños Mamíferos UICN

Eduardo Pavez
Médico Veterinario. Doctor en Ciencias Veterinarias
Consultor especialista en fauna silvestre

Dr. Pablo Valladares Faúndez
Departamento de Biología
Facultad de Ciencias
Universidad de Tarapacá

Amy Deane
International Union for the Conservation of Nature
Species Survival Commission
Small Mammal Specialist Group
Chinchilla Species Coordinator

Luis F. Pacheco, Doctor en Ciencias
Profesor
Carrera de Biología
Universidad Mayor de San Andrés, La Paz, Bolivia
Bolivia (miembro de la Sociedad de Biología de Chile)

Jorge Salazar
Biological Sciences &
Director, International Center for Arid and Semiarid Land Studies
Texas Tech University, EE.UU.

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