Buscan eliminar plásticos problemáticos e innecesarios en frutas y verduras

La iniciativa liderada por Fundación Chile y Global Methane Hub estudiará la contaminación de residuos orgánicos y evaluará alternativas de reemplazo. El programa se extenderá hasta junio de 2028, con la colaboración de los Pactos de los Plásticos de México, Colombia y Chile.

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Cedida Pacto Chileno de los Plásticos

Identificar qué plásticos en frutas y verduras pueden eliminarse o reemplazarse para evitar que contaminen los residuos destinados al compostaje es el objetivo de un programa impulsado por Fundación Chile, en alianza con Global Methane Hub. Entre los materiales que analizará están las etiquetas adhesivas, las mallas y las bolsas que acompañan a estos alimentos.

La iniciativa comienza con una brecha de información: sus responsables advierten que todavía no se conoce la magnitud de esta contaminación en Chile y Latinoamérica. Por ello, antes de implementar soluciones, desarrollarán un diagnóstico técnico, ambiental y económico que permita evaluar las alternativas disponibles.

Etiquetas de frutas: pequeñas y difíciles de separar

Uno de los focos son las etiquetas adhesivas conocidas como PLU, por la expresión en inglés Price Look-Up, utilizadas para identificar productos. Su pequeño tamaño dificulta retirarlas cuando llegan mezcladas con restos de alimentos a las plantas de compostaje.

“Sabemos que es un problema, pero no conocemos su magnitud en Chile ni en Latinoamérica, y yo diría que a nivel mundial hay poca información”, explica Maximiliano Frey, jefe de proyectos del Pacto Chileno de los Plásticos de Fundación Chile.

El reporte estará a cargo de Guillermo González, especialista en economía circular de Raigal Consultores. Según señala, en las instalaciones se encuentran etiquetas, mallas, bolsas y otros materiales plásticos que pueden fragmentarse y permanecer en el compost.

“La idea es identificar cuáles de estos plásticos pueden ser reemplazados o eliminados en la cadena de frutas y verduras, para que el compostaje pueda masificarse sin generar un problema de contaminación por plásticos, y con ello avanzar en la reducción de emisiones de metano”, sostiene González.

La dificultad también es reconocida por Armony, empresa dedicada al compostaje y socia del Pacto Chileno de los Plásticos. Su gerente de Marketing y Asuntos Corporativos, Carolina Rivera, explica que estos elementos demandan mayores esfuerzos de separación para evitar que lleguen al producto final.

“La calidad del compost comienza con la calidad de la materia orgánica que recibimos”, afirma Rivera, quien plantea la necesidad de abordar la contaminación desde su origen y con participación de toda la cadena de valor.

Compostaje y reducción de metano

El programa vincula la reducción de plásticos en frutas y verduras con la posibilidad de ampliar el tratamiento de residuos orgánicos. Su propósito es mejorar la calidad de los materiales que ingresan al compostaje y facilitar su aprovechamiento, evitando que terminen en vertederos y rellenos sanitarios.

La relación es relevante para el cambio climático: la descomposición de materia orgánica sin oxígeno genera metano. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), este gas tiene un potencial de calentamiento global aproximadamente 80 veces superior al del dióxido de carbono durante los primeros 20 años después de su emisión.

En Chile, este desafío también ha motivado programas de compostaje domiciliario, orientados a separar y aprovechar los restos orgánicos desde los hogares.

Carolina Urmeneta, directora del Programa de Residuos de Global Methane Hub, señala que prevenir la presencia de microplásticos puede favorecer la demanda de compost de calidad y la expansión de estas soluciones en América Latina. La expectativa, agrega, es que el proyecto entregue opciones y recomendaciones concretas para fortalecer su utilización en los suelos.

Evaluación de alternativas y tres pilotos en 2028

Actualmente, el equipo realiza entrevistas a actores de la cadena de frutas y verduras para elaborar el diagnóstico. Una vez identificados los materiales prioritarios, evaluará las opciones existentes para eliminarlos o sustituirlos, considerando sus efectos ambientales y económicos.

Uno de los referentes es la regulación europea. El Reglamento sobre Envases y Residuos de Envases de la Unión Europea establece que, a más tardar el 12 de febrero de 2028, las etiquetas adhesivas colocadas en frutas y hortalizas que se introduzcan en ese mercado deberán ser compatibles con las normas de compostaje industrial. La exigencia contempla también estándares de compostaje doméstico cuando así lo requieran los Estados miembros.

El trabajo sobre plásticos en frutas y verduras incluirá recomendaciones de política pública y la campaña digital “Menos plástico, más alimento”, que se difundirá en las redes sociales del Pacto Chileno de los Plásticos para sensibilizar a la ciudadanía.

Durante 2028 están previstas tres intervenciones piloto en Chile. Estas experiencias permitirán evaluar soluciones y transferir los conocimientos adquiridos a México y Colombia, antes del cierre del programa en junio de ese año.

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