Criar para explorar: la deuda estructural con las niñas en la ciencia

Las mujeres y niñas en ciencia no necesitan homenajes un día al año, necesitan condiciones

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El 11 de febrero de cada año se conmemora el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, establecido por las Naciones Unidas en 2015. La fecha invita a preguntarse qué habría que cambiar para que más niñas se imaginen investigando y liderando. Y la respuesta no está solo en la sala de clases, también está en cómo un país organiza el cuidado.

Marcela Fresno, directora Magíster en One Health – Una Salud UDLA

Cuando se piensa en “un científico”, todavía hay demasiadas personas que imaginan a un hombre con delantal blanco. Ese imaginario aparece incluso en la IA: si aprende de datos donde las mujeres están menos presentes, el sesgo se reproduce.

Todo empieza temprano, cuando en la primera infancia se divide el juego por género: a unos construcción, bloques y robots; a otras muñecas, cocina y maquillaje. Incluso en las celebraciones: niños con cumpleaños en parques temáticos y niñas con cumpleaños de spa; un lado azul y el otro rosado. En el fondo, seguimos criando niñas para gustar y niños para explorar.

Esta lógica se refuerza cuando el trabajo de las mujeres en ciencia se invisibiliza, se minimiza o se atribuye a otros (efecto Matilda), dando la idea de que las mujeres que sobresalen son excepciones, no protagonistas. Y no es solo una impresión: en Chile, un estudio de 2025 con estudiantes STEM mostró que mujeres y participantes no binarias demoran más al realizar asociaciones contrarias al estereotipo (como “mujer–carrera” y “hombre–familia”). Es decir, desafiar el estereotipo exige un esfuerzo mental adicional.

A eso se suma una pausa biológica inevitable cuando las mujeres “deciden” ser madres, pausa que debiese estar protegida y no castigada. Porque sin cuidado no hay continuidad, y sin continuidad no hay carrera científica. Por eso, cuando hoy se discute el proyecto de Ley Sala Cuna Universal, no se habla solo de empleo ni de un asunto privado de mujeres: se habla de formación, retención de talento y derechos básicos. La propuesta busca corregir un diseño que desincentiva la contratación femenina (la trabajadora número 20) y ampliar el acceso al cuidado. Sin cuidados, muchas trayectorias se cortan y vuelve la falsa elección: “¿madre o científica?”.

Y mientras tanto, el mundo muestra que nada está garantizado. En Afganistán millones de niñas siguen sin acceso a educación más allá de primaria. En Irán se documenta represión y violencia contra mujeres y niñas. ONU Mujeres advierte que los retrocesos pueden instalarse rápido cuando la igualdad se trata como un lujo y no como un mínimo básico.

La ciencia que se necesita requiere de todas las mentes. Las mujeres y niñas en ciencia no necesitan homenajes un día al año, necesitan condiciones. Crianza y educación sin estereotipos desde la infancia, ambientes seguros y sistemas de cuidado reales. La igualdad en ciencia no puede depender de que las mujeres “resistan”: depende de que las instituciones y el Estado acompañen.

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