[OPINIÓN] Las posibles consecuencias ambientales tras la erupción del Calbuco, por geólogo de la U. Central

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  • Por Antonio Peralta Rodríguez, geólogo y coordinador carrera Geología de la Universidad Central de Chile

Como todos saben, el volcán Calbuco se ha hecho presencia  con toda su fastuosidad natural, sorprendiendo a vecinos e instalando la preocupación no solo en el país, sino que también en otras partes del continente. Ahora bien, toca analizar y prever las consecuencias ambientales que puede ocasionar.

En este escenario, uno de los principales problemas que nos encontramos es la ceniza. Ésta, según informan las localidades, está precipitándose en tamaño talco.

El tamaño es una cuestión importante, ya que mientras más fina sea,más perjudicial es para el sistema respiratorio.

Es cierto que el ser humano puede cubrirse las vías respiratorias y prevenir enfermedades venideras; sin embargo, los animales van a sufrir cada una de las consecuencias de la erupción.

Si bien aún no se conoce el análisis de las cenizas, lo normal es que vayan acompañadas con ácido fluorhídrico, que se deposita en el pasto, lo cual sumado a la contaminación de las aguas, hacen que la pérdida del ganado y animales autóctonos sea prácticamente irremediable.

Otro aspecto ambiental importante es la eventual transformación morfológica que puede sufrir el terreno, lo que conlleva a otros peligros mayores, como el desvío de cauces, el aumento de sedimentos que llegan a lagos y mares, aparte de los lahares ya conocidos que pueden sepultar por aluviones de agua, lodo, piedras y cenizas las zonas aledañas al volcán.

En el caso de que haya lluvias, puede  producirse lo que llamamos lahares secundarios al unir la lluvia con el material suelto caído. Estos lahares secundarios pueden ocurrir incluso en zonas lejanas al volcán, y va a depender del acumulo de ceniza, la morfología del terreno donde se depositó y la cantidad de lluvia, pudiendo ocurrir incluso mucho tiempo después del cese de la actividad volcánica.

La atmósfera y agua no se quedan atrás en cuanto a consecuencias. Los compuestos químicos acompañantes a las cenizas pueden cambiar la acidez del agua, además de enturbiarla; neutralizando hasta la clorificación que le suministramos para poder consumirla. Es por ello que en diversos medios se ha aconsejado agregar unas gotas de cloro al agua antes de beberla.

La atmósfera por su parte, después de la emisión de miles de toneladas de distintos gases de efecto invernadero, también se ve afectada, ayudando al cambio climático global. Si la capa de ceniza fuera muy densa y bloqueara la llegada de radiación solar a la superficie durante un cierto tiempo, también podría provocar un leve descenso de la temperatura.

Este resumen de hechos son circunstanciales y cada emisión volcánica puede producirlos en menor o mayor medida. Pero no todo es negativo en las erupciones volcánicas. Gracias a ellas y la emisión de gases que han ido expulsando en el pasado geológico, hoy podemos habitar la Tierra a unas temperaturas aptas para la supervivencia y, además, según la composición de las partículas emitidas, pueden regenerar suelos y fertilizarlos de forma natural, trayendo prosperidad a zonas anteriormente baldías.