Los Espacios Costeros Marinos de Pueblos Originarios (ECMPO) permiten a comunidades indígenas gestionar áreas del borde costero para desarrollar actividades vinculadas con sus usos consuetudinarios y formas de vida. En la Región de Los Lagos, algunas de estas experiencias combinan conocimientos tradicionales con nuevas herramientas para el manejo y protección de los ecosistemas marinos.
Esa realidad busca mostrar la microserie documental “Zonas de Resguardo”, producida por el Observatorio Ciudadano y Espacios Costeros Marinos de Pueblos Originarios en Acción. La producción contempla cuatro capítulos de cerca de cinco minutos y recorre ECMPO aprobados y en funcionamiento en la región.
Los dos primeros capítulos presentan las experiencias de Caulín Bajo, en Chiloé, y Piedra Blanca, en Quellón. En ambos casos, las comunidades desarrollan actividades productivas que generan ingresos y, al mismo tiempo, incorporan prácticas de protección y manejo sustentable del mar.
Ciencia y tradición para recuperar las algas
En Caulín Bajo, la comunidad gestiona un ECMPO donde instaló un laboratorio dedicado a la reproducción de algas. Allí trabajan con sargazo o huiro flotador, una especie que cumple un papel relevante en el ecosistema marino y que también forma parte de las actividades económicas tradicionales del sector.
Patricia Yohana Avendaño Gallardo, integrante de la comunidad, cuenta que el trabajo en el laboratorio también les permitió adquirir nuevos conocimientos: “Nosotros con mi colega no teníamos idea sobre el crecimiento y el desarrollo de Sargazo. De hecho, ahora nos reímos porque somos casi técnicos especialistas en Sargazo. Siempre lo digo, me siento haciendo ciencia”.
La comunidad desarrolló un sistema de repoblamiento que utiliza el laboratorio para producir esporas y luego instalarlas en el fondo marino. El objetivo consiste en recuperar los bosques submarinos de sargazo y fortalecer las condiciones que permiten la reproducción y alimentación de otras especies.
“Caulín siempre se ha destacado por trabajar el alga. Para muchas familias es el sustento de sus hogares”, señala Avendaño.
Para la comunidad, el manejo del alga también tiene una dimensión de protección ambiental. “El cuidado del mar para la próxima generación es importante porque es un legado que le dejamos a nuestras futuras generaciones. La posibilidad de vivir el mar”, explica.
Avendaño plantea que el sargazo forma parte de la base ecológica que sostiene otras actividades productivas. “Sin ese sargazo en el espacio donde está sería imposible tener producción”, afirma.
El siguiente desafío apunta a ampliar la experiencia. La comunidad busca fortalecer el laboratorio y, eventualmente, comercializar las esporas producidas allí. “Soñamos en algún momento en poder vender nuestras esporitas y generar dinero para la gente, para la comunidad”, cuenta.
Semillas de choritos y economía local
En Piedra Blanca, Quellón, la comunidad desarrolla otra actividad vinculada directamente con los recursos disponibles en el territorio: la captación de semillas de choritos.
El werken Alex Mansilla explica que la experiencia aprovecha un banco natural de estos moluscos. La comunidad instala mallas recicladas en el mar para captar las semillas que se adhieren de manera natural. Luego, las semillas se comercializan con empresas dedicadas a la engorda de choritos.
“Todo parte de algo natural. Se da porque hay un banco natural. Acá estamos sobre el banco natural, que nos proporciona a nosotros el alimento también de los choritos”, explica Mansilla.
La actividad genera ingresos para la comunidad y se vincula con una de las principales actividades productivas de la región. Los Lagos concentra una parte importante de la producción mundial de choritos, por lo que la captación de semillas constituye un eslabón relevante para esta industria.
Para Mansilla, el ECMPO también permite mantener prácticas que las familias han desarrollado durante generaciones. “El aporte más grande que hace un espacio costero en un territorio es que la gente pueda seguir haciendo sus usos consuetudinarios de muchos años”, señala.
Según explica, la Ley Lafkenche busca precisamente resguardar esas formas de vida. “Pensando en los territorios y en las comunidades que se mantengan y sigan teniendo sus formas de vida”, agrega.
Autonomía y protección del territorio
La experiencia de Piedra Blanca también plantea una relación entre actividad económica y autonomía territorial. “Parte de los espacios costeros es eso, entregar autonomía a la gente, que la gente vuelva a tener una actividad económica en su territorio”, sostiene Mansilla.
Esa continuidad también tiene un componente familiar. “Yo veo a mi familia mariscar, mis sobrinos mariscar en el mar. Yo quiero que mis hijos también hagan lo mismo. Que hagan lo mismo. Eso es libertad”, afirma.
La comunidad, además, delimitó sectores específicos para la captación de semillas y mantiene otras áreas bajo resguardo. Para Mansilla, esta decisión responde a una preocupación frente a proyectos extractivos que podrían instalarse en zonas de alto valor ecológico.
“Ese tema de la protección es lo que más a nosotros nos preocupa. De que siempre los lugares que son más prístinos, que son más alejados, siempre tienen proyectos extractivistas que quieren destruir lo que uno tiene”, señala.
La gestión del ECMPO busca así mantener actividades tradicionales sin desvincularlas del cuidado del ecosistema. Para la comunidad, proteger el territorio también significa asegurar que las nuevas generaciones puedan continuar con esas prácticas.
“Una forma de vida de seguir haciendo lo mismo en tu territorio. De seguir preservando, seguir haciendo lo mismo que has hecho muchos años. Y eso es la Ley Lafkenche. Autonomía para los territorios. Espiritualidad”, reflexiona Mansilla.
Experiencias que buscan ampliar la mirada sobre los ECMPO
A través de estas experiencias, “Zonas de Resguardo” busca mostrar cómo funcionan los ECMPO una vez aprobados y qué actividades desarrollan las comunidades que los administran.
La serie también aborda preguntas sobre su impacto en las economías locales, la relación con otros actores del territorio y las formas en que las comunidades combinan conocimientos tradicionales con nuevas herramientas de manejo.
En Caulín Bajo, esa combinación aparece en el trabajo científico para recuperar algas. En Piedra Blanca, se expresa en la captación de semillas de choritos y en la continuidad de prácticas familiares vinculadas al mar.
La microserie plantea así una mirada sobre los ECMPO desde las propias comunidades que los gestionan, mostrando experiencias donde trabajo, autonomía territorial y protección de los ecosistemas forman parte de una misma gestión del borde costero.
Los cuatro capítulos de “Zonas de Resguardo” estarán próximamente disponibles en el canal de YouTube del Observatorio Ciudadano. Ver avance de la microserie aquí.





