En el Foro REP 2025 tuve el honor de participar en un panel titulado “Del desecho al recurso: innovación en la valorización de residuos”, y allí reafirmé un principio que guía mi trabajo desde hace años: el verdadero ámbito de transformación no está únicamente en fabricar envases más capaces de incorporar material reciclado, sino en recuperar los envases que ya hicimos posible poner en el mercado y hacerlos verdaderamente circulares.

Desde la mesa de trabajo de la sustentabilidad de Ball, hemos alcanzado un contenido promedio de 78% de material reciclado en nuestras latas en Sudamérica. Estamos orgullosos de ello, pues es un nivel superior al de muchas otras regiones del mundo. Sin embargo, celebrar ese número nunca será suficiente si buena parte de las latas consumidas no se recuperan. En Chile, la tasa de recuperación apenas alcanza el 36% según ANIR.
Ese dato es para mí el centro del desafío. Porque el aluminio ofrece una promesa: es uno de los materiales más circulares que existen. Las latas de aluminio pueden volver al mismo uso y al mismo formato de envase tras ser recicladas múltiples veces, sin pérdida de calidad. Y en el mundo, la tasa de reciclaje de latas alcanza un 75% con regularidad. Chile tiene todos los ingredientes para ubicarse en ese estándar: industria instalada, experiencia internacional, y una ley robusta como la Ley 20.920 que establece la gestión de residuos y la responsabilidad extendida del productor (REP) para envases y embalajes.
Sin embargo, el problema sigue siendo principalmente la recuperación de esos envases. Nosotros en Ball lo vemos claro: no se trata solo de garantizar que las latas que entran al mercado tengan alto contenido reciclado. Incluso, para que esto sea posible es necesario asegurarnos de que esas latas salgan del mercado, se recojan, se separen de forma adecuada, se compacten, transporten eficientemente y vuelvan al proceso productivo.
Durante el Foro REP, coincidimos con otros actores del sistema que no basta la formulación de metas regulatorias: es necesaria una articulación real entre las empresas que producen, los sistemas de gestión colectiva, el sector público y la ciudadanía. Cultura de reciclaje, infraestructura logística, educación y los actores comprometidos. Porque la extracción de valor no se agota en la planta de producción, sino en la cadena completa: desde que la lata llega al mostrador, hasta que regresa como materia prima para una nueva. Como lo dijo un experto del Ministerio del Medio Ambiente de Chile, construir economías de escala para metales como el aluminio implica inversión de alto costo y visión a largo plazo.
Desde mi perspectiva puedo destacar tres puntos fundamentales:
- Recuperación efectiva: Si estamos en poco más de 30% de recuperación, significa que casi siete de cada diez latas que ponemos en el mercado no vuelven al ciclo como latas. En países con tasas superiores al 90% (como Alemania, Brasil) el camino se construyó con políticas públicas, educación ciudadana y redes de logística robustas. Chile puede hacerlo si acelera esta fase.
- Infraestructura y separación en origen: Una lata contaminada con otros residuos disminuye su valor para reciclaje. El trabajo no está solo en el fabricante, sino en asegurar que la lata se disocie del resto de la basura, que se compacte adecuadamente, y que las rutas de transporte sean eficientes.
- Educación y empoderamiento ciudadano: Muchas personas todavía no tienen claro que la lata puede reciclarse muchas veces sin perder sus propiedades y que su acto individual de depositarla correctamente hace la diferencia.
He observado que existe un desconocimiento amplio en Chile de esa conexión. Si cada consumidor comprendiera que al elegir la lata y depositarla correctamente está contribuyendo a liberar el “potencial infinito” del aluminio habremos dado un gran paso.
La ley REP es una brújula importante, pero el motor somos todos: empresas, reguladores y ciudadanos. En Chile la implementación es joven, y ahí residen las oportunidades. Podemos incorporar los volúmenes de reciclaje ya existentes y con ello cumplir las metas reguladas, para luego avanzar en eficiencia, innovación y inclusión económica.
La lata de aluminio no es solo un envase: es símbolo de circularidad, de economía que recicla en lugar de desechar, de materiales que vuelven a ser. Si logramos que Chile avance en su tasa de recuperación hacia el rango de líderes mundiales, estaremos construyendo un país más sustentable, más eficiente y consciente de su impacto.






