A un mes de asumir como seremi del Medio Ambiente de la Región Metropolitana, Gonzalo Cruces hace un balance marcado por el despliegue territorial y la presión por responder a problemas ambientales que arrastra la capital desde hace décadas. Su diagnóstico es claro: “Ha sido un primer mes muy intenso, pero también muy positivo”.
Explica que, durante estas primeras semanas, el énfasis ha estado en conocer de cerca la realidad de comunas que suelen quedar fuera del foco central. Tiltil, Talagante y Lampa han sido parte de ese recorrido inicial, en el que, afirma, “es donde los desafíos ambientales se viven con mayor intensidad y requieren mayor presencia del Estado.
En paralelo, el licenciado en Ciencia Política y Políticas Públicas de la Universidad del Desarrollo Asegura que uno de los principales lineamientos de su gestión ha sido acelerar los tiempos de respuesta del Estado en materia ambiental, particularmente en procesos como los pronunciamientos ambientales, los cuales son técnicamente exigentes y requieren un trabajo muy riguroso. Se trata, dice, de “un trabajo arduo, pero veo un equipo técnicamente muy sólido, comprometido y alineado con responder en tiempo y forma.
Prioridades para su primer año de gestión
De cara a su primer año, el seremi define tres ejes prioritarios: calidad del aire, residuos y crisis hídrica. Áreas que, aunque ampliamente diagnosticadas, siguen generando impactos directos en la calidad de vida de los habitantes de la región.
En materia de contaminación atmosférica, Cruces reconoce que ha habido avances sostenidos desde los años ‘90, con planes que han permitido reducir episodios críticos de la Región Metropolitana. Sin embargo, advierte que el problema sigue siendo un desafío vigente.
En ese contexto, confirma que el Ministerio del Medio Ambiente trabaja en la actualización del Plan de Prevención y Descontaminación Atmosférica (PPDA). La expectativa es contar con un anteproyecto durante este año: “El foco será contar con un instrumento más eficiente, que oriente sus medidas hacia el cumplimiento efectivo de las normas de calidad ambiental, apoyado en evidencia técnica que nos permita actuar donde el impacto es mayor y proteger de mejor manera a la población”.
A esto se suman iniciativas ya implementadas, como el recambio masivo de calefactores a leña en el marco de Programas de Compensaciones de Emisiones de proyectos evaluados en el SEIA, que han contribuido a reducir el material particulado, aunque sin eliminar completamente el problema.
El desafío más urgente: residuos
Si hay un ámbito donde Cruces pone mayor urgencia es en la gestión de residuos. La Región Metropolitana enfrenta una alta generación de desechos y una fuerte dependencia de rellenos sanitarios, lo que, advierte, obliga a acelerar la transición hacia un modelo de economía circular. En la Región Metropolitana, cerca del 96% de los residuos sólidos municipales se dispone en rellenos sanitarios y solo alrededor de un 3% se recicla, evidenciando un rezago significativo en valorización.
La estrategia apunta a acelerar la transición hacia la economía circular, priorizando la prevención, reutilización y valorización de residuos. En particular, destaca “la valorización de residuos orgánicos mediante recolección diferenciada y compostaje, y ampliar la infraestructura disponible, como puntos limpios y plantas de tratamiento”, y la implementación de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP).
No obstante, Cruces subraya que el obstáculo principal no es solo técnico ni normativo, sino cultural. “Podemos tener muy buenos sistemas y una normativa de primer nivel, pero si finalmente el vecino no separa en origen, el sistema no funciona. Por eso estamos poniendo un fuerte énfasis en educación ambiental, en facilitar la participación de las personas y en avanzar hacia un cambio real en los hábitos de consumo y manejo de residuos”.
Agua y planificación del territorio
El tercer eje prioritario es la crisis hídrica, que se describe como uno de los desafíos estructurales más complejos y de largo plazo para la región, tanto por la disponibilidad como por la calidad del agua.
En paralelo, aborda los conflictos socioambientales derivados de la presión sobre el territorio. Su postura es que “el desarrollo económico depende de contar con ecosistemas sanos: biodiversidad sana, disponibilidad de agua en cantidad y calidad, suelos fértiles y territorios resilientes frente al cambio climático. Sin esas condiciones, simplemente no hay desarrollo sostenible en el tiempo”.
Al mismo tiempo, enfatiza que el cuidado del medio ambiente no puede recaer solo en el Estado, sino que también necesita del compromiso y la inversión del sector privado. Según plantea, en países desarrollados los avances en conservación, restauración y gestión ambiental se han logrado, en gran medida, gracias a esquemas de colaboración activa entre el mundo público y privado.
En esa línea, sostiene que en una región como la Metropolitana, marcada por una alta presión sobre el territorio, el principal desafío es avanzar hacia este equilibrio. Para ello, señala que es clave “fortalecer una institucionalidad que entregue certezas, reglas claras y decisiones oportunas, que permita anticipar conflictos, evitando que estos se manifiesten una vez consolidados los proyectos o, por ejemplo, los cambios en usos de suelo. Ahí, instrumentos como la planificación ecológica toman especial relevancia”.
Ruido, denuncias y rol institucional
Otro problema creciente en la Región Metropolitana es la contaminación acústica, que concentra cerca del 50% de las denuncias ante la Superintendencia del Medio Ambiente. Aunque la Seremi no tiene facultades fiscalizadoras directas, Cruces explica que su rol está en la prevención, a través de la evaluación ambiental de proyectos y el desarrollo de normativas.
“El ruido es un problema ambiental relevante en la RM por su impacto directo en la salud y calidad de vida de las personas. Las cifras muestran que una proporción importante de la población está expuesta a niveles inaceptables, pero a su vez hay avances, por ejemplo, en la incorporación de buses eléctricos en el transporte público, lo que ha permitido reducciones importantes en ciertos ejes de la ciudad”, expresa el seremi.
Además, destaca la coordinación con municipios y con la Superintendencia, especialmente mediante convenios que permiten mejorar la gestión de denuncias y la respuesta frente a este tipo de conflictos.
Foco en reciclaje, orgánicos y educación ambiental
A cara de su gestión recién iniciada, el seremi del Medio Ambiente plantea que el éxito de su trabajo apunta a dejar avances concretos, especialmente en materia de residuos. “Me gustaría que esta gestión sea recordada por haber consolidado avances reales”, señala, destacando como ejes la implementación de la Ley REP, el desarrollo de la Ley de Plásticos de un Solo Uso y el impulso a la gestión de residuos orgánicos.
En este último punto, el seremi enfatiza el potencial que existe en la región: “los residuos orgánicos representan una parte importante de lo que hoy enviamos a rellenos sanitarios”, afirma, subrayando que avanzar en su valorización mediante compostaje, a nivel domiciliario, comunitario o municipal, permitiría reducir emisiones y disminuir la presión sobre estos recintos.
Junto con ello, releva el rol de los gobiernos locales, asegurando que “los municipios son actores clave, y si ellos no tienen herramientas ni apoyo, es muy difícil avanzar”. En esa línea, plantea que “a nivel ciudadano, el desafío es que las personas sientan un ministerio más cercano, pero también que aumenten indicadores concretos, como la cantidad de personas que reciclan o que conocen la riqueza natural de la Región Metropolitana”.





