Cada año, el Día de la Tierra nos invita a detenernos y reflexionar sobre la relación que tenemos con el entorno que hace posible nuestra vida. Más allá de su origen histórico, esta conmemoración permitió impulsar un proceso clave en distintos países: la creación y fortalecimiento de instituciones orientadas a proteger el medio ambiente y resguardar condiciones adecuadas para el bienestar de las personas.

Con el paso del tiempo, también hemos comprendido con mayor claridad la magnitud de nuestra dependencia del entorno natural. La estabilidad del clima, la disponibilidad de agua, la calidad del aire y la biodiversidad no son elementos aislados, sino parte de un equilibrio que sostiene la vida y el desarrollo de nuestras sociedades. Cuando ese equilibrio se altera, sus efectos se hacen visibles en fenómenos que afectan nuestra vida y al entorno como sequías más prolongadas, olas de calor más intensas o la degradación de ecosistemas que cumplen funciones esenciales para nuestro bienestar.
Chile ha recorrido un camino importante en esta materia, consolidando una institucionalidad ambiental que ha permitido mejorar la calidad del aire, fortalecer la gestión ambiental y avanzar en la protección de ecosistemas valiosos. Uno de los desafíos más relevantes de la etapa actual es la implementación del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP), que permitirá fortalecer la conservación de la biodiversidad y la gestión de las áreas protegidas del país, integrando bajo una misma institucionalidad funciones que hoy se encuentran dispersas. Este paso contribuirá a resguardar de mejor manera nuestro patrimonio natural y a contar con herramientas más eficaces para su cuidado.
La existencia de instituciones sólidas no solo favorece la protección ambiental, sino que también permite entregar mayor certeza jurídica y mejores condiciones para el desarrollo de iniciativas que incorporen estándares adecuados. Reglas claras, criterios técnicos consistentes y procesos oportunos permiten reducir la incertidumbre y facilitar decisiones que consideren tanto sus beneficios económicos como sus impactos sobre el entorno.
En la Región Metropolitana, estos desafíos se expresan de manera concreta en la necesidad de reducir los niveles de contaminación atmosférica, adaptarnos a la escasez hídrica y proteger ecosistemas estratégicos como humedales urbanos y zonas de valor ecológico. Instrumentos como el Plan de Prevención y Descontaminación Atmosférica han permitido la implementación de 116 Programas de Compensación de Emisiones de material particulado mediante la creación o mantención de áreas verdes y masas de vegetación. Lo que ha significado la reforestación de más 3.691 hectáreas con un fuerte foco en nuestra precordillera, potenciando todos los servicios ecosistémicos que prestan estos ecosistemas a toda la cuenca del Maipo.
Pero el cuidado del medio ambiente no responde únicamente a una necesidad normativa o institucional. Responde también a una convicción profunda: la Tierra es el único hogar que tenemos. Nuestro planeta puede seguir existiendo sin nosotros, pero nosotros no podemos existir sin las condiciones que hacen posible la vida en él. La estabilidad del clima, la disponibilidad de agua, la fertilidad de los suelos y la diversidad de especies son parte de un equilibrio que debemos resguardar con responsabilidad.
Nuestra generación enfrenta una situación inédita: somos probablemente la primera en experimentar de manera directa los efectos del cambio climático y, al mismo tiempo, la última que tiene la posibilidad real de evitar que estos impactos se profundicen de manera irreversible. Este desafío exige actuar con sentido de urgencia, pero también con responsabilidad, promoviendo soluciones que permitan avanzar de manera sostenible y con una mirada de largo plazo.
Avanzar en sostenibilidad requiere combinar convicción ambiental con una gestión pública eficaz, capaz de responder oportunamente a las necesidades de las personas y de los territorios. La protección del medio ambiente y el desarrollo no son objetivos contrapuestos, sino dimensiones que deben integrarse para mejorar la calidad de vida y resguardar oportunidades para las futuras generaciones.
El Día de la Tierra nos recuerda que cuidar nuestro entorno no es solo una tarea sectorial, sino un desafío compartido que requiere instituciones sólidas, políticas públicas consistentes y una ciudadanía consciente del valor del lugar que habitamos.
Proteger el planeta no es solo una aspiración ambiental; es una condición para el bienestar, la estabilidad y el desarrollo de nuestro país.






