Revelan que capibaras vivían en el desierto de Atacama hace 8,8 millones de años

Un fósil de capibara de 8,8 millones de años fue hallado en el desierto de Atacama. El descubrimiento plantea una hipótesis sobre cómo era este ecosistema en el pasado.

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Capibara y litopterno (c)Carlos Espinosa

A los chilenos les encantan los capibaras. Con su cuerpo rechoncho y personalidad tranquila, este roedor —el más grande del mundo— forma parte de la vida cotidiana en Chile: su tierno rostro está en accesorios como llaveros, carcasas, peluches y hasta paraguas.

Pero más allá de su ternura, la ciencia encontró una relación más profunda que une al país con este roedor gigante: unos investigadores hallaron un diente de capibara en el desierto de Atacama.

Según el estudio, publicado en Scientific Reports, el diente (un tercer molar superior) pertenecía a un género extinto y pariente histórico de los capibaras “modernos”, conocido como Cardiatherium.

El ejemplar tiene 8,8 millones de años de antigüedad y fue encontrado en la Formación Bahía Inglesa del Neógeno, incrustado en una piedra arenisca.

Pero, ¿qué hacía un capibara, amante del agua, en uno de los lugares más secos del mundo?

El hallazgo de un capibara en el desierto de Atacama, Chile

“Encontrar un diente de capibara en un depósito marino en la que hoy es una de las regiones más secas de la Tierra es simplemente asombroso”, dijo Priscilla Martínez, autora principal del estudio y geocientífica de la Universidad de Arizona.

Y es que el desierto de Atacama, un lugar seco y con escasa humedad, no pareciera ser el lugar idóneo para los capibaras, animales que por naturaleza aman el agua y se alimentan de plantas acuáticas que crecen únicamente en los hábitats húmedos.

Pero la respuesta a la interrogante de cómo podrían haber existido capibaras en esta zona chilena es que, en el pasado, el desierto de Atacama era en realidad un ecosistema muy húmedo y lleno de vegetación.

Esto fue durante el Mioceno tardío. Anteriormente, se han encontrado fósiles de peces y cocodrilos de agua dulce en el lugar que evidencian esta etapa que tuvo lugar hace millones de años.

De hecho, junto con el diente de capibara, el equipo de científicos —en el que participaron los chilenos Mario Suárez y Catalina Carreño de la Universidad de Chile— encontró unos pequeños fragmentos de sílice (minerales) llamados fitolitos.

Esta habría sido una señal clara de que en el sitio existían plantas como palmeras, jengibre y otras especies con flores que absorbían agua dulce subterránea.

“Todo esto respalda la idea de que existía una comunidad ecológica lo suficientemente grande como para sustentar las poblaciones de capibaras a largo plazo”, aseguró el profesor Mark Clementz, experto en paleobiología y jefe del Departamento de Geología y Geofísica de la Universidad de Wyoming, y coautor del estudio

¿Cuán antiguo es realmente el desierto de Atacama?

Para Clementz,“encontrar este capibara, que creo que todos estaremos de acuerdo en que no es un animal del desierto en absoluto, va a poner en tela de juicio muchas de las ideas sobre la historia del desierto de Atacama”.

Y es que hay estudios que postulan que este desierto chileno ha sido un lugar completamente seco durante millones y millones de años.

Sin embargo, la investigadora Martínez consideró que el descubrimiento va más allá de lo que pueda decirse del desierto en sí: que puedan haber existido capibaras en el pasado en esta zona chilena demuestra lo sensibles que son los desiertos a los cambios climáticos.

“Cuanto mejor comprendamos los desiertos, incluidas las variaciones en la intensidad de los monzones de un año a otro, mejor podremos predecir su evolución a largo plazo”, aseguró la especialista.

“Y si podemos comprender los cambios climáticos del pasado que no tuvieron nada que ver con los humanos, eso nos da una base sobre la cual trabajar para comprender cómo el clima puede evolucionar con el tiempo con la presencia de los humanos”.

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