Humedales costeros: refugios esenciales para las aves playeras

0
13

El 6 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Aves Playeras, instancia que invita a conocer a este diverso grupo de especies y crear conciencia sobre la importancia de su conservación. Las aves playeras corresponden a un grupo de alrededor de 235 especies del orden de los Charadriiformes, también denominadas limícolas, (que viven en el limo o lodo) tienen características físicas, como patas y dedos largos y delgados, picos alargados para moverse y alimentarse en ambientes intermareales, arenosos y/o fangosos, además poseen plumaje moteado para camuflarse y alas puntiagudas para volar a gran velocidad.

Entre los aspectos más interesantes de estas especies está su capacidad para realizar grandes migraciones, más del 60% de las aves playeras son migratorias, y sus desplazamientos pueden abarcar desde cortas distancias hasta más de 30000 km anuales. A través de estos desplazamientos se mueven a lugares con mayor abundancia de alimento y mejores condiciones climáticas, permitiéndoles encontrar ambientes adecuados para la reproducción. Las zonas de migración conectan bastas áreas entre los sitios de parada y las zonas de destino, por lo que no habitan en un único lugar, sino más bien en una red de sitios que resultan críticos para su supervivencia. Entre esos lugares se encuentran playas de arena, dunas, salares y humedales costeros, ambientes que actualmente se encuentran altamente expuestos a perturbaciones antropogénicas, reduciendo de manera importante su posibilidad de alimentación, reproducción y recuperación energética, que son esenciales para que estas aves realicen sus ciclos migratorios.

De las especies de aves playeras presentes en el mundo, se han registrado 49 en Chile, convirtiendo a nuestro país en un hábitat relevante para las rutas migratorias de muchas de estas especies. Varias de estas se encuentran bajo categoría de amenaza, como el zarapito boreal (Numenius borealis), clasificado como En Peligro Crítico (CR); la becacina pintada (Nycticryphes semicollaris), el chorlo de Magallanes (Pluvianellus socialis) y el playero ártico (Calidris canutus rufa), clasificados como En Peligro (EN), reflejando distintos niveles de riesgo y dejando en evidencia la necesidad de proteger tanto a las especies como los ambientes de los que dependen.

Entre estas especies, el playero ártico constituye uno de los casos más representativos de la importancia internacional de ecosistemas como los humedales chilenos. La subespecie Calidris canutus rufa realiza una de las migraciones más extensas del continente, desplazándose entre sus áreas reproductivas en el Ártico y sus sitios de invernada en Sudamérica, donde pasa el verano austral principalmente en las costas de Tierra del Fuego, en Bahía Lomas, concentrando más del 50% de la población de invernada. Bahía Lomas corresponde a un humedal marino costero, que fue reconocido como sitio Ramsar en 2004 y posteriormente como sitio de importancia hemisférica de la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras (2009), dejando en evidencia que la conservación de determinados humedales chilenos tiene alcances que trascienden las fronteras nacionales.

Los humedales costeros son mucho más que espacios de tránsito para estas aves, en ellos encuentran lugares seguros para descansar y para alimentarse siendo parte fundamental de los ciclos migratorios. Investigaciones realizadas mediante seguimiento satelital demostraron, por ejemplo, que el zarapito de pico recto utiliza una red de 25 humedales marinos y estuarios en la Región de Los Lagos, evidenciando que la especie no depende de un único lugar, sino de un paisaje costero conectado (Delgado et al., 2022)[3].

A pesar de su importancia ecológica, los humedales enfrentan una serie de presiones en incremento, entre las que se encuentran el tránsito de vehículos motorizados, perros sin tenencia responsable, desarrollo residencial y comercial, contaminación, especies exóticas invasoras, prácticas agropecuarias, acuícolas y mineras, infraestructura energética, el uso no sustentable del agua y el cambio climático. Estos elementos estresores o destructivos, pueden provocar la pérdida y degradación de hábitats, alterar la disponibilidad de alimento y reducir los lugares adecuados para descanso y reproducción de las aves playeras.

Desde Fundación Terram, hacemos el llamado a abordar la importancia de nuestros humedales costeros con la sabiduría necesaria, los humedales no son espacios de agua o charcos, son ecosistemas complejos que albergan vida mucho más allá de nuestras fronteras, es nuestro deber con el planeta preocuparnos de su adecuada conservación, pues representan parte de una red ecológica que conecta territorios y países a lo largo de todo el continente. Las decisiones que se lleven a cabo sobre nuestros humedales tendrán consecuencias que traspasan nuestras fronteras. En este sentido, la conservación de las aves playeras exige fortalecer la protección de los humedales, prevenir su degradación y asegurar que las actividades que se desarrollan en el borde costero sean compatibles con la conservación de estos ecosistemas. Conservar estos sitios es proteger las especies migratorias que dependen de ellos, una red de hábitats compartida por todo el continente americano.


[1]

[2] Petracci, P. (2022). Pautas básicas para evaluar impactos sobre las aves playeras y sus hábitats (Martínez-Curci, N. & Luna Quevedo D., Eds.). RHRAP/Manomet, USA.

[3] Delgado, C., Cursach, J. A., Espinosa, L., Pfeifer, A. & Cárdenas, J. (2022). “Áreas de conservación para zarapito de pico recto Limosa haemastica durante temporada no reproductiva en el sur de Chile”. Revista de Biología Marina y Oceanografía, 57(2), 102–111.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Ingrese su nombre aquí