La escasez hídrica estructural que afecta a buena parte del territorio nacional ha llevado a la gran minería a incrementar el uso de fuentes alternativas de abastecimiento, particularmente agua de mar desalada y agua reutilizada. Este escenario no solo plantea desafíos asociados al tratamiento del recurso, sino también a la infraestructura necesaria para garantizar su transporte y disponibilidad permanente en las faenas.
El funcionamiento de plantas desaladoras y sistemas de reúso depende de una extensa infraestructura eléctrica, que incluye subestaciones y líneas de transmisión encargadas de suministrar energía a los sistemas de tratamiento e impulsión del agua.
En este contexto, desde Equans Chile advierten que una falla en estos componentes puede afectar la continuidad de toda la cadena de suministro hídrico y, consecuentemente, la operación de los procesos productivos.
Por ello, la compañía plantea la necesidad de incorporar desde la etapa de ingeniería estrategias de mantenimiento predictivo y sistemas de monitoreo capaces de anticipar fallas en activos críticos.
Monitoreo para anticipar fallas
Una de las herramientas utilizadas para este propósito es el Mantenimiento Basado en Condición (CBM, por sus siglas en inglés), metodología que emplea sensores, monitoreo en tiempo real y análisis de datos para conocer el estado de los equipos.
A diferencia de esquemas basados exclusivamente en intervenciones programadas, este modelo permite realizar trabajos de mantenimiento cuando las condiciones efectivas de los activos así lo requieren.
La información obtenida mediante el monitoreo puede utilizarse para identificar anomalías antes de que se traduzcan en fallas, optimizar las intervenciones y reducir las detenciones no programadas.
Otro punto crítico son las líneas de transmisión eléctrica. En zonas costeras, la acumulación de sal sobre los aisladores puede deteriorar el desempeño de la infraestructura en periodos relativamente breves.
Para enfrentar este problema se utilizan técnicas de mantenimiento de “líneas vivas”, que permiten, por ejemplo, lavar los aisladores con agua desmineralizada sin interrumpir el suministro eléctrico.
La continuidad de las plantas desaladoras y de tratamiento también requiere integrar otras especialidades. Entre ellas se encuentran la climatización de salas de equipos, los sistemas de control y automatización y el mantenimiento mecánico de bombas, tuberías y líneas hidráulicas.
Más de 70% del agua provendría del mar
La relevancia de este tipo de infraestructura aumentará a medida que la minería incremente su dependencia de fuentes hídricas alternativas.
“La industria desaladora y de reúso del agua exige continuidad 24/7. Considerando que hacia 2033 más del 70% del agua de la gran minería provendrá del mar, según proyecciones de Cochilco, ya no basta con un mantenimiento tradicional”, señaló Patricio Varas, director de Operaciones Zona Norte de Equans Chile.
El ejecutivo agregó que la integración de distintas especialidades desde la fase de ingeniería permite desarrollar una infraestructura con mayor capacidad para responder ante fallas y disminuir interrupciones durante su operación.
El agua cumple múltiples funciones dentro de una faena minera, desde los propios procesos de producción hasta el enfriamiento de equipos y el abastecimiento de los campamentos. Por esta razón, una interrupción en los sistemas de tratamiento o impulsión puede tener consecuencias sobre distintas etapas de la operación.
Digitalización de la infraestructura
Otro de los desafíos identificados por la industria es avanzar en la digitalización del mantenimiento. El monitoreo en tiempo real de variables como humedad, salinidad y condiciones de funcionamiento de los equipos permite definir intervenciones a partir de información obtenida directamente desde los activos.
“Intervenimos activos críticos de forma predictiva para garantizar que la infraestructura estratégica no se detenga”, explicó Varas.
La combinación de sensores, automatización y análisis de datos apunta así a anticipar problemas y reducir las detenciones imprevistas, en momentos en que la seguridad del suministro de agua adquiere una importancia creciente para la minería.
En un escenario marcado por la escasez hídrica y el aumento del uso de agua de mar, la disponibilidad de las plantas desaladoras y de reúso dependerá no solo de su capacidad para producir agua, sino también de la resiliencia de la infraestructura eléctrica, mecánica y tecnológica que permite transportarla hasta los centros de consumo.





