El reciente conflicto en el estrecho de Ormuz entre Estados Unidos e Irán volvió a evidenciar la fragilidad del suministro energético global y la dependencia estructural de muchos países de los combustibles fósiles. Chile es uno de ellos, y es que, pese a los avances en energías renovables en el sistema eléctrico, la matriz energética nacional (electricidad + transporte + industria) sigue dependiendo en gran medida del petróleo, exponiendo al país a choques externos y variaciones de precios.
Solo en 2024, el país destinó US$12.295 millones a la importación de combustibles fósiles, principalmente desde Estados Unidos. Es un gasto superior al presupuesto de áreas como la previsión social, dejando al país expuesto a crisis geopolíticas y a la volatilidad de los mercados internacionales. En un contexto como el actual, esa exposición no es abstracta; es una factura que crece cada vez que el conflicto en Oriente Medio se intensifica
“Chile hoy, como un país que depende de importar petróleo, gasta una gran cantidad de recursos en un sistema basado en este combustible. En ese sentido no enfrentamos solo un problema energético, sino también económico y de vulnerabilidad. Las alzas son por esa dependencia, y hoy tenemos el desafío de transformar nuestro sistema para que los costos no tengan que pagarlos los bolsillos de las personas”, señaló Benjamin Carvajal, Director Ejecutivo Uno Punto Cinco.
Avanzar hacia la carbono neutralidad
En ese escenario, no solo se enfrenta el desafío de avanzar en energías renovables, sino también de evaluar cuán efectiva está siendo la transición. En Chile, se han establecido metas claras de carbono-neutralidad para 2050 y políticas definidas para cada combustible fósil. Sin embargo, no existe un diagnóstico integrado que permita evaluar si estas medidas son suficientes para cumplir esos compromisos. Sin ese mapa, es difícil saber si se avanza hacia la meta o si solo se está reconfigurando el mismo sistema.
Tampoco hay claridad sobre la contribución de cada fuente a la reducción ni sobre cómo se articulan entre sí. Los datos muestran que, entre 2000 y 2024, la oferta energética total creció un 53%; mientras las fuentes no fósiles se expandieron un 139%. El uso de petróleo, carbón y gas también aumentó un 29%. En la práctica, estas energías no han desplazado al petróleo, sino que han crecido en paralelo, como lo evidencia el informe de Uno Punto Cinco “Estado de los Combustibles Fósiles en Chile”.
“Chile tiene una electricidad que es sumamente limpia, pero aún tenemos desafíos pendientes si hablamos de energía en su totalidad. El transporte y la industria también son parte del sistema energético, y si sumamos esos elementos nos damos cuenta de que las renovables nos han ayudado a cubrir el aumento de la demanda, pero no necesariamente a depender menos del petróleo”, puntualizó Juan Carlos Varela, Coordinador de Investigación, Campaña e Incidencia, Uno Punto Cinco.
El informe completo, con análisis de contexto y propuestas de política pública, ya se encuentra disponible aquí.






