“Los sonidos del canto de los pájaros en los humedales urbanos, el viento en los árboles, el viento del río y la tranquilidad urbana evocaron sensaciones agradables de calma, tranquilidad, alegría, placer, felicidad, disfrute y relajación, promoviendo así un mayor bienestar mental en los residentes del barrio”.
Fue una de las conclusiones publicadas en la revista Applied Acoustics y que son parte del proyecto Fondecyt Regular 1230027 “Bienestar mental y la influencia del lugar: Elementos del entorno construido que fomentan el bienestar mental en los espacios públicos de ciudades intermedias del sur de Chile”, el cual fue financiado por la agencia ANID.
Liderada por el director del Instituto de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Austral de Chile (Facultad de Arquitectura y Artes), Dr. Antonio Zumelzu Scheel, quien también es investigador principal del Centro de Investigación de Suelos y Funciones Ecosistémicas de Chile (CISFECh), y del Núcleo Milenio en Transporte Justo; la iniciativa entrega una perspectiva interesante de considerar, sobre todo cuando estamos ad portas de un nuevo Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido que se conmemora anualmente el último miércoles de abril.
El proyecto permitió explorar la relación entre los ambientes acústicos urbanos y el bienestar mental en un barrio céntrico de Valdivia, una ciudad intermedia del sur de Chile.
La publicación en la revista Applied Acoustics indica que “en general, las percepciones de residentes y visitantes fueron coherentes respecto al ambiente acústico del barrio, que fue reconocido como un espacio urbano con predominio del ruido del tráfico (tecnofonía), el habla (antropofonía), el canto de los pájaros y los ladridos de los perros (biofonía), y el viento (geofonía). El sonido más relevante fue el del viento y el del agua del río, que indujeron estados positivos de bienestar mental al evocar emociones de tranquilidad, alegría y calma. Por otro lado, la fuente de ruido urbano más mencionada fue el ruido del tráfico, que tuvo un impacto negativo en el bienestar mental al generar emociones de molestia e incomodidad”.
El Dr. Zumelzu explica que “los residentes reportaron lugares donde el ruido del tráfico, el ruido vecinal y los ladridos de perros afectaban negativamente su bienestar mental. Los visitantes también reportaron paisajes sonoros caóticos con altos niveles de molestia y agitación, incluyendo emociones como alerta, monotonía, agotamiento, irritación y ansiedad. Si bien los niveles de exposición al ruido del tráfico eran potencialmente perjudiciales para su salud física y mental, los sonidos ambientales que contribuyen al bienestar mental en algunos lugares enmascaraban el ruido del tráfico y mejoraban la experiencia urbana”.
Investigación
En cuanto al valor metodológico del estudio, el uso de una taxonomía ampliada para la dominancia de fuentes sonoras, junto con mapas de ruido y molestia, permite un análisis comparativo más profundo de los elementos audibles presentes en el entorno urbano, especialmente cuando se evalúan en conjunto con el ruido del tráfico.
Por ello, es posible determinar, mediante métodos cualitativos y cuantitativos, cuáles son los elementos del paisaje sonoro urbano que afectan a la percepción emocional en grupos de fuentes, de manera que se evidencian las fuentes sonoras biofónicas y geofónicas que favorecen el bienestar mental cuando aumenta o disminuye la percepción del predominio de las fuentes de ruido tecnofónicas y anthofónicas.
Además, los mapas de ruido del tráfico vehicular muestran claramente la propagación de la percepción de la molestia en todo el barrio, lo que permite visualizar que cuanto más cerca de las calles y menos obstáculos arquitectónicos y geográficos haya alrededor de un espacio, mayor es la molestia percibida por las personas.
Para el académico UACh es clave “incorporar la dimensión sonora en la planificación e intervención urbana no solo mitigaría la exposición al ruido, sino que también tiene el potencial de crear o mantener espacios con paisajes sonoros favorables al bienestar mental de la población”.
Equipo multidisciplinario
Los co-investigadores de la propuesta son la Dra. Geraldine Herrmann de la Universidad de Chile, el Dr. Gastón Vergara del Instituto de Estadística y el Dr. Cristobal Heskia del Instituto de Neurociencias clínicas, ambos de la Universidad Austral, y los expertos internacionales Dr. Dietwald Gruehn de la TU Dortmund de Alemania, y la Dra. y Pauline Van den Berg de la TU Eindhoven, de Holanda.
El equipo técnico lo integran las arquitectas Mariana Estrada, Marta Moya y Constanza Jara. Además de la ingeniera acústica de la UACh Alexandra Astudillo y Gera Leal, estudiante de Artes Musicales y Sonoras de esta misma universidad.
El estudio comprobó que espacios verdes como platabandas, bandejones y pequeñas plazoletas pueden generar beneficios emocionales tan positivos como los que entrega un parque urbano desde la visualización y el contacto con la naturaleza.
Asimismo, los resultados del proyecto permiten proponer la necesidad de orientar inversión pública hacia este tipo de pequeños espacios verdes, cambiando la tendencia de los últimos años en Chile donde se ha priorizado el desarrollo de grandes parques urbanos.






