Informe País alerta: 62% de los humedales costeros perdidos y 20 mil ha menos de bosque al año

Documento elaborado en colaboración con la Cepal establece una síntesis de los progresos y retrocesos medioambientales en el país.

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La crisis ambiental afecta seriamente a Chile y al mundo. Cambio climático, sequía y escasez hídrica son algunas señales del difícil momento que vive la Tierra. Bajo este escenario, se presentó el Informe País “Estado del Medio Ambiente en Chile”,  elaborado por el Centro de Análisis en Políticas Públicas del Instituto de Asuntos Públicos de la U. de Chile, con la colaboración de la Cepal, la Utem e investigadores de distintas universidades. El documento dio a conocer la evolución y el actual estado del medioambiente en el país durante 2018, en todo el territorio nacional, con base en la biodiversidad, bosques nativos, bordes costeros, recursos marítimos, aire y suelos, entre otros.

Nicolo Gligo, académico del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile y director del estudio, es tajante. “La situación ambiental del país es muy negativa. Nuestro informe lo ratifica. El problema fundamental está en la conservación de nuestros bienes de la naturaleza, y específicamente en nuestros recursos naturales, en especial, los renovables. Cada día tenemos más suelo erosionado. El informe dice que solo el 9% de los suelos del país no posee algún grado de erosión, y la erosión severa y muy severa alcanza al 24%”.

Raúl Cordero, doctor de la Universidad Católica y académico de la Universidad de Santiago, señala que no solamente el país se ha visto afectado por algunos problemas medioambientales, sino que prácticamente todos los países del mundo. “En Chile, en la zona central, le ha pegado muy fuerte la escasez hídrica, es una zona que tiene tendencia a tener estrés hídrico y ahora la combinación de la baja de precipitaciones, con el cambio climático, además de la sequía, han hecho que crezca este fenómeno y haga que la situación en la zona central sea grave”.

“Las principales ciudades del país tienen altos indicadores de contaminación. Se maneja mal el agua que poseemos, en especial en esta época de megasequía y contaminamos lagos y ríos. Perdemos al año 20.000 ha de bosque nativo y degradamos otras 40.000. Además, 65% de las especies clasificadas se encuentran en peligro crítico, en peligro y vulnerables, y hemos perdido el 62% de los humedales costeros.  Los pasivos ambientales en minería son altos. Muchos asentamientos humanos, o parte de ellos, tienen serios problemas de calidad de vida muy ligada a la situación ambiental”, añade Gligo.

El informe detalla los efectos que ha tenido la falta de una estrategia integral, a través de la exportación de recursos naturales renovables y no renovables. Además, los efectos de la minería, el sector silvoagropecuario, la explotación de los recursos del mar y la industria, entre otros.

Sara Larraín, directora ejecutiva de Chile Sustentable, señala que la actual situación ambiental de Chile “es lamentable y preocupante por la grave degradacion  y destrucción ambiental, con las cuencas  y acuíferos más importantes del país sobrexplotados, además de degradación del borde costero y alta contaminación atmosférica que afecta al 80% de la población, donde destacan las ciudades afectadas por deficiente combustión de la leña y  las llamadas zonas de sacrificio afectadas por concentración industrial y termoeléctricas a carbón”.

“Hay una combinación de cosas, se ha avanzado muchísimo en la información y toma de conciencia de la gravedad de la situación, por otro lado, se ha avanzado mucho en términos de compromisos no formales, respecto a la mitigación del cambio climático. Se deben tomar medidas de mitigación y atacar las causas del cambio climático. Además, como van a haber efectos del cambio climático que no podremos evitar, hay que tomar medidas de adaptación. Queda mucho por mejorar”, señala Cordero.

El documento establece los efectos del cambio climático, definiéndolo como la principal macropresión física a la que se enfrenta el país, debido a altas temperaturas, precipitaciones, alteración de frecuencias de las marejadas, angostamiento de playas y disminución acelerada de los glaciares.

Por otra parte, la contaminación atmosférica es otro factor de riesgo, así como también las aguas continentales, recurso que muestra una tendencia a la disminución en el país. La propuesta es mejorar la gestión hídrica, trabajando con respecto a los derechos de agua y la institucionalidad vigente. 

“Otro desafío es la distribución equitativa de los bienes ambientales del país. Todos los chilenos deben tener acceso  a los bienes públicos, especialmente al agua, que constituye un derecho humano esencial y el derecho a vivir en un medio ambiente sano; además de acceso a los bienes naturales que aseguren su subsistencia“, establece Larraín.

En la zona central la actividad industrial, algunas fundiciones de cobre, centrales termoeléctricas, fuentes móviles y emisiones por combustión residencial de leña, se asocian a altas concentraciones de material particulado respirable MP10 y MP2,5 en el período otoño-invierno y contaminación fotoquímica ozono (O₃) en primavera-verano, señala el informe.

Cordero es claro, “no hay vuelta atrás, ni en los próximos 100 años, tal como está la situación no vamos revertir el daño causado, solo se puede frenar y que los índices se estabilicen, y la temperatura deje de subir, el nivel del mar y los vientos dejen de aumentar. Pero van a seguir al menos hasta mitad de siglo, alrededor de 2050”.

Los bosques nativos y suelos también se han visto afectados medioambientalmente. Pese a múltiples efuerzos, aún la tala, la ganadería, contaminación y sobrexplotación de recursos, siguen siendo enemigos activos. Aunque el análsis destaca la actualización de la Estrategia Nacional de Biodiversidad 2017-2030 y sus planes ante el cambio climático.  

Larraín tampoco ve con buenos ojos el futuro medioambiental, “se visualiza una perpetuación de la destrucción  ambiental por presión de los sectores productivos y extractivos. La crísis hídrica por sequía y sobreexplotación se agravará y la minería insiste en seguir expandiendo sus actividades en áreas de glaciares, destruyendo esas reservas hídricas estratégicas”.

Glilo aclara que aún falta trabajo por realizar, “no se ve un cambio en la estrategia y las políticas ambientales. La gran mayoría de las medidas tomadas tiene efectos marginales, y algunas carecen totalmente de eficacia. La tendencia negativa a corto y mediano plazo continuará cercenando la posibilidad de lograr un buen vivir para muchas poblaciones del país, e hipotecando el futuro”.

“Todos los índices medioambientales continuarán empeorando, al menos hasta mediados de siglo, hagamos lo que hagamos, porque existe el cambio cambio climático comprometido, que provoca que la temperatura global suba al menos medio grado más. Esto se debe a las emisiones de gases de efecto invernadero que ya hemos emitido”, establece el académico de la Usach.

En relación a los ecosistemas marinos y borde costero, un punto a considerar, señala el estudio,  son los humedales (existe un Proyecto de Ley al respecto), la sobreexplotación de la pesca y la erosión de las playas. En minería, se establece el impacto ambiental del uso de aguas y relaves (conjunto de desechos de procesos mineros), mientras que en el área energética, el informe destaca el aumento de uso de energías renovables no convencionales. 

El documenta agrega que en el período 1997-2019 se sometieron 17.201 proyectos al SEIA (Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental), representando una intención de inversión de casi 350 mil millones de dólares; 93% fueron aprobados; de estos, el 96% correspondieron a declaraciones de impacto ambiental (DIA).