En un contexto marcado por el cambio climático y la creciente congestión urbana, la movilidad sostenible se ha convertido en un eje clave para el desarrollo de las ciudades. En una entrevista con Codexverde, Ricardo Hurtubia, académico del Departamento de Ingeniería de Transporte y Logística de la Pontificia Universidad Católica e investigador principal del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (CEDEUS), opinó que este desafío no puede limitarse solo a ciertas especialidades, sino que debe incorporarse de manera transversal en la educación superior.
“Todas las carreras deberían abordar, al menos a un nivel básico, temas e información clave relacionada con la crisis climática”, afirma, destacando la importancia de que los estudiantes comprendan conceptos fundamentales como el rol del IPCC y las externalidades asociadas a los distintos modos de transporte.
El académico enfatiza que, si bien carreras como Ingeniería, Arquitectura, Planificación Urbana o Geografía tienen una responsabilidad directa, el abordaje de la movilidad sostenible debe ser necesariamente interdisciplinario. “Las ciudades son terriblemente relevantes para nuestras vidas, incluso si no vives en una, y son tanto la causa como posible solución de varios de los problemas que enfrentamos como sociedad.”, explica, subrayando que cada vez más disciplinas están incorporando esta mirada urbana en su quehacer académico.
Uno de los puntos centrales de la discusión actual es el enorme potencial de la movilidad activa (caminar, usar bicicleta o micromovilidad eléctrica). Hurtubia observa que, aunque históricamente estos modos han recibido poca atención, la tendencia está cambiando, especialmente en Europa. En Chile, si bien el avance ha sido más lento, el tema comienza a instalarse con fuerza en la agenda pública. “Municipalidades y gobiernos regionales ya no pueden ignorar la necesidad de avanzar en este sentido. Pueden oponerse, por supuesto, pero la inercia de la tendencia es grande y debería tener cada vez más relevancia”, señala el ingeniero industrial.
Más allá de la formación teórica, Hurtubia destaca el rol ejemplificador que pueden cumplir las universidades a través de su propia infraestructura. “Las instituciones deben proveer elementos básicos, como biciestacionamientos, y es muy deseable que implementen programas que permitan a la gente conocer el impacto de sus decisiones en movilidad o que derechamente incentiven a un mayor uso de la movilidad activa y el transporte público”.
En este sentido, Hurtubia se muestra crítico con los incentivos al uso del automóvil en las instituciones de educación: “Ofrecer estacionamientos para autos gratis o a precios artificialmente bajos, se termina transformando en un subsidio para los usuarios del auto. Esto, a costa de quienes llegan en modos más sostenibles y que no requieren tanto espacio”.
CEDEUS y el futuro de la movilidad sostenible
En el ámbito de la investigación, Hurtubia adelanta que el Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (CEDEUS), recientemente renovado por cinco años, continuará profundizando su trabajo en movilidad y accesibilidad. Las investigaciones para el período que se inicia “estarán orientadas a comprender cómo inducir patrones de movilidad urbana más sostenibles y justos, con un foco particular en el rol que juega el entorno construido en esto y preocupándonos también de entender mejor las necesidades de grupos que tradicionalmente se toman menos en cuenta a la hora de planificar las ciudades, como son los adultos mayores, niños y algunos grupos neurodivergentes”.
La visión del académico es clara: la movilidad sostenible no es solo un problema técnico, sino un desafío social, educativo y cultural que requiere la participación activa de las universidades y de múltiples disciplinas para transformar, de manera equitativa, la forma en que habitamos y nos movemos en las ciudades.






