Hospital Regional de Arica cuenta con un nuevo huerto terapéutico para tratar a pacientes

En el huerto se han desarrollado otras acciones como el cultivo de hierbas medicinales y cuidados para la conservación del picaflor. Además, se consiguió que el hospital produzca alimento orgánico.

La Iniciativa Conservación de Especies Amenazadas, junto a la ONG Colibrí, han trabajado en un huerto terapéutico para los pacientes de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Regional de Arica y su comunidad hospitalaria en general. Se trata de plantas nativas que recrean un ambiente virtuoso y sanador.

Paula Arévalo, coordinadora para la Región de Arica y Parinacota de la iniciativa Conservación de Especies Amenazadas, instancia ejecutada en Chile por el Ministerio del Medio Ambiente (MMA), implementada por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y financiada por el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF), comentó que a través del aporte y acuerdo interinstitucional con la ONG Huerto Colibrí, se ha podido trabajar en la difusión por la conservación, así como la educación ambiental y formación de colaboradores y más recientemente a través del valor incremental de sus instalaciones que permitirá beneficiar de mejor manera a más pacientes y profesionales del hospital.

El aporte consistió en la entrega de guías de apoyo del Programa de Educación Ambiental para sociedad civil, un kit de huerto educativo en el marco de la Red Regional de Huertos Educativos Picaflor de Arica, así como la habilitación y cierre del vivero del Huerto Colibrí de Arica en el hospital.

Para la doctora Ana Miles, jefa de la Unidad de Cuidados Paliativos, la iniciativa vino a entregar un refuerzo importante al trabajo que se venía desarrollando en el huerto que nació por una motivación de cercanía con el territorio y sus formas de vida.

“Como soy uruguaya y no tengo mucha historia en mi país con respecto a los pueblos originarios, comencé a enganchar con la población aymara a través de mi trabajo primero en la atención primaria, y luego en el hospital. Surgió la posibilidad de hacer un huerto, comencé a insistir con tener una farmacia viva, tener plantas medicinales de la zona e integrar el saber ancestral dela medicina aymara. De a poco empezamos a hacer cosas hasta que llegó la ONG Colibrí, y se logró hacer un invernadero y más proyectos. Con apoyo de la Iniciativa Conservación de Especies Amenazadas logramos hacer un sistema de riego, pues el desafío era lograr tener producto orgánico, que genere un cambio de conducta en nuestro entorno, tener una alimentación consciente”, sostuvo Miles.

La profesional explicó que en el huerto, y gracias a las capacitaciones que se han implementado, así como la incorporación de plantas nativas “comenzaron a aparecer picaflores, lo que para nosotros es muy simbólico ya que en la Unidad de Cuidados Paliativos nosotros atendemos pacientes al final de la vida, muchos se van físicamente, pero sus recuerdos quedan, y la leyenda nos habla de que quienes ya no están nos visitan como colibríes”.

Agregó que también en el huerto han desarrollado muchas acciones, desde el cultivo de hierba medicinales, así como los cuidados para la conservación del picaflor, y también el tema intercultural. Además, se consiguió que el hospital produzca alimento orgánico, pues buscamos la promoción y la prevención en salud, eso es para nosotros, algo muy importante”, dijo la doctora Miles. “El mayor valor es que este es un trabajo comunitario, no institucional”, destacó la profesional.

Martín Alave, intérprete intercultural aymara es uno de los voluntarios que participan de la Red de Huertos y, se mostró muy entusiasmado con lo que está sucediendo en el hospital. “Seguimos trabajando con o sin pandemia, nos hemos preocupado por mantener este espacio, también capacitándonos porque hay mucho que aprender. A través de esta instancia hemos aprendido sobre el tipo de especie a plantar, nos entregaron plantas que hemos reproducido con éxito, y hemos aprendido también a diferenciar los tipos de picaflor”, señaló.

Alave cuenta que la medicina de hierbas es muy relevante y tiene un uso ancestral para la cultura aymara, por lo que le pareció muy importante involucrarse en este huerto. “Ha sido muy bonito que llegue ahí el picaflor… me ha tocado estar trabajando en el huerto como voluntario y aparece el picaflor, especie que yo conocí en mi niñez cuando había más y se dejaba ver con frecuencia, ahora lo que estamos viendo aquí es único”.

En el huerto terapéutico se usa el método de la neuroeducación a través de los sentidos, mediante la estimulación y el contacto con la naturaleza y sus recursos. ”Hemos tenido una respuesta muy positivas de los pacientes y los trabajadores, hay terapia sicológica y también lo aprovechan las familias de los pacientes. El huerto es un lugar cómodo, armonioso y bonito para las terapias. Aportamos con la mantención del espacio, como ONG Colibrí y trabajamos con maceraciones de la planta kalanchoe para los pacientes con cáncer. Este espacio es un aporte, un ambiente natural que favorece el bienestar de todos, incluso muchos pacientes ya comienzan a cultivar. En un ambiente que recibe a los picaflores, como un integrante más”, explica Carolina Castillo, encargada del huerto e integrante de la directiva de la ONG Colibrí.

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