Estudio revela que bosques de huiro en Cabo Froward albergan al menos 238 grupos de especies

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En Cabo Froward, ubicado en el extremo sur del continente americano, las aguas del Estrecho de Magallanes resguardan un ecosistema cuya importancia para la biodiversidad comienza a conocerse con mayor detalle: los bosques de huiro o kelp (Macrocystis pyrifera), que funcionan como hábitat, fuente de alimentación y refugio para numerosas especies, desde la columna de agua hasta el fondo marino.

La magnitud de esta biodiversidad quedó registrada en una nueva investigación que, mediante dos campañas de terreno realizadas en primavera de 2024 y otoño de 2025, identificó 238 grupos de especies distintas o taxa en la zona muestreada de Cabo Froward. El registro incluye zooplancton, invertebrados bentónicos, macroalgas del sotobosque y peces, y supera lo observado en investigaciones anteriores realizadas en el sector.

El trabajo desarrollado por investigadores del Programa Marino de Rewilding Chile junto a especialistas de las Universidades de Valparaíso y Austral, quienes realizaron muestreos en doce estaciones distribuidas entre los sectores oeste, central y este de Cabo Froward.

Un ecosistema que sostiene una gran diversidad

Los bosques de Macrocystis pyrifera son ecosistemas estructurantes: generan refugio y condiciones para que numerosas especies puedan alimentarse, reproducirse y desarrollarse. Sin embargo, para dimensionar esta función ecológica era necesario determinar qué especies están asociadas a estos bosques, dónde se encuentran y cómo varían según la época del año y las características del lugar.

“Con esta expedición estamos relevando la desconocida biodiversidad marina de Cabo Froward de la manera más integral o completa posible, investigando en todos los diferentes ambientes desde la columna de agua hasta el fondo marino y comparando resultados entre estaciones de primavera y otoño”, comentó Mathias Hüne, director del Programa Marino de Fundación Rewilding Chile.

“Es la primera vez que se hace un levantamiento de cuántas especies se pueden asociar o habitan en los huirales o bosques de la macroalga parda Macrocystis pyrifera en el Estrecho de Magallanes”, agregó.

Para contabilizar las especies presentes, se realizaron transectos submarinos en los que buzos científicos censaron peces y fotografiaron cuadrantes del fondo marino para identificar a los invertebrados, como moluscos y equinodermos, además de las algas. También se hizo captura de zooplancton mediante red Bongo, junto con el registro de variables ambientales del agua como temperatura, salinidad y oxígeno disuelto.

El estudio arrojó que el zooplancton y las especies del fondo marino fueron los grupos taxonómicos más numerosos, a diferencia de los peces, con solo una decena de especies registradas, aunque entre ellas se encuentran algunas particularmente llamativas. Es el caso de una especie de pez dormilón del género Cottoperca, llamado así por los pescadores, y de especies de peces de la familia Zoarcidae, conocidas como morenitas.

Entre los invertebrados destaca además el registro de briozoos, organismos que se asientan sobre láminas de huiros o conchas y que pueden asemejarse a musgo, aunque en realidad corresponden a colonias formadas por cientos o miles de individuos.

Variaciones según la estación y el territorio

Los resultados también permitieron observar que la biodiversidad no se distribuye de manera uniforme en el área estudiada. El zooplancton mostró una marcada variación estacional, con una mayor riqueza durante la primavera, mientras que los invertebrados bentónicos se mantuvieron relativamente estables durante el año, aunque presentaron diferencias según el sector geográfico donde fueron observados.

El doctor en Oceanografía Mauricio Landaeta, de la Universidad de Valparaíso, destacó particularmente el sector occidental de Cabo Froward, identificado como un hotspot de biodiversidad y que “ya se reconoce como una zona importante de alimentación para mamíferos marinos”.

A su juicio, uno de los principales aportes del trabajo es comprender cómo varía la diversidad en los bosques de huiro.

“La incorporación de las comunidades de macroalgas y el análisis fino del zooplancton aumentaron el conocimiento sobre la estructura y dinámica del ecosistema asociado al huiro. Por otro lado, el estudio recién publicado representa un análisis crítico independiente, revisado por pares, que puede ser citado con confianza por los tomadores de decisiones en la propuesta de medidas de conservación”, subrayó.

La investigación, publicada en la revista Diversity, bajo el título “Structure and Spatio-Temporal Dynamics of Marine Communities Associated with the Kelp Forests at Cape Froward, Strait of Magellan”, contó con investigadores de Rewilding Chile, la Universidad de Valparaíso y la Universidad Austral de Chile.

Según Mathias Hüne, los resultados constituyen además una base de referencia para comparar futuros cambios en la distribución de las especies.

“Lo más importante es que entregan una base científica sólida para promover medidas de conservación en los bosques de kelp de la Patagonia austral, reconociendo su rol como reservorios de biodiversidad en el extremo sur de América”, indicó.

Los datos de esta investigación se encuentran disponibles a través del Sistema Global de Información sobre Biodiversidad (GBIF), administrado en Chile por el Ministerio del Medio Ambiente.

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