ACERA advierte que Chile aún no aprovecha todo su potencial de energías renovables

Aunque la electricidad representa cerca del 23% del consumo energético del país, los combustibles fósiles todavía concentran alrededor del 63%. En un escenario de rápida expansión de las energías renovables y el almacenamiento, el gremio plantea que uno de los principales desafíos es lograr que esa energía pueda ser aprovechada de manera más eficiente por hogares y sectores productivos.

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En 2025, Chile destinó US$12.266 millones a importar combustibles fósiles, una cifra que refleja la persistente dependencia del país de fuentes de energía externas, pese al crecimiento que han experimentado las energías renovables durante los últimos años.

La cifra fue uno de los antecedentes abordados por la Asociación Chilena de Energías Renovables y Almacenamiento (ACERA) durante el encuentro “Energía 2030: Del diagnóstico a la acción”, organizado por el Ministerio de Energía. La asociación planteó que Chile enfrenta una nueva etapa de su transición energética: no solo aumentar la generación renovable, sino también contar con las condiciones necesarias para aprovecharla en distintos sectores de la economía.

En 2025, la electricidad representó cerca del 23% del consumo energético del país, mientras que los combustibles fósiles todavía concentraron alrededor del 63%. Para ACERA, esta diferencia muestra que el potencial de las energías renovables va más allá de la matriz eléctrica y puede contribuir a reducir la dependencia de combustibles en áreas como transporte, industria, minería y usos térmicos.

En este contexto, la directora ejecutiva de ACERA, Ana Lía Rojas, integró el panel “Redes para crecer: Modernizar transmisión y distribución al ritmo que el país necesita”, donde presentó la mirada del gremio sobre las condiciones necesarias para avanzar desde el diagnóstico hacia la implementación.

Una economía que todavía depende de combustibles fósiles

Para ACERA, el punto de partida de esta discusión no está únicamente en la matriz eléctrica, sino en la factura energética del país. En 2025 Chile destinó US12.266 millones a importar combustibles fósiles, cifra que en 2022 había alcanzado los US$18.566 millones: cerca de tres puntos del PIB adicionales gastados ese año en combustibles importados.

Dentro de esa factura, la cadena de combustibles líquidos —crudo, diésel, gasolinas y gas licuado— explicó el 82% del total, unos US$10.047 millones en 2025, mientras que la exposición importadora directa del sistema eléctrico se ubicó en torno al 12%.

Desde esta perspectiva, el mayor potencial para reducir la dependencia de combustibles no estaría únicamente dentro del sistema eléctrico, sino en aumentar el uso de electricidad en actividades que actualmente dependen de combustibles fósiles, como el transporte, la industria, la minería y distintos usos térmicos.

«No podemos mirar solamente lo que ocurre en la matriz eléctrica. El siguiente desafío es ampliar la planificación hacia el sistema energético completo y conectar generación, almacenamiento, redes y nuevos consumos», señaló Ana Lía Rojas, Directora Ejecutiva de ACERA A.G.

El mismo desajuste aparece en los hogares. En un hogar tipo, la electricidad representa alrededor del 17% del gasto energético, mientras que el combustible del automóvil concentra cerca del 55%. Para el gremio, esto muestra que la discusión sobre el costo de la energía doméstica no puede limitarse a la tarifa eléctrica, ya que una parte importante del gasto de las familias continúa asociada a combustibles.

Esta mirada requiere considerar tanto la infraestructura futura como el uso más eficiente de la existente. El desafío ya no es solo cuánto puede generar Chile, sino cuánto de esa electricidad es capaz de transportar, almacenar y consumir en los momentos y lugares donde puede generar mayor valor.

Más generación renovable, pero no siempre se logra aprovechar

Uno de los ejemplos de esta tensión son los vertimientos de energía renovable, que alcanzan del orden de 6,2 TWh anuales, cerca del 7% de toda la generación del sistema.

La cifra evidencia una de las paradojas actuales del sistema energético chileno: existe energía renovable disponible que no logra ser aprovechada, mientras una parte importante de la economía continúa dependiendo de combustibles fósiles.

El gremio subrayó que el vertimiento es uno de los indicadores que puede mejorar sin inversión adicional en generación, ya que depende principalmente de la disponibilidad de transmisión, almacenamiento y de dónde se localice la demanda.

A ello se suma la rápida expansión del almacenamiento, con alrededor de 2,3 GW de baterías actualmente en operación y nuevos proyectos en pruebas y construcción que permitirían superar los 10 GW hacia 2028.

Ese despliegue sitúa a Chile entre los países que más rápidamente están incorporando almacenamiento para aprovechar la energía solar. Durante 2025, el país incorporó capacidad de baterías suficiente para trasladar a otras horas del día el 76% de la nueva generación solar de ese año, frente a un 53% en Australia y un 9% en la Unión Europea.

Para ACERA, estos antecedentes muestran que el desafío ya no está únicamente en aumentar la capacidad de almacenamiento, sino en contar con las redes y señales adecuadas para llevar esa energía hacia los lugares donde existe demanda y promover nuevos consumos eléctricos.

El gremio pidió además leer con cautela las cifras de 2025. Fue un año hidrológicamente adverso después de uno favorable: la hidroelectricidad cayó 6,2 TWh, la generación térmica del sistema subió 12,7% y el carbón 17%. El crecimiento renovable cubrió la mitad de esa caída. Ningún resultado de un solo año, planteó ACERA, debería leerse como tendencia.

«¿Cómo vinculamos este mercado de generación renovable y almacenamiento con este otro habilitador que son las redes, para que eso redunde en que los consumidores tengan mejores precios? Ese es el objetivo de esta industria. Tenemos que poner el foco en la electrificación, para dejar de consumir moléculas y consumir electrones», agregó la directora ejecutiva.

De las reformas pendientes a las decisiones posibles

ACERA planteó además que avanzar hacia la implementación requiere distinguir qué transformaciones necesitan modificaciones legales y cuáles pueden progresar mediante instrumentos regulatorios y administrativos ya disponibles, siempre dentro de las competencias de cada institución.

Durante su intervención, Ana Lía Rojas señaló que existen materias que pueden abordarse mediante resoluciones y ajustes regulatorios, e invitó a las autoridades a revisar las propuestas desarrolladas por el gremio para identificar aquellas medidas que pueden comenzar a implementarse utilizando las herramientas actualmente disponibles.

Otro desafío será lograr que los beneficios de la transformación que ya experimenta el mercado mayorista puedan trasladarse al consumidor final. En este ámbito, el almacenamiento puede desplazar energía entre distintas horas, aportar flexibilidad y contribuir a un uso más eficiente de las redes y de la generación disponible.

Para que estos atributos puedan ser aprovechados plenamente, será necesario continuar revisando las señales regulatorias y tarifarias, considerando además que el traspaso de las condiciones del mercado mayorista a la cuenta de los hogares opera con rezagos de varios años.

Chile ha construido una ventaja relevante en generación renovable y almacenamiento. El desafío de esta nueva etapa es lograr que esa capacidad se traduzca en un mayor aprovechamiento de la energía disponible, más inversión, competitividad y beneficios para consumidores y sectores productivos, articulando generación, redes, almacenamiento y demanda.

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