El informe Estado de Salida de los Combustibles Fósiles, elaborado por Uno Punto Cinco, analiza la evolución de la matriz energética chilena y del consumo de carbón, petróleo y gas natural entre los años 2000 y 2024, revelando el costo económico y la dependencia estructural que aún mantiene el país respecto de los combustibles fósiles.
Uno de los principales hallazgos del estudio es el alto gasto en importaciones energéticas, que supera los 12 mil millones de dólares anuales y que, de manera sostenida desde el año 2000, ha representado entre 3% y 8% del Producto Interno Bruto. Esta cifra posiciona a los combustibles fósiles como un factor estructural de presión económica para el país.
El informe también pone en tensión el relato del liderazgo chileno en energías renovables. Si bien hay importantes avances en el sistema eléctrico nacional que hoy cuenta con más de un 60% de generación renovable, al analizar el sistema energético en su conjunto, incluyendo transporte e industria, emerge una realidad distinta: la oferta de combustibles fósiles consumidos en 2024 es un 29% mayor que en el año 2000. El crecimiento de las energías renovables ha ocurrido en paralelo al aumento de la demanda energética total, sin desplazar de manera efectiva a los combustibles fósiles.
El análisis de las trayectorias del carbón, el petróleo y el gas natural muestra, además, una alta dependencia de proveedores externos, particularmente de países como Estados Unidos (~5.300 millones de dólares en 2025, principalmente diésel refinado), Argentina (~3.000 millones, gas natural) y Brasil (~2.100 millones, petróleo crudo). Esta concentración expone a Chile a la volatilidad de los mercados internacionales y a conflictos geopolíticos, afectando directamente su seguridad y soberanía energética.
Esta vulnerabilidad no es solo teórica, lo que se refleja en impactos concretos sobre la ciudadanía, como la crisis del gas entre 2004 y 2008, así como las alzas tarifarias asociadas a las reformas al MEPCO y a conflictos internacionales vinculados al petróleo, como los ocurridos en el Estrecho de Ormuz. Un impacto directo al bolsillo de las personas en la tarifa eléctrica y en el alza de los costos alimentarios.
Junto con el análisis de flujos energéticos, el estudio revisa los principales instrumentos de política pública del sector, entre ellos la Política Energética 2050, la Planificación Energética de Largo Plazo, el Plan de Descarbonización y distintos planes sectoriales. La revisión identifica un hallazgo transversal: la ausencia de un instrumento unificado que establezca una ruta clara y evaluable de salida de los combustibles fósiles. Si bien existen metas de descarbonización en distintos ámbitos, estas no conforman una estrategia integral de reducción de la demanda fósil.
Finalmente, el informe plantea un horizonte de oportunidades para el país. Chile tiene la posibilidad de demostrar que la expansión de las energías renovables puede traducirse en una reducción efectiva y medible del consumo de combustibles fósiles. No obstante, el estudio subraya que este resultado no depende únicamente de avances tecnológicos o nuevos proyectos, sino de una voluntad política explícita que oriente la transición energética más allá del sector eléctrico.





