Disponibilidad de agua en Chile ha disminuido hasta 37% en algunas zonas

Un equipo de especialistas de la Universidad de Chile y Universidad Católica, está trabajando en la actualización del Balance Hídrico Nacional, que data de 1987. Durante 2019 se emitirá el informa final.

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El 21 de abril de 2018, Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, estuvo al borde de quedarse sin una sola gota de agua, un punto que sus habitantes y autoridades habían denominado “Día Cero”. Pese a que la situación logró ser revertida, este casi colapso hídrico retrata la fragilidad de la disponibilidad de agua, un fenómeno que se replica en todo el planeta, incluyendo Chile. El problema es que en nuestro país, el El Balance Hídrico Nacional, catastro de cuánta disponibilidad de agua existe, data de 1987.

Por eso, actualmente  la Dirección General de Aguas (DGA) trabaja en el Proyecto de Actualización del Balance Hídrico Nacional para actualizar este registro, labor que encomendó a un consorcio compuesto por la Universidad Católica  y la Universidad de Chile, además del Centro Avanzado de Tecnología para la Minería (AMTC) y el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR)2, proyecto que considera la realización de cuatro informes.

El primero, que contempla la metodología para actualizar el catastro, fue entregado en 2017. Durante 2019 finalizarán los otros tres, que medirán el balance hídrico distribuido en tres macro zonas.

El segundo informe se hace cargo de la macro zona norte y centro; el tercero desarrolla la información de la zona sur y parte norte de la zona austral; y el cuarto trabaja la información de la parte faltante de la zona austral, completando de esta manera un balance actualizado de las 101 cuencas que existen en el país.

Para hacer una comparación inicial de los valores para la disponibilidad hídrica, y “para acreditar que la metodología fuera consistente, se consideraron cinco cuencas piloto representativas del territorio nacional”, explican desde la DGA.

Las cuencas elegidas fueron los ríos Loa, Choapa, Maipo, Imperial y Aysén. “La información del detalle de cada una de las cuencas, viene en los informes que se entregarán durante 2019″, agrega el organismo.

Sin embargo, las primeras mediciones arrojaron un déficit de la disponibilidad de agua en las zonas estudiadas de entre un 10 y un 37%.

El proyecto es liderado por Ximena Vargas, académica de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile. “Lo que se ha constatado en estaciones de medición de precipitación y temperatura es que, en general, hay disminuciones de la precipitación anual promedio y aumentos de la temperatura media anual”. Ello, explica, ha generado que en algunas estaciones de sectores costeros hayan disminuciones de la disponibilidad de agua. “Comparando los valores reportados para la disponibilidad hídrica (que datan de 1987), se obtienen cambios en la escorrentía (agua de lluvia que circula libremente por un terreno) media anual en torno a 10% y 37%“, señala.

Según Vargas, además del primer informe, publicado en 2017, el segundo de estos documentos, que abarca las cuencas de las macrozonas norte y centro está en proceso de corrección para empastar. “Actualmente se está realizando el tercer proyecto: Aplicación en cuencas de las macrozonas sur y extremo norte de la austral y aquí se han entregado dos informes preliminares. “La variación informada corresponde a lo realizado hasta ahora en cuencas de las macrozonas norte, centro, sur y extremo norte de la austral”, explica.

Roberto Rondanelli, ingeniero civil químico de la Universidad de Chile y experto en meteorología, forma parte de la investigación desde su comienzo en 2017. “En 1987 no había mucha conciencia de que la hidrología era muy cambiante. Para las precipitaciones hemos visto que hay una disminución en la zona centro-sur del país (entre Valparaíso y Aysén). De hecho, a partir de la latitud 50°S hay un aumento de lluvias. Estamos viviendo un período más bien seco, provocado de forma natural. Sin embargo existen factores antropogénicos, relacionados al cambio climático. Esa disminución es cuasi permanente, y no se puede revertir en el mediano plazo o largo plazo. A menos que no se reduzcan los niveles de C02 en la atmósfera”, advierte.

Este trabajo cobra valor, ya que también es fundamental saber la disponibilidad en las cuencas del país, para ejecutar políticas públicas y planificar nuevos proyectos, en medio de la discusión por el Código de Aguas y los efectos del cambio climático a nivel mundial.

Según la DGA, “la magnitud del déficit a nivel nacional se conocerá una vez que sea publicado el informe cuarto y final”, ya que actualmente se ha ido construyendo el balance por macro zona. Así, una vez terminada la macro zona austral se procederá a consolidar el reporte del balance hídrico nacional actualizado. Es importante destacar que la comparación es solo referencial, debido a las diferencias metodológicas “, dice la DGA.

“Sin perjuicio de lo señalado precedentemente, y en aquellas cuencas o sectores donde el déficit hídrico es evidente, la Dirección General de Aguas, se encuentra trabajando con medidas de corto y mediano plazo, estableciendo áreas de restricción y/o zonas de prohibición para la constitución de nuevos derechos subterráneos; decretando escasez para aquellas zonas que se encuentran bajo una situación de extrema sequía; ordenando la implementación de sistemas de control de extracciones; promoviendo la organización y funcionamiento de organizaciones de usuarios de aguas; fiscalizando extracciones irregulares; y, estudiando la determinación de reducción temporal de extracciones subterráneas”, acota la DGA.

Metodología de modelación

En el estudio, “se utilizan metodologías complejas de modelación y capacidad de supercómputo que no estaban disponibles hace 30 años para estimar, en primer lugar, las variables climáticas, principalmente precipitación y temperatura, a escala temporal trihoraria, durante todo el período 1985 a 2015, en celdas de aproximadamente 5km por 5km para todo el territorio nacional”, explica Vargas.

Luego, se mide la evapotranspiración y la escorrentía en cada celda de un conjunto de cuencas de las macrozonas norte, centro, sur y extremo norte de la austral, consideradas en régimen natural o con poca intervención, agrega Vargas.

Actualmente este proceso se lleva a cabo en cuencas de las macrozonas sur y extremo norte de la austral”, establece Vargas.

Los resultados anunciados contribuyen al análisis final de las 101 cuencas existentes en el país. “El primer informe generó información que podrá ser utilizada para el estudio y construcción de los planes estratégicos de gestión de recursos hídricos en cuencas. Dichos planes estratégicos de las 101 cuencas de Chile persigue un objetivo distinto al del balance hídrico, el cual es la gestión integral del os recursos hídricos”, establece la DGA.

Roberto Pizarro, ingeniero forestal de la Universidad de Chile e hidrólogo, por la Universidad Politécnica de Madrid, señala que era esperable que los balances a nivel de todas las cuencas dieran valores como los anunciados. “Hay un detalle muy concreto, somos un país en el que nuestro PIB se basa en riquezas naturales. La minería, lo forestal, la agricultura, todas estas actividades requieren agua. Si a eso le agregas turismo, aún más. Un dato importante, es que el agua representa al menos un 60% del PIB de Chile. Para tener una idea, la minería anda por el 12%. Es un recurso tremendamente valioso”.

Rondanelli establece que ha cambiado la estacionalidad del caudal, más agua en invierno y más sequía en verano. “Las áreas de nieve se han visto reducidas durante los últimos años, provocado por el aumento a la temperatura global.  Eso hace que se desestabilice el equilibrio del agua que se derrite versus la que cae. Disminuye en el área de nieve en las montañas por aumento en el la temperatura en altura. El cambio de estacionalidad en las zonas agrícolas provoca un cambio que puede ser preocupante. Ese efecto es particular de Chile y de los países andinos”.

El crecimiento económico del país va de la mano con el consumo de agua. “Del año 90 a la fecha nuestro PIB ha crecido unas tres veces, y el consumo de agua ha crecido en la misma proporción. Nosotros tenemos un consumo tres veces mayor y, por lo tanto, tenemos acoplado un crecimiento económico al consumo de agua. Si queremos seguir creciendo a ese nivel, ¿vamos a ser capaces de obtener toda el agua necesaria si ya estamos con problemas? No me extraña la cifra de la Universidad de Chile, porque ha habido un incremento en el consumo brutal. En este momento estamos en un escenario de incertidumbre climático, esto se refiere a variabilidad y cambio climático”, agrega Pizarro.

Pizarro señala que el problema es de consumo, de incertidumbre y variabilidad de cambio climático y un problema territorial. “Estamos un problema importante de conciencia ciudadana con respecto al tema. No tenemos conocimiento de lo que realmente ocurre en nuestro ecosistema. No tenemos claro que las aguas que pasan hoy, ni su origen o procedencia temporal. Un grave problema es que tal la disposición de los actores o recursos, que con cualquier mejora de uno de ellos, el otro se ve perjudicado”.