La grieta en el mapa del carbón

El informe Global Electricity Review de Ember ha certificado lo que muchos sospechábamos, pero necesitábamos ver en números: en 2025, las renovables (solar, eólica e hidroeléctrica) generaron por primera vez más electricidad que el carbón.

Las piedras del borde marino enmarcan el legado industrial que dejó la termoeléctrica, hoy inactiva pero aún presente. / Fotografía: Esteban David Contardo
Las piedras del borde marino enmarcan el legado industrial que dejó la termoeléctrica, hoy inactiva pero aún presente. / Fotografía: Esteban David Contardo

Hace cien años, el mundo salía de una guerra que había sido, en buena medida, una contienda de carbón. Buques, trenes y fábricas funcionaban gracias al mineral negro que entonces era el rey indiscutible de la energía. En 1919, por un breve instante, las grandes represas hidroeléctricas lograron superarlo. Después, el carbón recuperó su trono y lo mantuvo durante un siglo. Hasta ahora.

María Luisa Valenzuela, directora Magíster en Economía Circular Industrial de la Universidad Autónoma

El informe Global Electricity Review de Ember ha certificado lo que muchos sospechábamos, pero necesitábamos ver en números: en 2025, las renovables (solar, eólica e hidroeléctrica) generaron por primera vez más electricidad que el carbón. Un 33,8% frente a un 33%. El margen es exiguo, pero el símbolo es enorme. Porque no se trata de un esprint, sino de un cambio de fondo. Como dice Nicolas Fulghum, uno de los autores, «el rápido crecimiento de la solar y la eólica hace que este hito sea muy probablemente permanente».

Lo notable es que ha ocurrido mientras la demanda eléctrica mundial seguía creciendo. Es decir, no es que hayamos apagado la luz. Es que la nueva luz que encendemos ya no es negra. El pasado año, el 75% de todo el aumento de la demanda se cubrió con energía solar. El gas, el único fósil que aún creció, lo hizo a un ritmo 18 veces menor.

Hay, sin embargo, un pero mayúsculo. El mapa de Ember muestra una mancha oscura: Asia. Es la única región del mundo donde el carbón sigue mandando sobre las renovables. China e India, los dos gigantes demográficos y económicos, aún queman toneladas de carbón para sostener su desarrollo. Pero incluso allí soplan vientos de cambio. La AIE apunta que las emisiones de China cayeron en 2024, y las de India se estabilizaron por primera vez desde los años setenta, gracias al empuje renovable.

El otro dato que merece una reflexión aparte es el del almacenamiento. Porque las renovables tienen un problema: el sol no brilla de noche ni el aire sopla siempre. Durante años, ese fue el argumento favorito de los escépticos. Pero la tecnología está respondiendo. En 2025, los costos de las baterías cayeron un 45%. Ya hay suficiente almacenamiento en el mundo para desplazar el 14% de la energía solar a las horas sin sol. Algo que parecía ciencia ficción hace una década empieza a ser realidad cotidiana.

La lección final no es solo técnica, sino política. Como recuerda el informe, en cuatro años hemos vivido dos grandes crisis energéticas vinculadas a guerras (Ucrania y Medio Oriente). Los países que más rápido desplegaron renovables, como España, sufrieron mucho menos la volatilidad de los precios del gas que otros, como Italia, que fueron más lentos. La independencia energética no se consigue con discursos, sino con paneles solares y aerogeneradores.

El carbón no ha desaparecido. Pero por primera vez en un siglo, ha mirado hacia arriba y ha visto que quien viene por detrás ya no es un rival menor. Es el futuro. Y el futuro, esta vez, parece que ha llegado para quedarse.

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