Nuevos valores para una transición energética justa

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Por Arianne van Andel, eco-teóloga de la Mesa Ciudadana sobre Cambio Climático.


Chile es un país que basa su matriz eléctrica principalmente en combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas). Sin embargo, por sus características geográficas, tiene grandes posibilidades de cambiar su matriz y migrar hacia energías renovables no convencionales (ERNC) entre ellas: solar, eólica, de biomasa y geotérmica. Esto es una buena noticia, ya que los combustibles fósiles son altamente contaminantes, caros, dañinos para la salud, y generan grandes volúmenes de gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático.

La transición hacia las ERNC en el mundo está en marcha y con una velocidad alentadora; países como China han decidido impulsar su desarrollo en esta dirección. En Chile el cambio va más rápido de lo que se había previsto hace algunos años. Justamente a partir de esta tendencia, la Mesa Ciudadana sobre Cambio Climático -plataforma compuesta por diversas organizaciones y personas de la sociedad civil- levantó la campaña: “Chile 100% ERNC al 2050”, con la convicción de que es posible llegar al 2050 con un 100% de la matriz eléctrica abastecida por ERNC, una meta más ambiciosa que la que propuso el Gobierno.

La pregunta que nos hacemos es cómo empoderar a la sociedad para poder generar una mayor motivación hacia la transición energética. En el ámbito empresarial se analizan los valuechains o cadenas de valores (o de suministro). En las comunidades de fe y grupos religiosos tomamos otro punto de partida: los value changes o cambios de valores, éticos y espirituales, necesarios para motivar otro paradigma de desarrollo, que respete los límites del planeta y que pueda transformar el individualismo, el consumismo, el afán de lucro, la avaricia y apatía, características propias del sistema socio-económico en que vivimos.

En este sentido el filósofo Riechmann ha dicho que necesitamos convicciones fuertes para poder hacer el cambio de nuestro modelo lo suficientemente rápido para salvarnos. Necesitamos gente convencida, que esté dispuesta a dedicar su vida a este fin. Desde esa perspectiva trabajamos con las comunidades de fe, porque creemos que desde nuestras narrativas espirituales podemos aportar a la generación de un cambio cultural y espiritual, necesario para que el cambio económico y tecnológico sea también  ético y humano.

Desde GreenFaith, la Coalición Ecuménica por el Cuidado de la Creación Chile, y otras redes cristianas e interreligiosas preocupadas por el tema, estamos convencidos que es urgente el cambio que tenemos por delante y que este no puede ser exitoso si sólo trabajamos en soluciones técnicas. Una transición económica hacia otro modelo de desarrollo debe ser acompañada por un cambio más profundo, que nos re-vincule con “ser parte de la tierra” y con la convicción de que somos una sola humanidad, parte de una interdependencia con otros seres humanos y el resto de la comunidad de vida.

Desde esta perspectiva interpretamos una transición energética justa como la búsqueda de un modelo energético que no se rige solamente por principios de mercado. El Papa Francisco escribe en Laudato Si’: “En toda discusión acerca de un emprendimiento, una serie de preguntas deberían plantearse en orden de discernir si aportará a un verdadero desarrollo integral: ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿De qué manera? ¿Para quién? ¿Cuáles son los riesgos? ¿A qué costo? ¿Quién paga los costos y como lo hará?” (LS 185).

Para que una transición energética sea justa, estas preguntas son esenciales. La respuesta muchas veces parece obvia, pero no lo es. Desde organismos públicos y desde las empresas en Chile responden muchas veces que la razón es “Para que no tengamos cortes de luz, para que no importemos más energía desde Argentina, para que la minería siga funcionando, para que nuestra economía siga competitiva, porque ahora las ERNC tienen buen precio”.

Con este discurso podemos estar seguros que va a haber una transición, pero no necesariamente justa. Hasta ahora los sistemas de mercado no han creado un sistema energético justo, y es por esto que necesitamos un cambio de valores en nuestros criterios. Una transición energética sólo puede ser justa si en el para qué asumimos que el modelo energético que tenemos ahora es desigual e injusto frente a muchas comunidades, especialmente frente a mujeres y niños y a los pueblos indígenas. En el para qué tenemos que hablar de salud, genero, empleo digno, educación, y sobre todo de nuestro deseo profundo de que nosotros y las generaciones venideras pueden seguir viviendo en este planeta bajo condiciones dignas.