Aluvión en Las Condes: advierten que incendios forestales y cambio climático obligan a repensar la gestión del riesgo 

Pablo López, investigador del Centro UC Observatorio de la Costa, explica cómo las lluvias intensas pueden desencadenar flujos aluvionales y por qué las alteraciones del territorio, como la pérdida de vegetación tras un incendio, deben incorporarse a los modelos de prevención. El especialista plantea avanzar hacia evaluaciones dinámicas que consideren las interacciones entre distintas amenazas y las proyecciones climáticas.

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Créditos: Radio Insular

El reciente aluvión que afectó a la comuna de Las Condes, en el sector oriente de Santiago, dejando personas lesionadas, vehículos arrastrados y viviendas inundadas, volvió a poner en evidencia los riesgos asociados a las precipitaciones intensas en zonas cordilleranas. El fenómeno, descrito por el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) como una crecida repentina de agua con arrastre de sedimentos, plantea interrogantes sobre los factores que pueden agravar estos eventos y la capacidad de anticiparlos. 

Para el Dr. Pablo López, ingeniero civil e investigador asociado del Centro UC Observatorio de la Costa, comprender estos fenómenos requiere analizar no sólo la intensidad de las precipitaciones, sino también las condiciones del terreno y las transformaciones que ha experimentado previamente. 

El especialista explica que las lluvias intensas pueden superar la capacidad del suelo para absorber agua, generando escorrentía superficial que desciende por las laderas y quebradas. Cuando este flujo adquiere suficiente velocidad y fuerza, comienza a incorporar sedimentos y otros materiales, modificando sus características. 

“Una inundación repentina puede comenzar como un flujo de agua con gran velocidad y altura. Estas condiciones favorecen el arrastre de sedimentos desde las laderas, que se van incorporando al flujo y modifican sus propiedades. A medida que aumenta la concentración de material, puede transformarse en un flujo de barro o de detritos, con una capacidad de destrucción mucho mayor”, explica López. 

Este proceso permite comprender cómo una crecida rápida, conocida técnicamente como flash flood, puede evolucionar hacia un fenómeno aluvional. Sin embargo, la magnitud de sus efectos depende también de factores como la pendiente, la disponibilidad de sedimentos y las condiciones previas del suelo. 

Incendios forestales

Uno de los aspectos relevantes para analizar lo ocurrido en Las Condes es el efecto de los incendios forestales registrados previamente en sectores cordilleranos de la comuna. De acuerdo con antecedentes difundidos públicamente, durante junio de 2026 ya se había advertido sobre el aumento del riesgo aluvional asociado a la pérdida de vegetación provocada por estos incendios. 

Según López, los incendios pueden modificar significativamente la respuesta de una quebrada frente a precipitaciones posteriores, incluso cuando el fuego ya ha sido controlado. “Un incendio forestal genera una perturbación importante en el territorio, porque elimina parte de la vegetación y deja el suelo más expuesto a la erosión. Esto modifica las condiciones de susceptibilidad que pudieron haberse evaluado anteriormente y aumenta la posibilidad de que una lluvia posterior desencadene un flujo aluvional”, señala el investigador. 

El especialista explica que esta relación evidencia una de las principales dificultades de la gestión del riesgo de desastres: la tendencia a evaluar las amenazas de manera independiente, sin considerar cómo un evento puede modificar las condiciones que favorecen la ocurrencia de otro. 

“Muchas veces evaluamos las amenazas de forma aislada, pero el territorio está cambiando constantemente. Un incendio forestal puede alterar las condiciones de una quebrada y hacer que un sector que antes presentaba cierta susceptibilidad tenga una respuesta diferente frente a las precipitaciones. Por eso, los mapas de amenazas deben actualizarse considerando estas transformaciones”, advierte. 

De esta manera, los incendios forestales no solo representan un riesgo durante su ocurrencia, sino que también pueden generar condiciones que incrementen la vulnerabilidad del territorio frente a futuros eventos de remoción en masa y flujos aluvionales. Aunque determinar el papel específico de los incendios en el reciente aluvión requiere estudios técnicos del sector afectado, su influencia sobre la erosión y la disponibilidad de sedimentos constituye un factor relevante para evaluar este tipo de amenazas. 

Cambio climático 

Para el investigador del Centro UC Observatorio de la Costa, otro desafío importante es la manera en que se elaboran los mapas de amenazas y los modelos utilizados para anticipar estos fenómenos. Tradicionalmente, estas evaluaciones se han apoyado en registros históricos de precipitaciones y eventos anteriores. Sin embargo, el especialista advierte que las condiciones que desencadenaron un aluvión en el pasado no necesariamente serán las mismas que determinarán su ocurrencia en el futuro. 

“Hoy existe una incertidumbre importante respecto de cómo se comportará el clima y cómo serán las precipitaciones en los próximos años. Las condiciones que desencadenan estos fenómenos están cambiando, por lo que utilizar exclusivamente registros históricos ya no es suficiente para evaluar adecuadamente las amenazas futuras”, explica López. 

En este contexto, plantea la necesidad de avanzar hacia modelos dinámicos, capaces de incorporar tanto las proyecciones climáticas como las transformaciones del territorio y las interacciones entre distintas amenazas. “Necesitamos cambiar la forma en que evaluamos el riesgo. No podemos seguir considerando únicamente lo que ocurrió en el pasado, sino que debemos incorporar proyecciones climáticas y entender cómo interactúan fenómenos como los incendios forestales y las lluvias intensas. 

Esa información es fundamental para tomar mejores decisiones y anticiparnos a futuros desastres”, sostiene. Este enfoque permitiría desarrollar evaluaciones más ajustadas a las condiciones cambiantes de las cuencas y quebradas, entregando mejores antecedentes para la planificación territorial, el diseño de obras de protección y las estrategias de prevención. 

El aluvión de Las Condes vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de abordar el riesgo de desastres desde una perspectiva integral. Más allá de las precipitaciones que desencadenan estos eventos, comprender cómo los incendios, la urbanización y el cambio climático modifican las condiciones del territorio resulta fundamental para fortalecer la prevención y reducir sus consecuencias sobre las comunidades.

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