Cuando el mar llega hasta la puerta: sistemas frontales en Arauco vuelven a poner en alerta la fragilidad de la costa 

En Curaquilla, sector costero de la comuna de Arauco, Ignacio Fernández ha visto cómo el mar se aproxima cada vez más a su vivienda. La erosión costera, la transformación de humedales y la ocupación de terrenos bajos se combinan en una zona donde los procesos naturales de la costa están estrechamente vinculados con el riesgo que enfrentan sus habitantes. Investigadores del Centro UC Observatorio de la Costa advierten que este caso evidencia la necesidad de avanzar hacia una gestión integrada de la zona costera.

Cedida por periodista Ricardo Acevedo Zalaquett.

El mar está cada vez más cerca de la casa de Ignacio Fernández. En el sector de Curaquilla, entre Arauco y Tubul, la distancia que alguna vez separó su vivienda de la línea de costa se ha reducido de manera evidente. Hoy, después de los recientes sistemas frontales y de años de transformación del entorno, el océano prácticamente llega hasta la puerta de su casa. 

La situación no es nueva para Fernández. Su vivienda fue construida sobre un palafito, a más de dos metros de altura en este sector. Según relata, las alertas ya habían comenzado a encenderse para su familia después de un temporal ocurrido el 31 de julio de 2024, cuando el mar avanzó sobre su terreno y erosionó aproximadamente 10 metros de playa, dejando un corte pronunciado en la arena. 

Ahora, los recientes sistemas frontales y las marejadas que han afectado al país vuelven a poner la atención sobre la zona. Durante julio de 2026, la provincia de Arauco ha enfrentado importantes precipitaciones y marejadas, con viviendas afectadas por inundaciones en distintos sectores de la provincia. Para Fernández, el problema se relaciona además con la transformación del humedal ubicado junto a su propiedad. 

Según explica, particulares han rellenado y bloqueado sectores del humedal de Curaquilla, afectando -según su testimonio- el funcionamiento natural del ecosistema y aumentando la exposición de las viviendas frente a eventos extremos. “Antes el humedal era como una esponja. Cuando ocurrió el maremoto de 2010, el agua entró y después pudo salir por las desembocaduras. Hoy esa vía de descarga está bloqueada”, sostiene Fernández, quien reclama que el sector sea recuperado y que se adopten medidas para reducir el riesgo que enfrenta su vivienda. 

Una costa que cambia 

La historia de Curaquilla no puede entenderse solamente a partir de lo ocurrido durante los últimos temporales. La configuración actual de esta parte del Golfo de Arauco es también el resultado de procesos geológicos que se desarrollan durante décadas y siglos. El Dr. Cristian Araya-Cornejo, investigador que ha estudiado la evolución geomorfológica del Golfo de Arauco, explica que el terremoto de magnitud 8,8 de 2010 produjo un levantamiento del territorio costero que modificó temporalmente la configuración de playas, humedales y planicies estuariales. 

Su investigación doctoral, “Evolución geomorfológica holocena del Golfo de Arauco en un contexto de ciclo sísmico y cambio climático”, desarrollada bajo la dirección de la Dra. Carolina Martínez, académica del Instituto de Geografía UC y directora del Centro UC Observatorio de la Costa, estudió precisamente la historia geomorfológica de la zona y el rol de los ciclos sísmicos y los cambios climáticos en el modelado de este territorio costero. 

La investigación utilizó herramientas como imágenes satelitales para reconstruir distintas etapas de evolución de la costa. “Después del terremoto de 2010 se produjo un levantamiento de la costa que permitió que la playa se ampliara considerablemente. Sobre esos terrenos que quedaron expuestos comenzaron posteriormente a desarrollarse la construcción de viviendas”, explica Araya. Sin embargo, de acuerdo con los antecedentes analizados por Araya, el sector presenta actualmente un proceso de subsidencia o hundimiento intersísmico del orden de 16 milímetros por año. 

Esto significa que, con el paso de las décadas, estas zonas bajas pueden quedar nuevamente más expuestas a inundaciones y al avance del mar. “Estamos hablando de terrenos que corresponden a antiguas planicies estuariales, es decir, espacios que en el pasado reciente estuvieron ocupados por el mar. Por eso son terrenos naturalmente bajos y dinámicos, donde cualquier cambio en el nivel del mar, en la morfología de la playa o en la frecuencia e intensidad de eventos extremos puede modificar rápidamente las condiciones de exposición”, señala el investigador. 

A estos procesos se suman los cambios provocados por las marejadas en los últimos años, los que sumados a los efectos del crecimiento urbano, la alteración del drenaje local (ríos y esteros) y proliferación de loteos prediales en áreas rurales del Golfo de Arauco, han incidido en altas tasas de erosión costera, que de acuerdo a datos aportados por el proyecto Fondecyt 1241922 de la Dra. Carolina Martínez, el litoral arenoso de Arauco-Laraquete ha pasado de retrocesos de -0,14 m/año entre 1992 y 2021 a -0,89 m/año entre 1992 y 2025.

Protección natural 

En este contexto, la transformación de los humedales costeros adquiere especial relevancia. Estos ecosistemas forman parte de sistemas costeros dinámicos y cumplen funciones que pueden contribuir a amortiguar inundaciones y almacenar temporalmente agua durante determinados eventos. El relleno o intervención de estos ambientes puede alterar los flujos de agua y sedimentos y modificar las condiciones geomorfológicas del entorno. 

Sin embargo, determinar la responsabilidad específica de una intervención particular sobre la erosión observada en Curaquilla requiere estudios técnicos que permitan establecer esa relación. Lo que sí muestra el caso es la vulnerabilidad que se genera cuando la ocupación urbana avanza sobre territorios cuya dinámica natural no ha sido considerada adecuadamente. “La costa es un sistema, y como tal, requiere una comprensión holística que permita proteger sus ecosistemas vulnerables, reducir el riesgo de la población y orientar un desarrollo realmente sostenible”, ha señalado Carolina Martínez, directora del Centro UC Observatorio de la Costa. 

Según explica Martínez, el caso de Ignacio Fernández representa mucho más que el problema particular de una vivienda amenazada por la erosión. Es la expresión local de un desafío que se repite en distintos puntos del litoral chileno: cómo ocupar y desarrollar la zona costera sin desconocer que se trata de un territorio dinámico, condicionado por terremotos, cambios en el nivel del mar, marejadas, precipitaciones extremas y procesos naturales de erosión y sedimentación. 

En Curaquilla confluyen además varias de estas condiciones: terrenos bajos, una costa modificada por el ciclo sísmico, procesos de erosión y una creciente exposición a eventos extremos. “A ello se suma la transformación de ecosistemas que históricamente han formado parte del funcionamiento natural de la zona. Los recientes sistemas frontales y la concatenación de los eventos extremos de marejadas y ríos atmosféricos han vuelto a demostrar que el riesgo no depende únicamente de la intensidad de un evento meteorológico. También hay una construcción social del riesgo del cual aún no nos hacemos cargo como sociedad y Estado”, recalca Carolina Martínez. 

Los investigadores del Centro UC Observatorio de la Costa destacan que casos como el de Curaquilla refuerzan la necesidad de avanzar hacia una Ley de Costas que promueva la gestión integrada considerando la fragilidad de los ecosistemas de playas y humedales. La experiencia de Arauco deja así una pregunta que trasciende a una sola vivienda: ¿qué ocurre cuando construimos sobre un territorio que continúa cambiando y, al mismo tiempo, intervenimos los ecosistemas que nos cuidan y ayudan a amortiguar sus impactos frente a la incertidumbre del cambio climático?

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