En el marco del Día Mundial de las Ballenas, organizaciones hacen un llamado a la protección de estos cetáceos, claves para la salud de los océanos y del planeta, gracias a sus tremendos aportes ecosistémicos tanto fertilizando los océanos como reteniendo grandes cantidades de carbono en sus cuerpos.
Debido a nuestra ubicación privilegiada, Chile constituye uno de los principales corredores migratorios para las ballenas en el mundo: nuestro país conecta las cálidas costas de Colombia, Ecuador y Perú —fundamentales para la reproducción de estos mamíferos— con los fríos mares de la Patagonia y la Antártica, que funcionan como zonas de alimentación y refugio, convirtiendo a nuestros mares en espacios fundamentales en sus migraciones, particularmente el Golfo Corcovado, entre las regiones de Los Lagos y Aysén; la Región de Magallanes (en especial el Parque Marino Francisco Coloane), y el archipiélago del Pingüino de Humboldt, ubicado entre las regiones de Atacama y Coquimbo.
Silvana Espinosa, experta en Ecosistemas y Clima de Greenpeace, explica que, en estas zonas, es posible avistar con frecuencia especies como la ballena sei, jorobada, azul y franca austral, las que acuden a estas zonas atraídas por la extraordinaria riqueza biológica de sus mares, gracias a la corriente de Humboldt y la surgencia costera (un fenómeno oceanográfico que permite que aguas profundas, frías y ricas en nutrientes, asciendan a la superficie), lo que repleta estos espacios con krill, pequeños peces y crustáceos, claves en la alimentación de estos cetáceos.
Sin embargo, la especialista de Greenpeace advierte que producto de una mayor actividad marítima industrial, nuestro país no es un paso seguro para estos animales: “Mientras en la Patagonia se han encontrado ballenas muertas producto de la colisión con embarcaciones o por enredamiento en redes de la salmonicultura, en el norte de nuestro país, particularmente en el Archipiélago de Humboldt, vemos cómo la intención de desarrollar un proyecto minero portuario podría amenazar gravemente su tránsito por esta zona, un hotspot de la biodiversidad por sus particulares características que lo convierten en un paraíso para las especies marinas y costeras”, asegura Espinosa.
En este sentido, la vocera de Greenpeace recuerda las querellas que interpuso la organización ambientalista contra quienes resulten responsables por la muerte de dos ballenas jorobadas jóvenes en el Parque Nacional San Rafael (Región de Aysén) y en la Reserva Nacional Kawésqar, en Magallanes. Estas investigaciones, que continúan avanzando en los tribunales correspondientes, determinaron que la causa de muerte del primer ejemplar se debió a un enmalle con redes de pesca o líneas de fondeo, asociado a actividades de acuicultura, mientras que en el caso de la ballena encontrada en Magallanes, el estudio determinó como causa más probable el impacto con una embarcación.
Cabe recordar que un estudio publicado por Marine Policy en 2025 reveló que Chile registra la mayor tasa de mortalidad de ballenas por causa de colisiones con embarcaciones, con un 28% de las muertes de ballenas atribuidas a esa razón, seguido por enmallamientos (7%) y depredación natural (3%). “Nos parece que es grave que, conociendo esta realidad, algunas autoridades continúen defendiendo y apoyando proyectos que pueden poner en mayor riesgo el hábitat y rutas migratorias tanto de estos cetáceos como de cientos de otras especies, como ocurre en el caso de Dominga, un proyecto minero portuario que generaría un intenso tráfico marítimo y contaminación acústica que podría alterar el comportamiento natural de los cetáceos”, alerta Espinosa.






